El desarrollo de las instituciones es en realidad una REVOLUCIÓN silenciosa, pero necesaria para el crecimiento sostenido de la Ciudad de México. En nuestra ciudad, donde persisten desigualdades económicas y necesidades sociales insatisfechas, los Gobiernos intentan formular y ejecutar políticas públicas de manera eficiente, eficaz y transparente en beneficio de sus ciudadanos.

Para lograrlo necesitan de “La gestión por resultados” como nuevo paradigma de la gestión pública, que priorice y facilite el logro de objetivos de desarrollo en vez del mero cumplimiento de procedimientos legales y administrativos. La gestión por resultados es el área de oportunidad para los alcaldes y alcaldesas de la Ciudad de México.

Sin duda, la gestión por resultados comienza a arraigarse en nuestro país. El presupuesto orientado a resultados es una corriente con instrumental propio. Un presupuesto que se fundamenta en principios modernos de gestión y de toma de decisiones, basada en evidencias, puede ser el motor que conduzca a mejoras en los servicios públicos. Muchos países han comprendido este potencial y han pasado inclusive de la imitación de  experiencias de otros países desarrollados a la adaptación e innovación.

A pesar de los esfuerzos de muchos, hay Gobiernos que aún apuestan por un presupuesto sin planificar y un gasto improvisado. Las dádivas no han solucionado nada en muchas colonias y barrios, donde los servicios públicos son precarios y la inseguridad es la principal preocupación de los habitantes.


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Tenemos el ejemplo claro del presupuesto 2019 de la alcaldía de Cuajimalpa; mil 756 millones 248 mil pesos, de los que la alcaldía tiene registrados sólo 5 programas o acciones sociales ante el gobierno central.

Alimentar sanamente a mil 230 niñas y niños en edad preescolar cuesta anualmente 9 millones 814 mil pesos. Este programa es exclusivo para niñas y niños inscritos en los CENDIS de la demarcación.

Para apoyar a familias vulnerables, se han destinado 33 millones de pesos, y únicamente 5 mil 500 familias son las beneficiadas, recibiendo 500 pesos al mes. Aunque noble la intención de este programa no es suficiente ni está planeado a largo plazo.

La diferencia entre una entidad rica y una pobre es que una invierte y la otra gasta.


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Destinar más de 30 millones de pesos en roscas de reyes y juguetes, definitivamente no puede ser considerada una inversión. Para una alcaldía en claro rezago educativo y alimentario, juguetes y pan son una burla.

El presupuesto destinado a “Festividades Especiales” es de 33 millones de pesos, lo que significa que el alcalde pudo haber regalado un bicicleta a cada una de las niñas y niños que habitan Cuajimalpa.

Quien espera con ansias la iluminación de su calle o el mantenimiento de la red de agua potable se siente decepcionado al saber que con ese dinero el alcalde pudo realizar obras de impacto y no regalos para la foto publicitaria. Banquetas, taludes, vialidades secundarias serían una real inversión, por ser obras tan necesarias.

La gestión por resultados y el presupuesto basado en indicadores es algo que deben entender con urgencia los funcionarios encargados de la Planeación del Desarrollo en Cuajimalpa de Morelos, y en todas las entidades del país. No basta la buena fe, hay que actuar con conocimiento de las repercusiones que trae el mal uso de los recursos y la confianza de que no pasa nada si se malogra.

Los presupuestos deben hacerse y comprenderse a fondo, porque constituyen el proceso que garantiza la gestión púbica, en todas sus modalidades. Un presupuesto bien estructurado permite, en principio, darle sentido estratégico, coherencia y cohesión al sector público.

La interminable lista de improvisaciones y la falta de seguimiento puntual de cada objetivo han costado el retroceso que sigue dejando muchos males a los ciudadanos, como la inseguridad, la falta de oportunidades de trabajo, la falta de una buena educación y atención a nuestras nuevas generaciones que son el verdadero tesoro de México.