Morena lleva casi un año atorado en la disputa y la judicialización de su vida interna. Y no han sido pocas las voces que, de forma reiterada, hemos pedido a los liderazgos institucionales encontrar una ruta acordada para salir de la crisis.

El pasado Consejo Nacional del partido, celebrado el domingo 12 de junio, evidenció que no estamos achicando las posibilidades de un nuevo conflicto. Todo lo contrario, estamos profundizando los diferendos que iniciaron en agosto de 2019 (fecha de la publicación de la convocatoria para el proceso de renovación).

El Consejo Nacional eligió, de forma muy accidentada, a la Comisión que se encargará de hacer cumplir la sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación con respecto a la renovación de la Presidencia y Secretaría General del Comité Ejecutivo Nacional (CEN).

Fue elegida una Comisión de Encuestas, integrada por una terna que tuvo el intenso cabildeo de una de las aspirantes a presidir el CEN. Aunado a la ausencia notable de consejeros nacionales en la sesión que debía ser el principio de la salida de la pugna.


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Pero ya sea que se realicen asambleas distritales como marca el estatuto, o bien, una encuesta por exigencia del tribunal electoral, lo cierto es que todo proceso de renovación fracasará sino le antecede el diálogo y el oficio político. 

Hay una renuencia evidente y constante de parte de varias figuras de la dirección nacional en sostener dicho diálogo en aras de un falso y contraproducente “purismo”.

El proceso interno no lo conciben como una oportunidad de abordar las reformas necesarias al partido o la discusión de su plataforma, sino como una especie de cruzada para marginar, liquidar o atropellar liderazgos y equipos que no están subordinados. Una concepción, por decirlo suave, maniquea e intransigente.

Lo que cabe esperar de la Comisión de Encuestas es que, a pesar del cabildeo a su favor de parte de una de las interesadas en la contienda, se conduzca con total imparcialidad. En diálogo permanente con todos los actores, sin vetos, sesgos ni consignas. Es decir, poniendo el oficio político que ha hecho falta.

Si ello no ocurre, estaremos ante nuevos episodios de judicialización y confrontación a las puertas del importantísimo proceso electoral de 2021.

Aspiro, deseo, una dirigencia que le anime la necesidad de construir las posibilidades de triunfo electoral, y no el capricho de la revancha.