El Ejecutivo federal ha enviado su paquete económico y es muy preocupante. Es una ocurrencia más del Gobierno del presidente López Obrador, absolutamente inalcanzable. El problema es que tiene consecuencias reales en la vida de la gente que hoy sufre los estragos de la incompetencia de esta administración.

Hacienda proyecta un crecimiento del Producto Interno Bruto del 3 por ciento. Esto es una fantasía. No ha habido un solo periodo mayor al 1.1 por ciento durante este Gobierno y quieren engañar con cifras irreales.

El Banco de México estima que sólo se alcanzará un crecimiento económico del 1.6 por ciento. Por su parte, JP Morgan e incluso Grupo Monex, estiman que no será mayor al 1.5 por ciento.

Además, el Gobierno de López Obrador estima que la inflación será de 3.2 por ciento. En agosto de este año, tuvimos una inflación de prácticamente 9%, que fue una de las tasas más altas de los últimos 21 años.

Por cierto, según el Gobierno, la recaudación de impuestos será de 4.6 billones de pesos y el gasto total será de 8.3 billones de pesos. La realidad es que esta proyección es poco sensata, tomando en cuenta que los elefantes blancos cada día salen más caros y las deudas de Pemex se siguen acumulando por su terquedad de usar energías contaminantes y caras.

Por ejemplo, la refinería de Dos Bocas, que supuestamente iba a costar 8 mil millones de dólares, hoy ya va en más del doble: 17 mil millones de dólares, y sigue sin refinar un solo barril de petróleo. Y la deuda financiera de Pemex, al 30 de junio de este año, sumaba 2.16 billones de pesos. Es una irresponsabilidad. ¿Cuántos tratamientos médicos, cuántas carreteras, cuántos apoyos al campo podrían haberse financiado con esto?

Ojalá que en la Cámara de Diputados no apliquen otra vez la aplanadora y estén abiertos a escuchar las verdaderas prioridades de la gente. Es dinero del país, no la caja chica del presidente.