"Es la economía, estúpido", es una frase que fue utilizada como eslogan no oficial de campaña no oficial por Bill Clinton en las elecciones de 1992. La expresión englobaba bien la estrategia de campaña y el mensaje del entonces candidato, centrarse en los problemas y preocupaciones cotidianas de los estadounidenses: el empleo y el porvenir doméstico. Clinton creció en preferencias hasta rebasar al presidente (entonces candidato favorito) George Bush padre, ganando las elecciones de ese año.

En México, ante una grave crisis económica derivada de una pandemia mundial y con las elecciones intermedias en puerta, vale la pena reflexionar sobre el tema. La economía domestica, el bienestar de las familias mexicanas seguro será el tema de las  campañas 2021 y es hoy prioridad de los Gobiernos en los tres niveles.

Primero, dejemos algo en claro, la crisis es global no fue generada por causas nacionales y , todos los países del mundo la están sufriendo . El acceso a la información sin precedentes con el que cuentan los electores, será la perdición de quien pretenda centrar su discurso en culpar al actual Gobierno del problema. Quienes lo están haciendo ahora deberían revisar su lugar en las encuestas, no les esta funcionando.

No, la voluntad de los electores tendrán que ser las propuestas centradas en generar mejores condiciones de desarrollo y la confianza de que puedan realizarse. Quien escoja esta ruta tendrá mejores condiciones para competir y abonará a resolver el reto mas importante que hoy tienen nuestro país y ciudad, el económico.

Y permítanme matizar lo anterior, porque no sólo se trata de quien se presente con un mejor dominio de las cifras y los tecnicismos, muchos tecnócratas han tenido la oportunidad en el pasado y han entregado malos resultados. Tampoco depende de quién tiene las mejores relaciones o prestigio entre los empresarios y por ende pueda prometer grandes inversiones, de ellos ya tuvimos muchos y sólo terminaron beneficiándose a sí mismos y a sus amigos. Se requieren candidatos que conozcan de los temas, pero, sobre todo, que entiendan a México y su realidad cotidiana. O, mejor dicho, los muchos Méxicos y sus múltiples realidades.

Sobre las propuestas y posteriores políticas públicas, al país le urge consolidarse como un destino atractivo para la inversión en un mundo altamente competitivo, sobre todo después de la pandemia. Esta necesidad innegable, convive con una exigencia histórica que urge atender, mitigar la desigualdad a través de un crecimiento con beneficios tangibles para todos. Y no sólo porque es lo justo, sino porque también es una condición necesaria para atraer esas deseadas inversiones. Los grandes capitales precisan de ambientes seguros, prósperos y con condiciones de bienestar, en otras palabras, la desigualdad no le conviene a nadie.

Centrar la estrategia, el discurso y  lay la política pública, en el crecimiento del PIB o en mejorar nuestras calificaciones crediticias , es anacrónico y contraproducente. El crecimiento sin bienestar no es crecimiento en lo absoluto, es continuar acentuando las diferencias y perder oportunidades como país.

 ¿Cómo impulsar un modelo de desarrollo sostenible, sustentable, justo y equitativo? Como problema complejo y multifactorial la pregunta admite muchas respuestas, pero existe una condición necesaria, iniciar desde lo local. Las experiencias internacionales demuestran los beneficios de este modelo. Crecer partiendo de las características culturales, de las idiosincrasias particulares de cada región y de sus ventajas competitivas, ha dado excelentes resultados en otras latitudes.


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Lo local, al ser un universo más pequeño y con mayor cercanía, permite la organización y el diseño conjunto de políticas públicas desde y para la comunidad, abonando a su legitimidad y a sus posibilidades de éxito. Esto se traduce en beneficios tangibles más rápidos o en su caso posibilita el aprovechar el aprendizaje inmediato para su corrección y perfeccionamiento. Ademas, representa un modelo armonizado con una localidad determinada, aprovechando sus usos y costumbres, en lugar de intentar adecuarlo a la necesidad de los grandes mercados.

Permite un crecimiento democrático que va de abajo para arriba , garantizando la distribución equitativa de la riqueza. Por último, justamente constituye es justo un esquema que pone a las familias y el desarrollo de las comunidades en el centro de la estrategia, cambiando el paradigma de crecimiento entendido como bienestar y desarrollo.

Si bien es un modelo de desarrollo adoptado por algunos Gobiernos en México, como el de la CDMX, aún faltan importantes pasos que dar, pero de este tema hablaremos más en el próximo “Desde el ombligo de la luna”.

Apuntes para la siguiente….

Hace unas semanas hablábamos aquí de la necesidad de un modelo de desarrollo económico sustentable y equitativo que tuviera como punto de partida lo local. Proponíamos la cuestión como la mas relevante frente a las próximas elecciones nacionales, porque este tema adquiere una particular relevancia en la CDMX

Sobre esto, las cámaras legislativas locales y los alcaldes tienen mucho que aportar, aunque algunos piensen que no es su responsabilidad. La capacidad de gestión y de articulación local, los hace los primeros de la línea, capaces de impulsar un modelo de crecimiento incluyente y que inicie de abajo para arriba.

La CDMX por ejemplo, requiere que con o sin pandemia, los Gobiernos locales diseñen e implementen políticas que puedan engarzarse con las hoy emprendidas por el Gobierno capitalino, complementando los programas de apoyo social y fortalecimiento del consumo.

Una propuesta es la articulación de cadenas productivas locales. Aprovechar la vocación económica de cada alcaldía y vincular a sus productores con nuevos mercados, las grandes cadenas por ejemplo. Los restaurantes de lujo pudieran abastecerse de hongos de la alcaldía Magdalena Contreras o tomates de Tlalpan, a un mejor precio y atendiendo a las nuevas exigencias de sus consumidores: alimentos frescos, orgánicos,  que no dejan huella de carbono, de compra directa al productor (comercio justo), entre otras.

Otra idea se centra en el potencial que tiene la organización comunitaria capitalina. Organizar a grupos sociales vulnerables y capacitarlos no es algo difícil, el Gobierno de la CDMX lo ha hecho con éxito. El reto está en la vinculación de estos emprendimientos con el mercado, y ahí, las alcaldías cuentan con mejores herramientas para hacerlo.

Al final se trata de fortalecer las formas propias de producción local y llevarlas a mercados más amplios, que les permitan operar en la formalidad y generar empleos. Nadie mejor que las alcaldías tiene el contacto directo con productores y comerciantes, de quien administra los mercados públicos, de quien conoce y autoriza a los establecimientos locales de la demarcación. Ahí, en la acción local están las acciones mas significativas y duraderas.

Los países que han crecido de forma mas equitativa y donde el desarrollo económico se ha transformado en una mejora de vida palpable, han optado por este modelo. Hoy la CDMX comparte esta visión y la ha integrado a su modelo de desarrollo, pero no es suficiente sin la activa participación de las alcaldías. Porque sí, hoy más que nunca, es la "economía estúpido".