Durante la semana el INE nos sorprendió con acuerdo que obliga a los partidos a salvaguardar criterios paritarios en las candidaturas a gobernadores. Antes que las revolucionarias de pañuelo verde me digan que si no tengo útero, no puedo opinar sobre paridad y cuotas de género en las candidaturas, aclaro que no emitiré juicio alguno, me limitaré a hacer una relatoría de hechos y acompañaré el artículo con hallazgos de investigaciones serias en el tema.  

Historia: ¿Cómo diablos llegamos aquí?

Al igual que en la mayoría de los países, México ha mostrado una histórica resistencia al cambio y a abrir espacios de decisión a las mujeres. Como si las curules fueran la lata de pepinillos  de Adrien Brody en El Pianista, quien tiene silla, le gruñe a todo organismo hombre, mujer, o drag que se la quiera quitar. No solamente en política, sino en los órganos directivos de las grandes empresas, la participación femenina en puestos de decisión, hasta hace muy poco estaba más cercana a ser la excepción, a la regla.

Tal vez no al paso que a muchos nos gustaría ver, pero no se puede ocultar que ha habido avances sustanciales en la legislación mexicana para abatir la disparidad de género en la vida política nacional. En menos de 20 años, pasamos de no tener ningún mecanismo que garantizara la participación electoral femenina, a obligar a los partidos a un mínimo de candidatas mujeres en los distritos de mayoría relativa (2003, 30%; 2009, 40%; y finalmente 2018, 50%).

En la representación proporcional también ha habido avances sustanciales. Recordemos que hace no muchos años la cuota de género se “cumplía” solamente con poner a una suplente mujer, o viceversa, por lo que los partidos torcieron la ley para poder incluir más hombres en el Congreso, a través de la renuncia de la diputada propietaria (las mal llamadas Juanitas). Después pasamos poner a una persona de género distinto por cada bloque de 3 candidaturas en la lista plurinominal, a finalmente integrarlas alternadamente entre hombres y mujeres.  

Los resultados de la cuota son positivos, al menos cuantitativamente. Mientras que en 2009 solamente 53 mujeres ganaron las elecciones en sus respectivas elecciones en 300 distritos electorales (17%) y en total representaban 141 escaños de los 500 posibles, hoy representan el 48% de la Cámara de Diputados, habiendo ganado 141 de los 300 escaños de mayoría relativa y 241 de los 500 totales.

Sin embargo, no echemos las campanas al vuelo todavía. La elección de 2018 fue excepcional en cuanto a los triunfos de Morena en las mayorías, por lo que muchas mujeres de este partido resultaron electas con el arrastre de la campaña presidencial. En una elección más competida, donde se puede dar un supuesto de candidatos hombres ganando a candidatas mujeres en muchos más distritos, tal vez la integración de la próxima legislatura no sea tan paritaria. Aquí cabe destacar la legislación del Congreso de la Ciudad de México, que garantiza la integración 50-50 a través de la lista de representación proporcional.

Hasta aquí con esto. Si les interesa saber más, consulten Cuotas de Género en México: candidaturas y resultados electorales para diputados federales 2009, de Javier Aparicio o Campaigns, Descriptive Representatios, Quotas and Women’s Political Engagement in Mexico, de Kerevel & Atkeson.

Aparicio Castillo, Franciso Javier. 2011. Cuotas de género en México: candidaturas y resultados electorales para  diputados federales 2009. México: Tribunal Electoral del Poder  Judicial de la Federación

Ya estamos aquí, ¿qué diablos sigue?

Soy agnóstico hasta de la existencia de Dios. Hasta que alguien me lo demuestre, no tengo elementos para creer que las cuotas de género producen “mejores” diputadas. Una cosa es que la cuota de género garantice la participación de las mujeres y les permita acceder a puestos de poder, y otra muy distinta es que quienes lleguen a esos cargos sean las mejores posibles opciones para la toma de decisiones. La democracia es tan imperfecta, que no garantiza esto para ningún género, hombres, mujeres, quimeras, drags, trans, bi, queer, no binarios y lo-que-sea-que-inventen en los próximos 20 segundos. Hasta ahora, la evidencia empírica demuestra que tener más candidatas o más diputadas, no motiva a la participación de las mujeres en la vida política del país. Incluso, hay estudios que demuestran que desde que se impusieron las cuotas, la participación de las mujeres en las urnas ha disminuido durante las elecciones intermedias. De la misma forma, otras investigaciones también concluyen que incluir candidatas mujeres no necesariamente se traduce en un apoyo por parte del género como las impulsoras de la sororidad hubieran deseado. Al revés, estudios académicos han documentado que es más probable que una electora mujer apoye a un candidato hombre, que a una mujer. Ya saben, la hipotenusa. Sin desviarnos del tema legislativo, el ejemplo más claro de lo anterior lo tenemos con el apoyo a Lord Peña y no a exitosa autora de Dios Mío, Hazme Viuda Por Favor, Josefina Vázquez Mota.   

Los siguientes pasos no son tan obvios. Incluso, me atrevería a decir que al menos legislativamente, hay ya muy poco por hacer para garantizar el acceso de las mujeres a los escaños parlamentarios. Sin embargo, eso no significa que no haya vicios en el sistema.

Una práctica común ha sido mandar a las mujeres a competir los distritos más riesgosos o inganables para cada partido. Aun cuando el INE ya ha establecido bloques de rentabilidad para el registro de las candidaturas, esto no significa que los hombres mantengan las candidaturas que tienen las mayores probabilidades de triunfo.

Por otro lado, la gran incógnita y reto por atender, no se limita solamente a que las mujeres resulten electas, sino a su desempeño una vez en el cargo. Actualmente los puestos de poder al interior de los Congresos siguen siendo dominados por hombres. Basta ver la integración de la Junta de Coordinación Política en las Cámaras de Diputados Federal y Estatales, para darnos cuenta que los grupos parlamentarios siguen siendo lidereados mayoritariamente por hombres, así como las comisiones más relevantes.  

En este tema, yo soy optimista y prefiero ver el vaso medio lleno. Sin ignorar que el problema existe, al igual que otros analistas, considero que es cuestión de tiempo para que la participación femenina madure y ocupe puestos más relevantes dentro de los parlamentos. Considero que muchas de las futuras lideresas parlamentarias hoy se encuentran en fogueo, capacitación y formación, y ya se empieza a notar a diferencia en la agenda parlamentaria. La Ley Olimpia es uno de los productos más visibles, pero estoy seguro que hay otros tantos que hubieran tenido un destino distinto si no fuera por las mujeres.

Fak. Ya se acabó el espacio. Todavía tengo harto por decir. Mientras estructuro la segunda parte del artículo, y si les interesó esto último, recomiendo que consulten Elected Bodies: The Gender Quota Law for Legislative Candidates in Mexico, de Lisa Baldez, o también Gender Quotas are not Enough: How Background Experience and Campaigning Affect Electoral Outcomes de Langston & Aparicio. Hasta la próxima semana!