Si esto fuera una película de Star Wars, la parte en la que salen las letras amarillas recorriendo la intro hacia arriba rezaría algo tipo:

El Covid-19 se ha apoderado del Planeta Tierra. Mientras los médicos, enfermeras y personal de salud ponen en riesgo sus propias vidas, millones de personas siguen haciendo reuniones y saliendo a la calle. Desde el mes de noviembre, el virus parece más fuerte que nunca, mientras en la República Bananera de Nuevo Venezuela del Norte, Darth AMLO y otros gobiernos populistas desestiman las consecuencias de la pandemia. Cuando el mundo se encuentra más vulnerable, científicos de varios países parecen haber encontrado prototipos de vacunas en tiempo récord…

Tan, tan tan taaaaaan, tan…chan chan chan chaaaaaan chan (tararear la icónica canción de John Williams con la que abren todas las películas de la saga).

¿Realmente la vacuna representa una esperanza para resolver todos nuestros males? Perdón mi negatividad, pero considero que no. Al menos no en el corto plazo. Mientras el Gobierno Federal y seguidores entusiastas echan campanas al vuelo por la raquítica cantidad de vacunas que han llegado al país, quienes hemos realizado cálculos matemáticos básicos, nos damos cuenta que nuestras posibilidades de ser inmunizados durante 2021 son ínfimas.  

Para empezar, a ciencia cierta no sabemos cuántas vacunas van a llegar ni cuándo. Los contratos referentes a la adquisición fueron reservados por 5 años, por lo que tendremos que confiar en la palabra de quien dirige las mañaneras. Sin embargo, las contradicciones se dan todos los días. Mientras el Canciller Ebrard asegura una cosa, la Secretaría de Salud declara otra, y el Palacio Nacional una distinta. Las cifras no cuadran, y al menos con la evidencia que tenemos en mano, nuestra esperanza de recibir una vacuna, es similar a la de los enfermos que tienen turno del IMSS para ser atendidos en 2022.

Es evidente que la entrega de vacunas a cada país va en función de la producción de las mismas. Sin embargo, al haber reservado la información de los contratos, jamás sabremos si nos mandaron a la fila, o si nos dieron prioridad. Hasta ahora, México ha recibido 766 mil 350 dosis de la vacuna. El 2 de diciembre de 2020, el Secretario Jorge Alcocer aseguró que México había adquirido 34.4 millones de dosis de Pfizer. Ese mismo día, declaró que antes de terminar enero, México contaría con 1.4 millones de vacunas. En la realidad, llegaron más o menos la mitad. Así que usted calcúlele.

 En uno de los shows de stand-up mañaneros, se nos explicó que México había aceptado recibir menos vacunas en solidaridad con los países pobres. Quienes somos malpensados, creemos que lo anterior fue una machincuepa discursiva para justificar que por ahora las recibiremos a cuentagotas, y en el mejor de los casos, llegará el grueso del embarque muy tarde en el año.

El 29 de enero, el Subsecretario López-Gatell nos presumió que se habían aplicado 3 mil 565 dosis de la vacuna ese día, sumando 662 mil 217 desde el primer embarque recibido. Sin embargo, esta cifra es muy distinta a la que anunció el 8 de diciembre, cuando el mismo López-Gatell afirmó que el protocolo de logística contemplaba aplicar 8 mil vacunas al día. ¿Y eso es poquito o mucho?

En términos reales, no es nada. Síganme en este bonito viaje hacia el ridículo: 8 mil vacunas x 365 días del año = 2 millones 920 mil. Ah, pero hay que dar dos dosis, entonces al ritmo prometido alcanza para vacunar a 1 millón 460 mil personas al año. En el censo del INEGI que acaba de salir del horno, se anunció que somos 126 millones de mexicanos. Si dividimos 126 millones entre el millón 460 mil, nos tomaría 86.3 años vacunar a todos. En serio, saquen su calculadora e inténtenlo. Sí da. Y ese cálculo es con la promesa de vacunar 8 mil personas, cuando en la realidad estamos promediando menos de 3 mil. Estimado lector, aquí usted puede introducir el meme de la viejita de Titanic que dice “han pasado 84 años…”.

Si quieren ver el vaso medio lleno, entonces argumentemos que lo anterior solamente representa lo que se aplicaría de una vacuna. Específicamente, hablamos de la del laboratorio que hace la pastillita azul de Pelé. Todavía nos quedan AstraZeneca (que el tío Slim ayudó a financiar), Sputnik V (mejor conocida como Spunits en el Palacio Nacional. Vean el video, si no lo han hecho. Épico) y ni hablar todavía de Moderna, Sinovac, Johnson & Johnson y CanSino, que van más atrasados o han reportado menores índices de efectividad.

Ya, último dato. Si queremos vacunar a la población mexicana durante 2021, deberíamos aplicar 690 mil dosis diarias. Hasta el día de hoy, solamente el Reino Unido se ha acercado a esa cifra en el record diario. ¿Se nos fue la esperanza?

Estimado lector, si usted no es adulto mayor, vaya haciéndose la idea que este año no le toca vacuna. Aun suponiendo que las 34 millones de dosis que México compró a Pfizer lleguen pronto, esas alcanzan para inmunizar a 17 millones de personas. De acuerdo al último censo del INEGI, existen más de 15 millones de personas mayores a 60 años. El 19 de enero AMLO prometió vacunar a todos los adultos mayores antes del 31 de marzo. Apuesto un riñón a que no llegamos ni a la mitad, así que más nos vale hacer una reunión de Zoom para tomarnos virtualmente de las manos y hacer cadena de oración para que AstraZeneca nos mande toneladas de dosis, o que la Spunits sí sirva, o que la vacuna china no traiga un virus nuevo…ahh y si usted es raro y está leyendo esto con menos de 16 años cumplidos, le informo que ninguna vacuna tiene protocolo infantil. Pero que no cunda el pánico, ya viene la inmunidad del rebaño. Y me refiero al término científico, para que ninguno de los seguidores del populista mayor se sientan aludidos y me metan una queja en la Conapred