Llegó el anhelado momento de los spots del informe de Gobierno anual. Benditos los oídos que escuchan la angelical voz de nuestro presidente informando que no habrá otro García Luna en el Gobierno, cuando en el mismo cargo tenemos al legítimo descendiente del Negro Durazo. Otro gran logro que nos presume el próximamente canonizado Cabecita de Algodón es que la vacuna contra el Covid-19 será producida en México.

Gracias a su Gobierno, un laboratorio privado, con recursos privados, con investigación privada y con una patente extranjera, decidió que México era el lugar correcto para poner en marcha la solución a la pandemia global. Sin ningún empacho de provocar lágrimas de emoción entre la población, Andrés Manuel nos presume otro gran resultado: 70% de los mexicanos apoyan la transformación. Gracias, señor Presidente, por habernos dado tanto y tan desinteresadamente durante este difícil 2020. Gracias por patentar la fórmula de la economía moral, que sin ella, seguramente el impacto en la disminución del PIB hubiera sido del 100%, y no del 18.7%, como mañosamente lo ha declarado el INEGI.

No sé si la Dirección de Comunicación Social de la Presidencia de la República contrató al productor de Monty Python para la realización de los materiales en cara del segundo informe de Gobierno, pero ni a Jerry Seinfeld se le hubiera ocurrido una forma tan sarcástica de burlarse de la gente durante la peor crisis económica y sanitaria de la que tenemos recuerdo los mexicanos.

Son tan raquíticos los logros durante la presente administración, que en vez de informe de Gobierno parece que estamos leyendo el contenido nutricional de una caja de cereal Maizoro. Es tan pobre la aportación del Gobierno en la recuperación económica, que fue preferible hacer un discurso estilo Lupita D’Alessio en ataque de ira, para llamar “desquiciados” a quienes no aplaudimos la dirección que está tomando el país. En ninguna arena hay nada que presumir. La economía tuvo un golpe profundísimo durante el segundo trimestre del año, y no hubo ningún programa de gran magnitud para amortiguar las consecuencias. El desempleo está en su nivel más alto en décadas y la soberbia le ganó al presidente, sin apoyar a las familias con un salario vital universal.

La inflación está subiendo, a pesar de la baja en la demanda de casi todos los bienes y servicios de la economía, y seguramente se culpará al Banco de México, en vez de asumir su responsabilidad. En seguridad pública, no hay nada para destacar, pero es más fácil decir que todo es culpa de los Gobiernos anteriores, a explicarle a los ciudadanos lo que se está haciendo diferente para mejorar. En combate a la corrupción, las triquiñuelas solamente cambiaron de dueño, pero las adjudicaciones directas siguen siendo la práctica recurrente, con contratos públicamente ventilados y vinculados a familiares y amigos cercanos al Gobierno. El resumen de estos primeros dos años en una palabra: fracaso.

Del otro lado del pasillo las cosas no se ven mucho mejor. La oposición continúa acéfala, sin haber realizado un ejercicio público y profundo de autocrítica de cuando tuvieron a su cargo las riendas del país. Al día de hoy, su papel continúa siendo reaccionario, sin poder atajar o dar alternativas reales a la desigualdad, corrupción y pacificación del país.

Es válido cometer errores, tanto para el Gobierno actual, como para quienes lo precedieron. Lo que es inadmisible es que no se reconozcan estos desaciertos, o se den explicaciones plausibles de por qué se tomaron cada una de las decisiones. La oposición tiene frente a sí un escenario inmejorable, pero para poder capitalizar el desgaste y falta de resultados de la actual administración, deben tener tres elementos mínimos para tener éxito: 1) credibilidad; 2) un vocero con liderazgo; y 3) una alternativa sólida de plan de Gobierno. Hoy, la oposición carece de los tres elementos, y es por eso que la agenda presidencial sigue siendo la única en la esfera pública, y mientras el presidente siga marcando el ritmo de la discusión, no hay posibilidades de éxito en 2021 para ninguno de los partidos opositores.

Credibilidad. Nadie en la oposición la puede presumir. El PRI, en sentido estricto, nunca la tuvo. Pero recodemos cuando exitosamente se reinventaron en el “nuevo PRI”, con cuadros renovados como Enrique Peña, César y Javier Duarte, Roberto Borge, y una lista más extensa de políticos que lograron, al menos discursivamente, desmarcarse del PRI de Salinas, Camacho Solís, Roque Villanueva, Mario Marín y otro sinfín de nombres icónicos de la rancia y arcaica forma de hacer política en México. Voceros no tienen. Al tal Alito Morales, presidente nacional del partido, si lo veo en la calle ni lo reconozco. ¿Agenda propia? Hoy el PRI está en fase caníbal, donde se prendieron las alarmas de “sálvese quien pueda”, y la prioridad ya no es ganar votos. La nueva prioridad es evitar la cárcel.

El PAN, por su lado, sufre del síndrome de la pareja abandonada. Por un lado, la familia Calderón ya decidió ir a formar otro hogar, ahora llamado México Libre. Sin embargo, el PAN no ha logrado desmarcarse del desgaste asociado a Felipe y Margarita. El electorado todavía le reclama al partido la fallida guerra con el narco, la falta de resultados contundentes en combate a la pobreza, y otros problemas que la administración calderonista dejó sin resolver. Al mismo tiempo, quienes todavía apoyan a los Calderón, difícilmente votarán por el PAN, ya que emigraron junto con sus líderes, quienes al menos mediáticamente, han logrado construir un mucho mejor mensaje opositor. Así, Acción Nacional está en el peor de los mundos, donde no saben si aman, odian o extrañan a Calderón, no capitalizan esos votos, les están comiendo el mandado entre los opositores más radicales de AMLO, y ni siquiera pueden construir un mensaje de añoranza del pasado, ya que ese pasado representa un fracaso de administración y sus líderes ya no quieren saber nada más de su antiguo partido.

Su única opción es copiarle al PRI de 2006-2012, y reinventarse en el nuevo PAN, que se desmarque de las administraciones calderonista y foxista, genere una propuesta de valor nueva, reconozca sus propios errores, y procure un discurso de tomar lo mejor del pasado, con cambios y lecciones de la experiencia previa, enfocado a intentar atajar los problemas del presente con elementos innovadores. De otra forma, no tendrán elementos que les permitan tener un discurso sólido para contrastar con la agenda obradorista y tener algo de qué hablar, además de lo impuesto desde el Palacio Nacional. ¿Voceros posibles? Hay vacantes, favor de llenar su solicitud.

México Libre. Lo único que tienen es vocero oficial, ya que la agenda de Gobierno es la misma de lo que ya vivimos en el sexenio de Felipe Calderón. Esta misma agenda carece de credibilidad, ya que no hay razón por la que deberíamos creer que ahora sí va a dar resultado la estrategia contra el narco, la desigualdad, la pobreza, la corrupción y todos los males que nos siguen doliendo. ¿Estábamos mejor antes? Sin duda, pero eso no significa que hayamos estado bien. Me rehúso a creer que apoyar a un partido político es la opción a elegir entre dos males, y México Libre hoy solamente apunta a intentar ser el mal menor.

El PRD. Introduzca el GIF de John Travolta buscando el intercomunicador en Pulp Fiction. Creo que ya les bajaron el switch de la luz y todavía nadie les avisa.   

De toda la oposición hoy no armamos uno. Otro fracaso. Quienes ya estén pensando en qué pedirle a Santa esta Navidad, además de una vacuna mexicana contra el Covid, hagan paro y pidan que la oposición se espabile. Urge.