En el marco de la visita del presidente López Obrador a Estados Unidos de Norteamérica, resulta indispensable revisar algunas declaraciones y por supuesto, la agenda que se abordará en su día de trabajo.

Cómo olvidar que en marzo de este año, el presidente de la República decía que sólo en caso de que tuviera dificultad para respirar se haría la prueba de Covid-19, pero si no, no había motivo de alarmarse. Y qué esperar del uso de cubrebocas, en casi cuatro meses de pandemia, ni una sola vez lo ha utilizado, generando incluso desconcierto entre la población.

 Así, con esa irresponsabilidad ha recorrido parte del territorio nacional desde que reinició sus giras. Sin embargo, esta semana, señaló que se haría la prueba de detección antes de viajar al vecino país del norte, y si se lo pedían por protocolo, también estaría dispuesto a hacerlo, además de claro, utilizar cubrebocas en su vuelo a Washington.

Tal parece que las ínfulas de superioridad sólo aplican en México y no con las autoridades del vecino país.

De acuerdo con lo señalado por el presidente de la República, las actividades que realizará son: 1. Depositar ofrendas en el Monumento de Abraham Lincoln y de Benito Juárez; 2. Sostendrá un encuentro privada con el presidente Donald Trump, del cual firmarán un comunicado conjunto por la entrada en vigor del T-Mec; y 3. Cenará con el presidente Trump y la comitiva de ambos países, así como un grupo de empresarios.

Desafortunadamente, dentro de su agenda no se encuentra ninguna reunión con las comunidades de migrantes mexicanos, tampoco abordará la intentona del presidente norteamericano de deportar a más de 800 mil jóvenes indocumentados que son beneficiarios del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia –DACA- o también conocidos como “dreamers”, que la Corte Suprema de Estados Unidos hasta hoy ha logrado impedir pese a las presiones de la Casa Blanca. Lo anterior, pese a que grupos de comunidades migrantes e incluso el congresista demócrata de origen mexicano Jesús García, le pidieron no se reuniera con el presidente Trump que ha insultado de todas las maneras posibles a los mexicanos.


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Por si fuera poco, tampoco emitirá una postura sobre el muro fronterizo que tanto ha utilizado Trump como estandarte de campaña; sin embargo, sí le agradecerá por el trato respetuoso hacia su Gobierno.

Ojalá el titular del ejecutivo federal entendiera la trascendencia de su investidura y se ocupara de los problemas de sus connacionales antes de ayudarle al presidente Donald Trump a consolidar su campaña electoral por la reelección.

Lastimosamente, el presidente mexicano sólo será una botarga para la campaña presidencial de Trump y esto es muy lastimoso para los mexicanos, ya que una figura que ha ofendido de todas las maneras posibles a nuestro país, hoy será respaldado por el presidente de la República para su reelección. Desafortunadamente el titular del ejecutivo federal no visitará a nadie, no fijará una posición y mucho menos defenderá los derechos de los connacionales, única y exclusivamente asistirá para adornar una agenda electoral.