Vivimos en una ciudad con más exceso de mortalidad absoluta del planeta según el análisis de Mario Romero Zavala y Laurianne Despeghel, con un corte al 2 de agosto, cifra que equivale al numero de muertes promedio acumuladas a inicios de diciembre comparada con el promedio de 2016-2019, y 3.07 veces mayor al subreporte oficial de López Gatell y de Claudia Sheinbaum de apenas 9 mil 158 a esa fecha.

En el número de exceso de mortalidad NADIE supera tristemente a la CDMX con 28 mil 114, han rebasado ya a Nueva York con 26 mil 459, a Lombardia con 25 mil 488, a Madrid con 16 mil 208, a Londres con 10 mil 066 y a la Región de Paris con 11 mil 710; y en términos relativos de exceso de mortalidad por cada millón de habitantes sólo somos superados por Guayas, Ecuador con 3 mil 340, teniendo CDMX  3 mil 152, Nueva York 3 mil 150, Lombardía 2 mil 572, Madrid 2 mil 460, Londres 1 mil 130 y la Región de Paris 962.

Lo irónico es que el semáforo naranja que inició en nuestra ciudad el 29 de junio, había registrado desde la semana 22 de la pandemia (25 al 31 de mayo) descensos en los índices de exceso de mortalidad, hasta la semana 27 (27 de julio al 2 de agosto) en que volvió a incrementarse pasando de 64 a 69%.

Fue en el mes de julio que se dio la reapertura de restaurantes el día 1 y la de centros comerciales el día 8, con lo que empezó una reactivación económica y social gradual que ha llevado a la apertura ya en agosto de albercas el día 10, de museos el 11 y de cines el 12, éstos últimos dos con una capacidad acotada al 30 por ciento.

El reto para todo Gobierno que relaja las medidas sanitarias en el marco de la reactivación económica y social, está en encontrar el delicado equilibrio que sepa balancear las limitaciones necesarias para seguir salvando vidas, y las nuevas atenuantes sociales y económicos que permitan mitigar los estragos económicos de la pandemia, este reto se enfrenta por igual en todos los países.

Algunos países que habían enfrentado con éxito la pandemia, han experimentado recientemente rebrotes que han alarmado a sus Gobiernos y ciudadanos como el caso de Alemania, después del pico del contagio en marzo, existen a fines de julio rebrotes alarmantes debido a brote en un matadero de animales en Gütersloh con más de mil 553 contagios y más de 7 mil hospitalizados en un país con poco más de 9 mil muertes por Covid-19.

Otro caso de un buen inicio de manejo con rebrotes posteriores es Israel, que debido a los “summer camps” y el relajamiento de medidas, tiene la décima tasa activa de contagios más alta del mundo con 12% la semana pasada, se atribuyen los contagios al contacto con extranjeros en los campamentos de verano y a las fiestas de jóvenes en las playas y al error del Gobierno de la apertura temprana y mal implementada de colegios.

Han pasado de ser un modelo de referencia y éxito contra el Covid-19 y ha obligado a Netanyahu a admitir el error de un relajamiento de medidas anticipado diciendo, “Lo hicimos porque escuchamos vuestros problemas y para devolver el mayor numero de personas al trabajo. Yo asumo la responsabilidad por este paso y también la responsabilidad para arreglarlo”, como consigna el diario español El Mundo.


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Todo esto nos obliga a preguntarnos ¿si el Gobierno de la ciudad con el mayor número de muertes en exceso durante la pandemia y la segunda peor en muertes por millón de habitantes, será capaz de encontrar con el éxito que NO tuvo antes ese delicado balance entre salubridad y reactivación económica? ¿Cómo conceder el beneficio de la duda de que ahora sí sabrán hacerlo bien, a quiénes NO lo supieron hacer bien la primera vez?

Uno de los principales errores de los Gobiernos de Morena en el manejo de la pandemia Covid-19, fue su reacción tardía y su incapacidad para aprender de los errores cometidos en Europa para tomar medidas y evitar su repetición en México aprovechando que el virus llegó a nuestro país 58 días después de surgir en China y 35 días después de Francia, 29 después de Italia, 28 después de Reino Unido y España.

Hoy día en Europa, Italia ordena el cierre de discotecas y establece el uso obligatorio de cubrebocas tras registrar según el recuento de la Universidad Johns Hopkins a los niveles de mayo con 600 casos diarios; Reino Unido registro la semana pasada más de mil casos 5 días consecutivos; Alemania registró ayer 625 casos el domingo después de varios días de más de mil 400, Francia de nuevo ha rebasado la barrera de los 3 mil casos y en España ante los rebrotes que se atribuyen a fiestas y regreso al trabajo, ayer ante una convocatoria en redes sociales, de entre otros Miguel Bosé, se congregaron al menos 2 mil 500 personas en la Plaza de Colón de Madrid para protestar contra el uso de tapabocas obligatorio que decretó el Gobierno el viernes pasado junto con el cierre de cierre de bares y discotecas.

Ante ese escenario mundial caótico, incluido el caso de Nueva Zelanda que registró la semana pasada su primer caso después de más de 100 días, resulta difícil ser optimista respecto de nuestro futuro en nuestra ciudad, sobre todo si tenemos presente el repunte del exceso de mortalidad en la semana 27. Decía Cicerón que “Los pueblos que NO conocen su historia, suelen repetir sus errores” y tal pareciera que estamos replicando errores cometidos por otros países, tan lejos de Wellington y Auckland, y tan cerca de Madrid y Roma.