Cuando alguien desaparece, la esperanza es lo único que queda a los seres queridos de las personas desaparecidas, y es esa su herramienta más poderosa: es la esperanza lo que perdura para reencontrarse con alguien que no está, y lo que alienta el coraje para continuar en su búsqueda.

Quienes han enfrentado la desaparición de algún ser querido conocen el dolor inmenso que llena sus corazones y los obstáculos que deben enfrentar día a día. No podemos permitir que el Estado acabe con los sueños de reencuentro.

He afirmado lo anterior en varias ocasiones, porque es la realidad a la que se enfrentan las personas que rodeaban a quienes desaparecen… Son estas las víctimas indirectas que todo mundo olvida.


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Se olvida que la víctima no sólo es la persona sustraída, lo son también las parejas, amistades y familiares. Estas personas que, con todo su dolor a cuestas, deben resolver lo inmediato. Muchas veces las personas desaparecidas eran el sostén económico o proveedores importantes en sus hogares; por lo cual sus familias tienen que resolver su situación financiera en medio de su tragedia.

presenté una iniciativa de Ley, que espero llegue a buen puerto muy pronto. Esta propuesta permitirá realizar una Declaratoria Especial de Ausencia para personas desaparecidas en la Ciudad de México, de manera que las y los familiares de éstas puedan ejercer derechos asociados a la víctima directa, es decir, mantener la seguridad social, acceder a recursos económicos, realizar el cobro de pensiones, gozar de bienes y garantizar su patrimonio, entre otros derechos que se ven truncados ante la desaparición de dicho ser.


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Entre 2008 y 2018 en la Ciudad de México se reportaron 744 casos de personas desaparecidas, y más recientemente, con datos del Registro Nacional de Víctimas de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas se registraron 34 personas por desaparición forzada y dos por desaparición cometida por particulares. Son cientos de historias de familias devastadas.

A diferencia de otros instrumentos legales, esta iniciativa tiene su valor en la presunción de vida y la continuidad de la personalidad jurídica de la víctima directa. Es decir, damos voz a su demanda más sentida: encontrarlos con vida; reconociendo así todos los derechos y beneficios que ganaron a lo largo de los años hasta el justo momento de su desaparición.


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La desaparición es un delito de alto impacto, que genera daño en la sociedad en su conjunto, atenta contra el tejido social y la estabilidad, por eso es fundamental brindar certidumbre y esperanza a quienes no descansan ni día ni noche por encontrar con vida a ese ser querido.

El Estado debe ser su aliado y mantener la presunción de vida como una bandera de acompañamiento a las víctimas indirectas de desaparición, al tiempo que mantienen la esperanza de reencontrarse con sus seres queridos desaparecidos.

¡Porque vivas y vivos se los llevaron, #VivasyVivosLesQueremos!