Si bien es cierto que hoy nos encontramos de frente con un desabasto sanitario, también lo es que esto no inició hoy. Es una triste realidad que enfrenta el mundo, un mundo que cambió sus formas de convivencia por estructuras de trabajo – dinero, donde la diferencia de clases se agudizaba aunque se diera de manera invisible y los sucesos por más deleznables que fueran se nos empezaron a hacer costumbre; entonces la sociedad se vio obligada a resistir, a sobrevivir con todo y las carencias que derivaban en enfermedades cada vez más graves, y peor aún sin ningún antídoto, como tampoco el resurgimiento de un sistema más humano en términos económicos.

Pareciera que el tiempo nos alcanzó y junto con eso todos los agravios cometidos por la invención de unos cuantos que se creían dueños de algo que por naturaleza no debe tener dueño ni mordaza, y eso es la vida. Hoy pareciera que está más que claro que la vida tiene precio, o peor aún tiene un principio y un final, en manos de otros y no de las propias.

Así pues, hemos dicho que la crisis sanitaria es una realidad y su solución depende de los que dirigen el país, con la colaboración por supuesto de la sociedad, de la inmensa mayoría que es la sociedad. Esta crisis que pareciera mentira es notorio que no lo es, también es una desgracia constante ya que trae aparejada la silenciosa y mortal economía, esa que construye y destruye seres, grupos, sociedades y Gobiernos por supuesto.


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Y es que la sacudida que nos acabamos de llevar a nivel mundial no puede ser más que el origen de una transformación, ya que la economía mundial por supuesto fracasó; y lo decimos contundentemente, porque si no la crisis sanitaria no estaría en las condiciones en las que está, pero tampoco la desigualdad social y económica en la que opera la sociedad en general.

Hoy en nuestro país más del 50% de la sociedad está en la economía informal y casi al 60% se le identifica en extrema pobreza o pobreza; es decir, el modelo económico mexicano es un desastre o mejor dicho una desgracia; un modelo acomodaticio a las necesidades del poder o de los poderosos, y no al desarrollo social y humano.

Es cierto, hoy nos urge la unidad, nos urge la solidaridad, nos urgen las acciones responsables, pero ¿cuándo se detuvieron a enquistar esas enseñanzas o esas actitudes en la sociedad?, si hasta los dichos se hicieron famosos como el de “mientras coma yo y mis dientes que coman mierda mis parientes” o el de “primero yo, después yo y al final yo”. Así pues, tenemos una sociedad desasociada, reeducada a la costumbre y no al asombro, a la obediencia y no a la creatividad, a la muerte y no a la vida.

En México como en el mundo deberíamos de estar hartos de estar en crisis, eso debería ser una fase financiera o económica pasajera y no una forma de vida; hoy el modelo debe cambiar y nosotros como sociedad también, recuperando formas de producción más cercanas, tangibles y humanas, así como conductas sociales más igualitarias y solidarias, rescatando valores y principios que nos definan y no nos denigren como seres. La crisis mutó y sin una sociedad incorporada al nuevo modelo económico de los gobernantes no tendrá un fin satisfactorio.


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Acuerdo nacional que reivindique la agenda histórica pendiente y urgente

Desde hace décadas se ha planteado en sus diferentes versiones la imperiosa necesidad de redefinir o crear un nuevo pacto social; sin embargo, hoy, ante la situación que prevalece, es fundamental darle vida a un gran acuerdo nacional con las dimensiones en las que nos encontramos inmersos; es decir, nuestra realidad nos deja claro que las agendas económica, política y social no sólo deben caminar de la mano con su justo accionar, si no que de cierto modo son interdependientes, y además se convierten en el verdadero sustento de la gobernabilidad y desarrollo en cualquier parte del mundo.

Es indispensable incorporar y reconocer al medio ambiente con sus mares y desiertos, así como sus montañas y llanuras, pero también a sus pobladores y tradiciones; así mismo es fundamental determinar su real desarrollo para su posible explotación.  

La situación económica pasa por realidades tales como la de que un porcentaje mayor de la población es el que se mueve fuera de la formalidad, es decir no existe manera de hacerlos beneficiarios de apoyos económicos por ser prácticamente invisibles, aunque por ellos también es que existe movimiento económico. De tal suerte, no podemos ignorar nuestra realidad donde perversamente la consecuencia es coercitiva hacia los que no tienen forma de comprobar su situación hacendaria, y por otro lado seguir observando una política económica discriminatoria, es decir a los micro y pequeños, sobre todo, pero también a los medianos empresarios, contemplarlos con las migajas y no convertirlos en una bandera de trabajo y consolidación.


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Tomar “el toro por los cuernos” obliga a pensar un nuevo modelo que retome la agenda pendiente, que es histórica y urgente para cualquier país, pero sobre todo para los que se encuentran en desarrollo. Como columna vertebral creo que debe pensarse en un RESCATE SOCIAL de la sociedad en su conjunto, no de sociedades mercantiles ni de pueblo segmentado o una parte de la sociedad, si no de crear un verdadero rescate poniendo al Gobierno por delante de las instituciones financieras y sus gobernados, ya que la situación económica del país se agudizó o paralizó en esta crisis, pero eso no significa que no estuviéramos inmersos ya en una crisis económica.

Por ende, el rescate social que se propone debe ser observado, analizado y ejecutado por un grupo de técnicos, operativos y creativos convencidos de sacar adelante un gran número de personas sumergidas en una de las más grandes crisis sociales con todos sus agravantes por su inexistente economía, ya que seguramente enfrentaremos mayor desempleo y evidentemente mayor necesidad de vivienda por el hacinamiento de éstas. Es decir, las deudas adquiridas en vivienda por la falta de pago obligaron al nuevo hacinamiento en las mismas, degenerando la convivencia social de manera muy rápida y violenta.

La educación no se queda atrás, mientras el escenario de becas parecía de alguna manera eficiente, y el financiamiento en escuelas privadas parecía resolver, hoy prácticamente se fueron al carajo estas pusilánimes ayudas. Hoy además de la cerrazón de algunas universidades como la Salle, la Anáhuac, la UVM, el TEC, el TEC Milenio, entre otras, que increíblemente no han ofrecido ningún esquema de reincorporación a la vida educativa pagada a los jóvenes, existen presiones de pago totalmente alejadas de la nueva realidad de esta sociedad.

Y es que supuestamente uno de los porcentajes contemplados en el pago de inscripciones y colegiaturas es el uso de la infraestructura, la cual no existe en estos momentos; es decir hay un cobro no sólo irracional si no fraudulento. Aquellos que desde antes se las veían complicadas para pagar o seguían endeudándose, hoy no solo continuarán de mayor manera con esos obstáculos, si no que enfrentarán problemas sociales de todo tipo en sus hogares y trabajos.


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Si de verdad queremos salir unidos de esta desgracia, debemos hacerlo sentando las bases desde ahora ubicando los principales problemas que enfrentaremos como sociedad, pero también como Gobiernos. Esta situación no acaba con el control o desaparición del virus; las secuelas serán tal vez más graves si no actuamos en consecuencia. Por ello es fundamental que:

·         Se cree un fondo que se direccione al campo en su totalidad para revitalizar su oferta-demanda y no se abuse de los consumidores

·         Se suspenda el pago de la deuda externa

·         Se desaparezcan las deudas adquiridas o no pagadas con instituciones financieras, bancos, etc., en el periodo de la pandemia

·         Se prorrateen los pagos escolares ajustados a la realidad de su uso

·         Se apoye la generación de empleo y participación de las micro, pequeñas y medianas empresas

·        Creación de programa de pagos con suspensión y prorrateo de los impuestos federales y locales en el país.

Es indispensable que el Gobierno mexicano se convierta en representante y aliado de su sociedad, y que se entienda que es de todos, para generar condiciones de pago posibles y alcanzables, me refiero a los impuestos.

No habrá regreso en términos económicos, a lo que nos vamos a enfrentar es a una reinserción a un nuevo modelo que empezará a implantarse en el mundo con grandes cambios y apuestas, y por supuesto con grandes triunfos y derrotas; pero éstas se darán por parte de los que de verdad han “pagado su boleto de jugador económico” en el mundo.

Por ende, no perdamos de vista la oportunidad de también nosotros crear nuestro modelo económico mexicano, que le apueste al país y su desarrollo; no porque una gran potencia se ve prácticamente obligada a abrir su país, económicamente hablando, seamos nosotros su conejillo de indias, o peor aún su cómplice incondicional.

¿Acaso alguien ha mentido respecto al grado de infección, enfermedad y mortalidad?, ¿o a alguien no le salen los números lógicos de tiempo? ¡No por favor!, que se entienda, claro que todos estamos hasta la madre del encierro, pero estamos más angustiados de ver cómo ante la gran oportunidad de fortalecernos internamente, pareciera que es mayor el deseo de la subordinación a la innovación. No por madrugar amanece más temprano, estamos en tiempo de prepararnos correctamente, no lo echen a perder.