En este espacio hemos planteado como las condiciones generadas por la pandemia nos obligan a pensar alternativas de desarrollo sostenible. No se trata de encontrar el hilo negro, sino de potenciar y enriquecer vocaciones geográficas y modelos que existentes en la ciudad, pero que en años anteriores no se supieron aprovechar o se dejaron en el olvido.

Hablamos de Atlampa y Vallejo como muestras de ciencia y democracia que se habían pensado antes del Covid-19 y que hoy cobran mayor relevancia como alternativas para la recuperación económica de la ciudad. Ambos casos parten del aprovechamiento planeado y sostenible de zonas con historia, vocación y potencial definidos. Esto pasa en espacios claramente definidos pero ¿cuál sería la propuesta para el resto de la ciudad?

Contrario a lo que se pueda pensar, la CDMX es una de las urbes mas verdes del planeta. Alrededor del 59% de su territorio es suelo de conservación, concentrado en las alcaldías del sur y el poniente. Estos suelos se dividen en bosques, humedales, pastizales y terrenos agrícolas. Estos últimos representan unas 36 mil 500 ha, constituidas por suelos de riego y temporal.

Así que La Ciudad de México tiene un gran potencial agrícola, poco aprovechado y que pudiera significar una importante oportunidad para su desarrollo. El apoyo gubernamental a programas agrícolas, pecunarios o acuicolas, se ha enfocado en dotar recursos, herramientas o capacitación a los productores. Lo anterior, si bien ha fortalecido la organización comunitaria, volumen y diversificación de productos, poco ha podido hacer para que los productores chilangos accedan al mercado capitalino o nacional, limitándose a sus pequeñas localidades.


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En el caso del mercado capitalino, estamos hablando del principal consumidor de alimentos del país y una de las plazas más atractivas para los productores internacionales, en otras palabras, una gran oportunidad de desarrollo desaprovechada. Mas importante aún, son las nuevas tendencias en el consumo de alimentos, sobre todo en las grandes urbes. Ciertos sectores de la sociedad, se inclinan por alimentos saludables, orgánicos y sin químicos u otras sustancias sintéticas. Asociada a esta tendencia, está la búsqueda de productos locales frescos, producidos ecológicamente y que su comercialización sea a partir de modelos de comercio justo. Lo anterior es palpable con la proliferación de tiendas de alimentos naturales y orgánicos, así como en los menús de restaurantes que especifican que sus alimentos fueron preparados con productos que cumplen con estas características. 

Este consumidor informado es exigente y comprometido, pero sobre todo, está dispuesto a pagar más por productos con estos atributos. Estos consumidores empoderados y orientados por nuevos valores están cambiando los patrones de consumo y esto impacta a la forma de producir. 

El agro capitalino puede impactar de manera exitosa este mercado. Es importante continuar con la sustitución de fertilizantes sintéticos por biológicos, así como los procesos de certificación de productos.  Debemos transformar los modelos productivos para adecuarlos a los requisitos de lo orgánico y natural para aprovechar nuestras ventajas competitivas. Lo mismo aplica con los esquemas de comercio justo, donde la CDMX tiene una oportunidad inmejorable de ser su propia proveedora de alimentos y disminuir el número de intermediarios. La garantía de frescura y el no generar huella de carbono son ventajas únicas. De esta manera, la CDMX puede producir alimentos sanos, frescos y con muchos valores agregados, que no sólo los hacen más competitivos, sino que representan un mucho mayor ingreso para sus productores.

La Ciudad de México puede avanzar en mucho hacia la autosuficiencia alimentaria y en este camino beneficiará a miles de familias productoras, garantizará la protección de sus áreas naturales y fomentará la generación de empleos verdes y modelos de economía circular, siempre y cuando se proponga diseñar e implementar planes y proyectos integrales con visión de largo plazo.

*Director General del FES-CDMX y Secretario Técnico del CESA-CDMX