Nadie puede negar que las protagonistas del año pasado fueron las mujeres. Desde finales del 2019 y a principios del 2020 el orbe vivía intensas manifestaciones, como nunca se habían visto, con una participación multitudinaria de cientos de miles de mujeres con planteamientos y mensajes muy claros. Se hizo constante la ocupación del espacio público para exigir el respeto y realización de sus derechos, la despenalización del aborto, el fin de la violencia de género y los feminicidios, ambos asuntos de urgente atención en nuestro país. Como un elemento inusitado en la historia del feminismo, se mostró un gran apoyo popular mediante redes sociales y medios de comunicación electrónicos que constituyeron una posibilidad de llegar a muchas mujeres que tradicionalmente no participaban para alzar la voz y sumarse a la causa.


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Lamentablemente, la pandemia por Covid-19 representó un obstáculo para que la ola morada siguiera presente en el espacio público, migrando gran parte del activismo a los medios electrónicos y manteniendo, de forma limitada por las condiciones, su presencia en las calles durante fechas significativas. Cabe aclarar que el movimiento no entró en un letargo y dejó de lado su agenda, prueba de ello fue un gran triunfo en Argentina con la despenalización del aborto a pesar del confinamiento. Si bien la pandemia acaparó en gran medida la atención pública y redujo la intensidad de los procesos de articulación del movimiento en las calles, le dio también la oportunidad de recordar otro de sus grandes activos: su capacidad de gestión y los alcances y determinación de aquellas mujeres que se encuentran en posiciones de toma de decisiones.


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Es importante destacar que no hay duda sobre quienes han afrontado de mejor manera la crisis sanitaria y económica actual y, sobra decir, que quienes encabezan la lista de gobiernos más efectivos son dirigidos por mujeres. Dentro de las primeras mandatarias que se distinguen de sus homólogos masculinos, está la presidenta de Taiwán, Tsai Ing wen; Angela Merkel, canciller Alemana, y la ya muy famosa Jacinda Ardern, primera ministra neo zelandesa.


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En el caso de México, platicamos en una entrega anterior del “Desde el Ombligo de la Luna” de la sobresaliente estrategia de la jefa de Gobierno de la CDMX, que le ha permitido un amplio respaldo ciudadano en comparación con los demás Estados de la República. Estas líderes han dado grandes resultados y cuentan con una alta tasa de aprobación, principalmente por las medidas tomadas con oportunidad por sus gobiernos. ¿Qué coincidencias encontramos entre ellas? Primero que nada, cabe destacar su vocación democrática y el irrestricto respeto a los derechos humanos, por parte de sus gobiernos. También es notable el uso de la ciencia y la tecnología como herramientas eficaces para diagnosticar y atender la crisis. Pero lo más destacable me parece que es la gran sensibilidad y empatía con la que afrontaron la emergencia. Esto permitió que las medidas adoptadas pusieran en el centro a las personas y sus realidades, generando gran apoyo popular y mayor eficacia en la implementación de políticas.


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Es así que el 2020 fue un año donde el protagonismo político y social fue femenino, pero estoy seguro que de ahora en adelante será una constante al grado de que esta será la nuestra verdadera “nueva normalidad”. Nuestros tiempos demandan poner en tela de juicio la eficacia de muchas instituciones diseñadas y dirigidas por los hombres, después de décadas de lucha por el reconocimiento de las mujeres ya no sólo hablamos de derechos sino de la necesidad de transformar estas instituciones para hacer efectivas la inclusión y la igualdad. Argumentos no faltan, el mundo no es un lugar justo, el cambio climático no se ha frenado, la equidad no existe y las grandes diferencias económicas prevalecen. Es tiempo de cambios estructurales y profundos que nos permitan imaginar futuros distintos, sustentables y justos. Y justo esa es la agenda que el feminismo ha propuesto y estoy seguro que terminará por triunfar. Romper con la visión parcial del mundo y aspirar a una integral, incluyente e igualitaria es nuestro futuro.