Tengo una fijación con los dichos religiosos de abuelita. Esa tradicional frase deDios aprieta, pero no asfixia” es bien bonita para motivarnos en tiempos de crisis, como agradeciendo que siempre podríamos estar peor. Ya en serio, los dogmas de abnegación me hacen reflexionar sobre si Dios realmente es un ser juguetón que disfruta de vernos malabarear, para que cuando estemos cerca de reventar, eventualmente decirnos “Aahhhhh, te’creas…”. Si Dios realmente tiene ese humor enfermo, she’s a coldheart bitch. Yo soy un poco más de la idea que si algo te asfixia es por bruto, y si la vida te empieza a apretar el cogote, tienes que aplicar un movimiento de jiu-jitsu para salir del apuro. Y si no te libras, al menos patalea. Morir con dignidad.

Hoy diosito, la virgen, los angelitos y cuanta deidad politeísta nos tienen en un momento de severos aprietos. Así como el Dios del Antiguo Testamento, que envió a la Tierra toda plaga y desastre natural posibles, ahora nos mandaron al Covid-19. La pandemia, además de las obvias consecuencias para nuestra salud, agravó la crisis económica, que a su vez puso en situación de mayor vulnerabilidad a millones de familias, que después se vieron en la necesidad de salir a trabajar por peores salarios, en situaciones más riesgosas de contagio, que terminaron por enfermar a matar a algún familiar, que nuevamente generó mayores presiones económicas en el hogar y podríamos seguir con el circulo vicioso en el que la vida nos puso. Sin embargo, como en toda historia mitológica, en la situación de mayor complicación aparecen los héroes. Para salvar a la economía, a nosotros nos mandaron a una impoluta Licenciada en Lengua Inglesa, mejor conocida como la Tía Tatis. Podrá no saber mucho de economía, pero sabe decir “we’re fucked” en 36 lenguas y dialectos gaélicos, irlandeses, anglos, bretones y del inglés antiguo. No hay necesidad de llorar. Nos autoasfixiamos. Somos el Michael David Carradine de las decisiones colectivas. Si no saben quién es, échenle una googleada a su causa de muerte. Serán los 3 minutos más educativos de su día.

Sin más rodeos, vamos a ver qué es lo que terminará por asfixiar a la economía en nuestro ya casi naciente 2021.

  • La lucha contra el malévolo outsourcing.

Lo odiamos. Desde Ebenezer Scrooge no hay un patrón más despiadado que el que contrata todo por outsourcing. Ni Samuel García de niño jugando golf fue tan explotado como los que trabajan en un régimen de subcontratación. Para los que viven en la ceguera del godinato, o jamás han puesto un pie en el mundo laboral, va la explicación rápida. Todas las empresas (y algunas dependencias de gobierno) contratan a otras empresas para hacer lo que no quieren, no pueden, no saben hacer o simplemente no quieren contratar como parte de su nómina recurrente. El ejemplo más claro son los servicios de limpieza. En casi todas las empresas y oficinas gubernamentales, quien limpia no es formalmente parte de la empresa o dependencia donde trabaja, sino que su patrón es alguien más que le paga por hacer el trabajo. Sin duda hay vicios y agandalle propio de quien puede exprimir a los empleados, en un mercado laboral deprimido, con sueldos de subsistencia y sin derechos laborales aplicables.

Discursivamente es una acción loable. Nadie se opone a que los trabajadores, sobre todo los que tienen menores ingresos, tengan seguridad social o acceso a créditos baratos. Sin embargo, en la práctica es mucho más difícil de regular y sus consecuencias pueden ser contraproducentes para el propio trabajador.    

En breve, es difícil de aplicar, ya que el outsourcing tiene una delgada línea entre lo recurrente y lo ocasional. Por ejemplo, encargar trabajo de diseño de vez en cuando no justifica la creación de una plaza de diseñador en una empresa. Utilizar un servicio de paquetería o mensajería tampoco justifica crear un lugar para un mensajero. ¿Hasta qué grado se puede subcontratar a alguien sin pasar esa frontera de lo necesario y asimilable como parte del ente que contrata? Por esta misma razón, si se prohíbe o se aplica a rajatabla, millones de trabajadores eventuales podrán estar en condiciones de perder el único ingreso que tienen, con una reforma que busca protegerlos. De la misma forma, si el patrón tiene que internalizar costos adicionales al engrosar su nómina fija, lo más probable es que contrate menos servicios. Autoasfixia. Gggghhh.

  • Incrementar el salario mínimo.

Otro bonito discurso, romántico, que atiende deudas históricas con los que menos tienen. El salario mínimo son los papás. No existe. Es un precio de referencia y ya. Quienes crean que el salario mínimo es un cálculo robusto del valor del capital humano en función de su productividad, controlado por un sistema de bandas de mínimos y máximos por hora o día, con una correlación estrecha a los precios de otros bienes y servicios de la canasta básica que garantizan la calidad de vida de los mexicanos. Bazzinga. Les mintieron.

Como cualquier mercado, si subes el precio de algo, se consume menos. Si subimos el precio de la mano de obra, se contratará menos gente, por menos horas, se automatizarán más procesos, o peor aún: se les pagará por fuera, enviándolos a la economía informal. Cruel e insensible. Al empresario que no le alcance para pagar el nuevo salario mínimo, hablará con su trabajador con un mensaje bien sencillo: o te pago lo que cobrabas antes, pero ahora en efectivo, o te vas. Hermosa autoasfixia. Peor en un periodo de crisis, cuando por definición, hay menos ingresos para todos, y menos posibilidades de incrementar los salarios. AAGGGHHHH!!!

  • Creer que los programas sociales generan empleos y la robotización de la producción no .

En Oaxaca el Presidente inauguró un camino rural, mientras atacó a las empresas por utilizar alta tecnología en sus procesos y robarle el trabajo a la gente. Claramente AMLO tiene razón. Todos vimos Terminator y The Matrix para saber que las máquinas terminarán por rebelarse y esclavizarnos a nosotros. Utilizar las máquinas para hacer lo que nosotros no queremos o nos tardamos más solamente tiene un caso de éxito: Robotina en los Supersónicos, y es debatible el posible caso de explotación maquinal.

Lo que el Presidente prefiere son muchos empleos de subsistencia a fomentar los trabajos bien pagados. Olvidar que el salario real va asociado a la productividad, es complacerse con la pobreza eterna. Siempre es más fácil autoflagelarnos con decir que somos un país pobre, a buscar reducir la brecha salarial entre los sectores de la población.

Mientras sigamos negando la necesidad de invertir en desarrollo tecnológico, investigación y fomentar el registro de patentes nuevas, seguiremos pobres pero felices, esperando el último apretón de pescuezo que termine por sacarnos el aliento final. Luego nos quejaremos que otros países ya nos rebasaron y los tacharemos de neoliberales. Malditos países del sureste asiático. Tan bien que íbamos y vienen a arruinar todo con su crecimiento de 5 o 6% anual.  

Sin ánimo de ser pesimista, nos espera un año en el que la economía estará conectado a un respirador Ehécatl 4T (patente pendiente). Ya sabemos cómo va a acabar. Háganle un favor a su yo del futuro y compren dólares, luego me agradecen.