México ha vivido varios episodios trágicos, pero en especial la Zona Metropolitana del Valle de México, tristemente, se lleva las palmas. El 28 de julio de 1957 el Ángel de la Independencia cayó por un fuerte movimiento telúrico, el 19 de septiembre de 1985 la ciudad quedó confundida y con cientos de edificios destrozados y el 19 de septiembre de 2017 el miedo se volvió a apoderar de la Ciudad.

Otro evento que nos afectó fuertemente fue la cadena de explosiones de San Juan Ixhuatepec en 1984, conocida como “La explosión de San Juanico”, acontecida en Tlalnepantla, en la zona Metropolitana, que nos recordó que las habitaciones humanas no pueden cohabitar con grandes industrias y menos de gas. Podríamos irnos a épocas más lejanas y encontraremos que las inundaciones graves ya estaban presentes en el Valle de México, ya que estar en las faldas de la montañas que lo rodean, genera que nuestra ciudad sea una especie de cazuela, antes con grandes lagos y después con grandes inundaciones.

Esta gran cazuela, que debió estar limitada por las montañas, creció de manera desbordada y sin dirección y esto sucede aún en la actualidad, ya que es el epicentro de una hiper actividad económica. Es un imán para quienes quieren hacer negocios, ya que en poco espacio están concentrados los tres poderes que rigen a nuestro país: legislativo, ejecutivo y judicial, además de muchos de los poderes económicos. concentrando por esto una gran cantidad de población y de asuntos.

Pero es que nadie esperaba que nuestra ciudad creciera tanto y cuando decimos nadie, nos referimos a las autoridades responsables de proyectar el crecimiento de la ciudad. Simplemente o no se proyectó o ni siquiera se consideró hacer esa proyección, lo que da a la postre una ciudad desorganizada en sus calles, en su distribución habitacional, en la distribución de servicios. Si se considera que el trazado de las calles fue haciéndose conforme se las iba necesitando, al establecerse los asentamientos irregulares o al contentillo del delegado en turno, se entenderá por qué nuestra ciudad es hoy un gran laberinto de cemento, lo que hace muy compleja la convivencia armónica para sus habitantes y para sus Gobiernos.


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Es preocupante que más de 22 millones de ciudadanos vivamos en un desorden en la Zona Metropolitana, en esta cazuela desbordada por casas, edificios, escuelas etcétera, pero más preocupante, es la flaqueza de nuestro sistema de protección civil que -con la amplia definición que hoy debemos considerar, para ajustarla a la actual pandemia- no es profesional. No hay la menor intención de hacer un gran atlas para mitigar o para poder actuar en casos de emergencia. Simplemente el brazo de las decisiones políticas y administrativas centralizadas, no alcanza a la mayor parte de las zonas.

Pero … ¿y si decidimos que un equipo que tiene respeto por la sociedad, además de instalaciones y vehículos en cada municipio, personal medianamente preparado para ciertos casos de prevención de accidentes, como son los bomberos, puedan introducirse de lleno al trabajo de las alcaldías y de los estados, no como mero trámite administrativo de consulta o visto bueno y si como autoridad, para hacer el altas de protección civil de la zona metropolitana y año con año ejecute medidas que nos ayuden a organizarnos mejor y así enfrentar las futuras contingencias? se que es una pregunta muy larga y la reflexión también debe serlo.

Tomemos de una vez por todas una decisión fundamental, por el bien de los habitantes de la zona metropolitana, para que programáticamente conquistemos espacios en pro de la protección de los habitantes, preparándonos para lo que constantemente sufre este territorio: deslaves, explosiones, inundaciones, derrumbes, invasiones, sismos, fugas de gas, robo de combustible, etcétera.


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Pensar que el hoy “Heroico Cuerpo de Bomberos” sea quien tome las riendas en nuestra ciudad y en el Estado de México, sobre las futuras decisiones para proteger a los habitantes de la zona metropolitana puede sonar descabellado. Pero también puede ser una opción, para dejar en manos de expertos, la protección de todos ante los acontecimientos con los que, constantemente, la naturaleza nos embate. Por supuesto que habría que reforzar al Heroico Cuerpo de Bomberos con una nueva legislación, personal más calificado y más presupuesto.

Habría también que eliminar tantas áreas corruptas de la administración pública, municipal y estatal, que han permitido el desarrollo urbano tan accidentado pues su fin estaba basado solo en cuestiones económicas y podríamos así dar paso a las opiniones técnicas basadas en el bien común, en el bien de la sociedad. Hay muchos estudios, hay muchas organizaciones pero ninguna con la fuerza para imponer un orden que a gritos, en algunos casos de auxilio, se escuchan en nuestra Zona Metropolitana

No es correcto, no es justo, que las nuevas generaciones crezcan en una Zona Metropolitana tan vulnerable ante las emergencias. No es correcto que el laberinto de cemento este condenado a ser un laberinto eterno. Tomemos una decisión que nos coloque en la ruta correcta del orden y el cuidado a la población.