La elefanta Mara cumplirá 50 años en 2021, pero ya no los festejará encerrada en el zoológico de Buenos Aires; Mara celebrará un año más de vida en Brasil, en el centro del Mato Grosso.

Mara nació en cautiverio a fines de la década de los años 60 en la India y fue vendida a Alemania, después a Uruguay hasta llegar al Circo Rodasen Argentina, donde durante quince años entretuvo al público disfrazándose o manteniendo su peso en dos patas.

Mara dormía amarrada a un grillete hasta que el circo fue decomisado debido a denuncias por maltrato a los animales, y en calidad de depósito judicial llegó al zoológico de Buenos Aires.

A principios de este siglo, la presión ciudadana consiguió que el zoológico se convirtiera en un ecoparque. Se iniciaron los trámites y búsquedas para encontrarle a Mara un nuevo hogar; a dos mil 700 kilómetros del puerto de Buenos Aires encontraron uno.


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El pasado 12 de mayo de 2020, Mara llegó finalmente al santuario, su santuario. Nunca más grilletes, nunca más golpes; bienvenidas nuevas amistades. Las elefantas no olvidan; puede que Mara se reencuentre con alguna tía, hermana o prima en Brasil, pero ningún grato momento hará que se borren tantos latigazos que marcaron su cuerpo y su alma.

Quienes vivimos en la Ciudad de México ya vamos tarde para hacer valer los derechos de los animales. A los circos se les acabó el negocio de la explotación animal, sin embargo, los zoológicos no están tan lejos de la vieja realidad circense.

La CDMX tiene tres zoológicos donde, como lo hacía Moctezuma hace 500 años, se exhiben especies en peligro de extinción y en condiciones terribles. No es claro el programa planteado por el nuevo Gobierno en cuanto a la defensa de la calidad de vida de la elefanta, los grandes simios, los lobos y muchos otros que merecen ser trasladados a refugios o santuarios.

Podría parecer un asunto menor el tema de los derechos de los animales que sobreviven en esta ciudad, pero no lo es. La forma en la que una persona o Gobierno trata a los animales dice mucho de su visión y sus aspiraciones. La indiferencia es una característica de la masa; en el caso del Gobierno, es una falta grave.

El último censo de perros en condición de calle en esta ciudad contó más de un millón 200 mil ejemplares. Y el número sigue creciendo. Algunas alcaldías han iniciado programas de esterilización gratuita, pero como toda acción no planeada a fondo termina siendo disparos al aire sin una política pública detrás.


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A la omisión por parte del Estado hay que sumar la violencia creciente por parte de personas que maltratan, abandonan o fríamente matan a perros y gatos todos los días. Y por si fuera poco, esta contingencia sanitaria y el miedo a una infección ha aumentado el abandono de mascotas y sus crías.

Desde hace tiempo formo parte de un grupo de personas que dedican su poco o mucho tiempo libre a rescatar gatos, perros y lo que aparezca en calles, jardineras y hasta en redes sociales.

Normalmente hay muchos animales que alimentar, rescatar, esterilizar, curar, adoptar, etcétera. Pero es asombroso el aumento del abandono de crías recién nacidas y animales adultos.

La crisis económica y familiar que viven miles de capitalinos hoy hace más evidente su falta de cuidado y violencia en contra del más débil de la casa. En muchas ocasiones las mujeres somos quienes recibimos los golpes, en otros casos son las niñas y los niños, pero lo que me hace escribir en esta cuarentena es la urgencia por una sociedad menos violenta y más empática con quienes nos aman incondicionalmente.

La obligada evolución hacia una ciudad protectora de los más vulnerables es la transformación de los zoológicos en bioparques. Las especies amenazadas deben ser resguardadas en hábitats apropiados para su vida y posible reproducción, y los espacios que tristemente hoy ocupan deben ser destinados a la educación y a propiciar empatía hacia los animales no por lástima sino por conocimientos bien fundamentados.

Nosotras también debemos aspirar a formar una sociedad más consciente: adoptar y no comprar, esterilizar y vacunar, erradicar el maltrato y la compra de especies en peligro de extinción o fauna silvestre. Para empezar.