En la elección de diputaciones (tanto federales como locales) del pasado 6 de junio, el retroceso en las urnas sufrido por los partidos afines al Gobierno, sólo cobra sentido cuando deja de ser un mero dato cuantitativo y se traduce en elementos cualitativos.

En efecto, en 2018, los partidos afines a López Obrador (Morena, PT, PES) sumaron 307 diputaciones federales, a las que luego se añadieron los diputados del PVEM (16) y algunos diputados más del PRD. Los diputados progobiernistas tenían más de las dos terceras partes de la Cámara de Diputados, y ello se veía reflejado en las votaciones en el pleno, en los órganos de gobierno de la Cámara, en la distribución de comisiones, etc. Pero luego de la elección de 2021, las diputaciones progobiernistas (Morena, PT, PVEM) sólo llegaron a 278, lo que implicó una reconfiguración en los órganos de gobierno y en la distribución de comisiones.

Si de 2018 a 2021 hubo un retroceso del oficialismo, y en consecuencia, un avance de la oposición, resulta incomprensible que tal avance no se vea reflejado, cualitativamente, en la integración de comisiones en San Lázaro, y por el contrario, la segunda fuerza política –el PAN– que ahora tiene más diputados que la legislatura anterior (pasó de 80 en 2018, a 114 en 2021), ha retrocedido cualitativamente respecto de las comisiones que preside. Y es que la Comisión más importante que tuvo en la anterior legislatura, la de Hacienda, ya no es presidida por ese partido, sino por el PVEM (aliado al gobierno).

Hay quienes sostienen que el PAN ganó al quedarse con la Comisión de Transparencia y Anticorrupción, sin embargo, esta comisión tiene menos atribuciones de las que la oposición quisiera; por ejemplo, no participa en el proceso de designación de Comisionados del INAI, pues ésta es una atribución sólo del Senado. Algo similar sucedió con el PRI y la Comisión de Gobernación, presidida por Alejandro Moreno ("Alito"), pues a esa Comisión le han ´rasurado´ la atribución de conocer de uno de los temas más relevantes que le correspondían: la materia electoral, pues se creó una Comisión específica para este tema; no obstante, en el caso del PRI el avance cualitativo sí existe, pues ahora presiden también la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación, que en la Legislatura anterior encabezaba MC. Crecimiento cuantitativo de la oposición en San Lázaro, pero no cualitativo para el PAN y las maniobras del PRIMOR en escaramuzas legislativas.

Por lo que hace al ámbito local, en el Congreso de la Ciudad de México la historia ha sido distinta. Si bien –al igual que en San Lázaro– los diputados afines al Gobierno siguen siendo mayoría (34 de 66, más un diputado electo por el PRD que terminó del lado del oficialismo), en el reparto de Comisiones realizada apenas la semana pasada, la oposición se ha quedado con las presidencias de varias de las comisiones más importantes y que anteriormente eran de Morena, por ejemplo: el PAN presidirá Puntos Constitucionales e Iniciativas Ciudadanas, así como Transparencia y Combate a la Corrupción (aquí sí participa esta comisión en los nombramientos de los comisionados); el PRI presidirá la comisión de Alcaldías, así como la de Medio Ambiente; en tanto que el PRD presidirá Desarrollo e Infraestructura Urbana y también Normatividad Legislativa.

En suma, en el Congreso de la Ciudad de México sí hubo un crecimiento no sólo cuantitativo, sino también cualitativo de la oposición; y cobra relevancia el hecho de que, ni el Gobierno ni Morena, lograron debilitar al PAN ni arrebatarle una sola Comisión que no hubiese estado dispuesto a intercambiar.

Pero además de lo anterior, en la integración de las comisiones del Congreso capitalino hay un fenómeno político que quiero destacar. Ha sido esta la primera vez que ha aplicado la reelección legislativa (28 de los 66 diputados y diputadas hemos sido reelectos). Desde luego que la reelección implica la ampliación en el ejercicio de un derecho político – electoral de quienes nos hemos postulado (voto pasivo); pero además, la reelección es también la ampliación en el ejercicio de un derecho de la ciudadanía para premiar o castigar a sus representantes (voto activo). La reelección sólo tiene sentido si logra el objetivo de profesionalizar la labor parlamentaria, para que los legisladores sean eficaces en el cumplimiento de su función, y en consecuencia, hagan del Poder Legislativo un verdadero contrapeso al Poder Ejecutivo, para fortalecer así el modelo democrático y republicano de división de poderes. La reelección debe evitar la improvisación legislativa, "inventar el agua tibia" cada tres años. Mayor profesionalización y experiencia de las y los legisladores debe traducirse en un mejor desempeño legislativo, en mejores leyes y en un mejor control y vigilancia del gobierno.

Pero contrario al objetivo primigenio de la reelección, la mayoría de las diputadas y diputados de Morena que han sido reelectos, sí buscan "inventar el agua tibia" y comenzar de cero, respecto de las comisiones que presiden. Aquí algunos ejemplos: el diputado Marco Antonio Temístocles Villanueva prefirió dejar la muy importante Comisión de Derechos Humanos, para presidir una comisión de perfil meramente político, la Comisión de Asuntos Político – Electorales; Marisela Zúñiga dejó de presidir de la Comisión de Inclusión y Bienestar Social, para presidir la de Derechos Humanos; Alberto Martínez Urincho pasó de presidir la Comisión de Normatividad Legislativa, a presidir la de Inclusión y Bienestar Social; Carlos Hernández Mirón paso de presidir el Comité de Atención y Quejas Ciudadanas, a presidir la Comisión de Hacienda; Guadalupe Chávez pasa de presidir la Comisión de Pueblos y Barrios Originarios, a presidir la de Rendición de Cuentas y Vigilancia; Nazario Norberto pasa de presidir la Comisión de Puntos Constitucionales, a presidir la Comisión de Seguridad.

En contraparte, en Acción Nacional, hemos entendido claramente que la reelección significa profesionalización para mejorar al Congreso, por eso la mayoría de las diputadas y diputados que hemos tenido el privilegio de reelegirnos, hemos continuado presidiendo las mismas comisiones de la legislatura anterior: América Rangel, Desarrollo Metropolitano; Héctor Barrera, Protección Civil; Gabriela Salido, Espacio Público; y quien esto escribe, continúa al frente de la Comisión de Planeación. Y al respecto de la Comisión de Planeación, por Morena sólo Marisela Zúñiga continuará en la misma, a diferencia de Martha Ávila, Alberto Martínez Urincho, Nazario Norberto, Isabela Rosales y Temístocles Villanueva.

En contraste con las diputadas y diputados del PAN, las diputadas y diputados de Morena simplemente no pueden dejar de ver a las comisiones legislativas como cuotas, espacios de poder que se reparten sólo con cálculos políticos. A quienes entienden así a las comisiones legislativas, resulta difícil explicarles por qué la reelección no es sólo un derecho del político, sino fundamentalmente, es un derecho del ciudadano. La idea de reelegir a algún legislador es avalar su desempeño legislativo y garantizar su continuidad. No se trata de reelección para la continuidad del "hueso" político, sino para la continuidad de las agendas parlamentarias temáticas y el fortalecimiento institucional del Congreso. Tal pareciera que, en Morena, para la asignación de presidencias de comisiones aplicaron su consabido criterio de la tómbola por encima de la continuidad legislativa y el de los perfiles.