Anosognosia (Griego. A prefijo privativo; nosos, enfermedad; gnosis conocimiento):  Patología neurológica de una persona que no es capaz de identificar sus propias limitaciones, disfunciones o enfermedad.

En corto, la incapacidad de saberse incapaz. ¿Les suena familiar? ¿Dónde habremos escuchado frases como "ya se domó la pandemia", "no hay crisis, hay bienestar", "no hay violencia intrafamiliar, hay reencuentro y fraternidad"?

La semana pasada le dediqué este espacio a cuestionar la falta de medidas reales para poder hacer frente a la pandemia ocasionada por el Covid 19. Sin embargo, si México logra aplanar la curva antes que el resto del mundo encuentre una vacuna y podemos regresar a la actividad económica, la realidad que nos espera no es alentadora.

En 18 meses, AMLO le ha hecho a la economía lo que Kurt Cobain a su cabeza. Pocos pueden debatir que nuestro país ya se encontraba en recesión desde antes de la entrada del Covid 19. Sin embargo, el golpe que la pandemia propinó a quienes producen y aportan a la economía, fue devastador. Las cifras oficiales reportan que solamente durante abril, se perdieron 555,000 empleos formales. El Inegi calcula que si incluimos al empleo informal en la contabilidad, más de 12 millones de hogares perdieron su ingreso a raíz de la pandemia. La respuesta anosognóstica: crearemos 2 millones de empleos nuevos durante 2020.

Ahora bien, los emprendedores este año, ya son una especie en peligro de extinción. No solamente nos encontramos ante un Gobierno que mediante votaciones a mano alzada detienen inversiones millonarias, lapidando cualquier certeza jurídica que se le pueda dar a quienes arriesgan su capital. Aun las proyecciones más conservadoras calculan que la economía mexicana se contraerá un 7-8%.


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La baja en el consumo ha ocasionado que miles de empresarios cierren o tengan que despedir personal. Quienes conozcan a algún restaurantero, peluquero, dueño de gimnasio o cualquier actividad no esencial, tienen la misma cara que los conejitos cuando los persiguen los lobos en el Animal Planet. La respuesta anosognóstica: dejaremos de medir la economía con el PIB. Si las empresas quiebran, deben asumir la responsabilidad.   

Último dato. El CONEVAL pronostica que al finalizar 2020, México tendrá al menos 9 millones más de personas en situación de pobreza. Aquí el caso más trágico es para los que menos tienen. Es evidente que las personas que viven al día no pueden darse el lujo de seguir las reglas de confinamiento. Si no salen a trabajar, no comen.

Muchas de ellas están se encuentran en las zonas rurales y su periferia, donde la actividad no se ha detenido. Sin embargo, los pobres urbanos son expuestos a diario por un Gobierno irresponsable que no ha logrado implementar una sola política pública de emergencia económica. ¿Créditos a la palabra? ¡Por favor!, los pobres extremos no están bancarizados. El paciente anosongnóstico solamente atinó a decir que el pueblo está feliz, hay bienestar espiritual.  

No sé cuándo saldremos de la crisis sanitaria. Lo que sí me queda claro es que cuando salgamos, la famosa nueva normalidad se desarrollará en un entorno de más pobreza, menos empleo y pocos pronósticos de mejora. Cuando por fin podamos salir a caminar, nos daremos cuenta que nuestra taquería de confianza cerró, que al hijo de algún conocido lo sacaron de la universidad por no poder seguir pagando, que alguien perdió su departamento por entrar en default con su crédito hipotecario.

La tormenta sanitaria solamente nos ha llevado a otra tormenta, de la cual nos tomará al menos lo que resta del sexenio para recuperarnos. Las autoridades tienen un abanico de opciones que no han querido ocupar. Durante lo largo de la cuarentena, muchas de esas ideas parecen viejas. Fueron desechadas por el Gobierno por venir de un espectro ideológico distinto. Las cámaras empresariales propusieron diferir pagos de impuestos y cuotas obrero-patronales.


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También pidieron un programa de salario solidario, donde el gobierno aporta una parte y ellos otra, con el objetivo de no despedir a nadie y que estos empleados no pierdan seguridad social en el momento que más necesitan tener un hospital gratuito. Senadores de oposición propusieron el ingreso básico universal, que no es otra cosa que una renta a la que todos los mexicanos podrían tener acceso para poder mantenerse hasta que se reactive la economía nuevamente. El gobierno no puede ser menos empático con quienes han pagado impuestos por décadas para financiar los programas sociales a fondo perdido. Hoy ellos necesitan de estos programas y lo que recibieron a cambio fue el silencio de quien es incapaz de darse cuenta que esta enfermedad también le afecta.

Como lo dijo el Subsecretario de Gobernación Ricardo Peralta a las víctimas de violencia del país, "a chillidos de marrano, oídos de chicharronero". Así ha sido la respuesta del Gobierno federal también a los empresarios, a los desempleados y a los nuevos pobres. Ellos tienen una agenda, y todo lo que se separe un milímetro de esa visión, es considerada oposición y debe ser combatida, sin un nanosegundo previo de reflexión. ¿Son viables las propuestas de reactivación económica? Sin duda. El ingreso básico universal costaría aproximadamente 450 mil millones de pesos.

Tan sólo durante el primer trimestre del año Pemex perdió 562 mil millones, boquete presupuestal que tuvo que ser subsanado con ingresos de otras partidas. Al momento de escribir este texto, nos enteramos que algún tecnócrata disfrazado de egresado de la UACM le explicó a AMLO que para continuar con los proyectos y los programas electoreros tendrá que romper una de sus principales promesas de campaña y bandera política: no endeudar al país. El crédito obtenido con el Banco Mundial por mil millones de pesos no es sino un paliativo para el tamaño del problema.  

Pemex está en agonía, los ingresos públicos del próximo año, dependen en gran medida de la producción privada de este y los compromisos de gasto aumentan. Si la mayoría de sus empresarios quiebran, se recauda menos ISR. Si la gente pierde su empleo, consume menos y se recauda menos IVA. Si hay más nuevos pobres a quienes subsidiar, nos encontramos en el peor de los escenarios para hacerle frente a las nuevas obligaciones constitucionales, ya que habrá más potenciales beneficiarios y menos ingresos. Andrés Manuel tendrá que decidir en noviembre, al elaborar su propuesta de Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos, cuál promesa va a incumplir: a) no aumentar impuestos; b) no endeudarse (otra vez); c) no eliminar programas sociales o cancelar los macro proyectos como Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya. Por primera vez en este sexenio, el presidente sabe en carne propia lo que están sufriendo millones de familias en México: para todo no alcanza.