Morena ha sido la expresión organizada de un nuevo ciclo político en México; un punto de inflexión en el sistema de partidos mexicano. También ha sido un actor articulador de las resistencias frente a reformas o medidas que se consideraron antipopulares en el sexenio pasado.

Hablar de Morena, por tanto, no es hablar de cualquier organización.

En el último año, sin embargo, el agotamiento de reiterados intentos por renovar sus órganos de dirección, han ocasionado que diversas compañeras y compañeros nos vayamos reconociendo menos en la estructura partidista que ayudamos a fundar y a consolidar.

Se ha instalado como canon la narrativa del “enemigo interno”. Se ha institucionalizado la desconfianza y, además, se ha promovido el menosprecio por diálogo político. Son actitudes que se han pretendido normalizar en la vida orgánica.

En la medida en que exista la prolongación del conflicto interno, en esa medida la atención informativa sobre Morena va a estar centrada únicamente sobre la disputa. Nunca, por supuesto, sobre los temas de la agenda nacional que pudiéramos instalar en el ámbito legislativo o acompañar cuando se trate de la agenda del ejecutivo federal. 


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Morena está en riesgo de ser una fuerza subalterna que no marque rumbo. A mi juicio hay que entenderse sí o sí. 

En la renovación de la dirigencia nacional han surgido diversos nombres. Pero en esta ocasión quisiera detenerme en el nombre de la secretaria de Organización de Morena en la Ciudad de México, Donají Alba. Es, a decir mío, el perfil que requiere Morena en esta etapa de excepcionalidad estatutaria, legal y política que atraviesa nuestro instituto.

Ella aspira actualmente a ser la próxima Secretaria General del Comité Ejecutivo Nacional (CEN). Nadie como ella entiende el partido desde sus distintas estructuras. Fue la primera presidenta del Consejo Estatal del partido en el entonces Distrito Federal, consejera estatal, consejera nacional y ha coadyuvado en las tareas electorales en distintos estados de la República.

Sus credenciales como perfil progresista la avalan: la hemos visto acompañar sin cortapisas la agenda LGBTTTI y la agenda feminista. Ella entiende que tener altura de miras no es decir “unidad” muchas veces. Es estar dispuesto a entenderse con muchas y muchos; a veces con compañeras y compañeros con los que probablemente hay discrepancias. Pues de lo que se trata es de hacer de Morena una fuerza política útil en este proceso de cambios que vive el país.

En Donají varios militantes vemos una oportunidad de recomponer los puentes de interlocución entre liderazgos nacionales, regionales y locales. Y una oportunidad para que el partido tenga gestos de autocrítica que el propio presidente de la República aconsejaba tener.  

Donají verifica en su trayectoria un elemento incuestionable: su origen fundador y de base, pero sin el sectarismo y la cerrazón que ha caracterizado a un sector fundador del partido. Donají Alba es, en síntesis, una apuesta por el reencuentro entre militantes y una apuesta por la sensatez del dialogo.