Ocho meses han pasado desde que el SARS-Cov-2 entró a nuestro país para encender las alarmas que debimos haber atendido a tiempo. El nuevo virus y en consecuencia las crisis de salud y económica por la que todos atravesamos vino a recordarnos lo vulnerables que somos.

Uno de cada diez mexicanos padece Diabetes Mellitus tipo 2, mientras que en la Ciudad de México llegamos al 14% de la población. Siete de cada diez camas en el sistema público de salud están ocupadas por personas que sufren esta terrible enfermedad.

En las últimas décadas los mexicanos han manifestado una transición epidemiológica.

Las  enfermedades crónico-degenerativas han desplazado a las infecciosas como principales causas de mortalidad. La diabetes es la primera causa de muerte al año en México, con cerca de 10 millones.

El 71% de las personas diagnosticadas con diabetes en la capital no tienen un control apropiado de su glucosa, a pesar de que ya iniciaron tratamiento; el ritmo de vida interfiere en la adecuada alimentación combinada con la actividad física necesaria.

La Ciudad de México claramente tiene muchos más hospitales y clínicas familiares que cualquiera otra entidad de la república, aún así, alcaldías como Cuajimalpa carecen de Hospital General y de suficientes clínicas de primer contacto. La mayoría de las enfermedades crónicas deben atenderse en las clínicas familiares para evitar complicaciones y posteriores ingresos a los hospitales.

La pandemia causada por el Covid-19 terminó de saturar nuestro sistema de salud, y aunque se han estabilizado los brotes aún queda mucho por hacer.

Los integrantes del Colectivo Cuajimalpa han trabajado desde hace tiempo para mejorar la calidad de vida de los habitantes de esta demarcación. La alimentación y la salud han sido sus objetivos principales.

En recientes días, estos esfuerzos se vieron reflejados en la Unidad Clínica Cuajimalpa que abrió sus puertas para atender a vecinas y vecinos sin ningún costo. Médicos y enfermeras, profesionistas dedicados y dispuestos a trabajar para disminuir la carga tan grande que recientemente ha abrumado a la Secretaría de Salud capitalina.

Desafortunadamente no todos compartimos la visión comunitaria y la verdadera vocación de servicio. Algunas autoridades demostraron sus intereses meramente electorales sin preocuparse por la gente que necesita de un servicio médico eficiente que le permita recuperar la salud.

El alcalde de Cuajimalpa, por ejemplo, ordenó una verificación no sólo inusual sino por encima del derecho administrativo que cualquier establecimiento posee en este país, y clausuró sin previo aviso la Unidad Médica del Colectivo dejando sin consultas y medicamentos a cientos de vecinos previamente registrados.

Surge entonces la necesidad de organizarnos como sociedad civil para evitar más atropellos y exigir que las autoridades trabajen en beneficio de la población y no de sus intereses personales o de grupo.

Es necesario también pensar que participar en la política y estar enterados de la actuación de las autoridades resulta un acto de responsabilidad social. No se trata de descalificar por descalificar a los actuales funcionarios, de ninguna manera, sino de velar por el bien de nuestra comunidad y de apoyar a quienes verdaderamente nos apoyen.