Es ineludible pensar en un mundo distinto después de los saldos que la pandemia del virus que se bautizó con el nombre de Covid 19 dejará en todo el planeta. México no será la excepción del desastre y por ende no quedará incólume de los daños económicos que la epidemia ocasione en nuestro país.        

El presidente López Obrador aún puede ser el mandatario constructor de un  buen futuro económico u optar por seguir al pie de la letra su proyecto de nación que implica destruir lo hecho en el pasado y conducir con incertidumbre el presente derrumbando así el cúmulo de expectativas a futuro que generó con su arribo al poder.

Si opta por lo primero tendrá que dejar de lado políticas públicas inmediatistas ; tales como seguir echando mano del adelgazamiento de una burocracia muy lastimada por los constantes recortes de personal así como de las disminuciones salariales y prestaciones de ley (aguinaldos, compensaciones, viáticos, seguros de vida y de gastos médicos mayores hoy tan necesarios, etc.) que sólo se traducen en la ministración de un mejoral al grave problema económico del país y que en lo esencial no resuelve nada, y por otro lado la austeridad mal entendida que asfixia a las instituciones públicas convirtiendo a algunas de ellas en simples ventanillas de trámite que a la postre le salen más costosas al erario público.                                                

En los últimos años se han registrado alternancias gubernamentales en nuestro país que no han cumplido las expectativas deseadas.                                   

A partir de la transición democrática de 2018, se empezó a escribir otra historia en México, que implicaba una lucha frontal contra la corrupción y la dignificación de las clases olvidadas durante los últimos ochenta años,  postulados importantes para que el electorado votará por AMLO.  

Debido a esto, un buen segmento de mexicanos tiene aún grandes esperanzas en materia económica, pero a medida qué pasa el tiempo se van diluyendo por varios factores, entre ellos los malos mensajes que se emiten desde el partido-movimiento del presidente y sus legisladores y gobernadores y por otro lado los acontecimientos mundiales cómo la estrepitosa caída de los precios del petróleo y por su puesto los estragos de una pandemia no esperada por ningún líder del mundo.             

Por ello resulta necesario la creación de una nueva agenda económica que le dé respuesta sin cortapisas a dos interrogantes: ¿A qué debemos aspirar? y ¿Cómo hacerlo? Aquí invariablemente debemos tener en cuenta lo deseable y lo posible.                                           

Lo deseable sería por supuesto la recuperación económica en lo inmediato, pero todos sabemos que es imposible y que esta debe ser gradual, ya que llevará varios años de este Gobierno y quizá de los que vendrán debido a que la caída más conservadora del PIB para México se estima en 7% y la más desastrosa de hasta 34% en 2020.  


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Por ello al presidente le quedan pocas opciones para estabilizar económicamente en el mediano plazo al país; entre ellas: contratar deuda pública con el Fondo Monetario Internacional, quien le ha abierto una línea de crédito por 60 mil millones de dólares y/o con la Reserva Federal Estadounidense por otros 60 mil millones de dólares. 

Que de ninguna manera se traducirían en un escándalo y que por el contrario estaría plenamente justificada la apertura y contratación de dichos créditos. Asimismo, otra opción es seguir utilizando los fondos de estabilización que dejaron los otros Gobiernos con el riesgo de agotarlos sin resolver el problema y por último suspender temporalmente sin que esto signifique la cancelación definitiva de los proyectos eje del Gobierno de la 4T, como lo son; la refinería de dos bocas en Tabasco, la construcción del aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya.                                

Estas medidas pueden por su puesto ir acompañadas de acciones recaudatorias eficaces incluso nadie vería mal que se aplique el estado de Derecho a los grandes evasores que con la complicidad de actores del pasado le han originado enormes pérdidas a la Hacienda Pública, pero esos recursos tardarán en llegar dado que a la fecha ya se encuentran muchos de ellos en litigio en los Tribunales.     

De lo contrario de no tomar medidas drásticas, nuestra economía se desplomará a niveles irremediables en el corto y mediano plazo y el impacto político para AMLO puede ser devastador para seguir conservando su mayoría en la Cámara de Diputados el próximo año y sus planes transformadores   a futuro.