La Ciudad de México fue conocida alguna vez como la Ciudad del agua. Basta recordar la fundación de México Tenochtitlán para entender la importancia histórica de la relación entre los habitantes de nuestra capital. No obstante, esta relación también ha sido conflictiva, particularmente desde la época de la conquista, en la que se dejó de concebir al agua como piedra angular de la vida en la cuenca del Valle de México, para empezar a verla como una amenaza latente al modo de vida colonial.

Desde entonces se inició un proceso urbanístico y de ingeniería que cambiaría para siempre el paisaje lacustre de la Ciudad y que determinaría también los destinos y necesidades de esta gran urbe con relación al abastecimiento, distribución y aprovechamiento del agua potable.

Mas allá de pretender abordar las múltiples aristas que el tema del agua tiene en nuestra capital, el objetivo de este escrito es hablar de un tema puntual y que paulatinamente se ha convertido en un serio problema para el aprovechamiento del vital líquido, nos referimos a las fugas de agua.

Todas y todos nosotros sabemos del enorme esfuerzo que se realiza para abastecer las necesidades de los casi 9 millones de personas que habitamos en la Ciudad de México, sin embargo, no siempre somos conscientes de lo que sucede con este recurso una vez que “entra” al sistema hidráulico que corre debajo de nuestros pies. El agua en la Ciudad viaja en una extensa red de poco más de 26,000 km. de tubería, es la más grande y compleja del país con una antigüedad de más 50 años. De estas tuberías, casi 13,000 kilómetros llevan agua potable entre la red primaria que abarca un 10% y la red secundaria que abarca el restante 90% del sistema de distribución.

El principal problema de esta red de abastecimiento es su antigüedad, lo cual implica varios retos. Primeramente, el material con que se encuentra construida: asbesto y que hoy es bien sabido es un material que conlleva varios riesgos para la salud de los usuarios; adicionalmente, el desgaste natural de los años, las raíces de los árboles, así como las características del subsuelo y los movimientos geológicos que propician rupturas y agrietamientos en la red de distribución. Estas fugas ocasionan no solo la pérdida de agua, sino también fallas en la presión de las tuberías. Como muestra, sabemos que el 42% del agua que se abastece se pierde en fugas, lo que significa una pérdida de 13.5 m3/s, incluyendo el agua no contabilizada por falta de micro-medición, tomas clandestinas y 430 puntos del sistema que no cuentan con dispositivos de medición.

¿Qué podemos hacer?, ¿Cómo podemos distribuir de forma eficiente el agua?, La constitución de la Ciudad establece que “toda persona tiene derecho al acceso, a la disposición y saneamiento de agua potable suficiente, salubre, segura, asequible, accesible y de calidad” para ello, el Gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum ha implementado varias acciones y programas específicos para la atención de la red.

No obstante, debemos señalar que el Gobierno capitalino tiene la obligación de atender principalmente la red primaria, es decir, el 10% de los miles de kilómetros y el restante 90% debe ser atendido por los Gobiernos de las alcaldías. Sin embargo, y poniendo un ejemplo, para este año el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX) tiene contemplado destinar a la construcción, rehabilitación, sectorización y operación de la infraestructura de agua potable alrededor de 6 mil millones de pesos, lo que representa el 50 por ciento de su presupuesto total.

En contraste, los gobiernos de las alcaldías este año contemplan erogar alrededor de 700 millones de pesos para la misma finalidad. Queda más que clara la asimetría entre el dinero empleado para la atención de este problema y el porcentaje de red que por ley corresponde atender a cada orden de gobierno. Cuidar, distribuir y preservar el agua debe ser una tarea en conjunto, Gobierno de la Ciudad y Alcaldías; se requiere urgentemente que las Alcaldías se sumen a dar mantenimiento a la red secundaria para así evitar fugas que es donde se desperdicia la mayor cantidad de agua que fluye en la extensa red de agua potable de la Ciudad de México.

Si las y los alcaldes invirtieran al menos el 20% de su presupuesto anual de obras a dar mantenimiento a la red secundaria de agua potable, y atendieran de forma oportuna los reportes de fugas de agua visibles y no visibles, se reduciría considerablemente el porcentaje de desperdicio, así, con esfuerzos conjuntos y coordinados entre los dos niveles de Gobierno la Ciudad podría ahorrar y recuperar más de 2 mil litros de agua, ¡por segundo!

Por ello, todas y todos los ciudadanos que habitamos la Ciudad de México debemos exigir la coordinación, la intervención urgente que necesita la red secundaria de agua para su actualización y mantenimiento permanente, este es un tema que no tiene colores, no es agenda de un gobierno o de un partido político, es un llamado para nuestro presente y nuestro futuro.

Por último, y no menos importante, el compromiso debe ser de todas y todos, los ciudadanos debemos comprometernos a usar de forma razonable y responsable el agua, defender nuestra historia y una vez mas dar un giro radical en esa histórica relación que tenemos con el agua en la heroica Ciudad de México.