[OPINIÓN] Autoproducción asistida de vivienda

Foto: El_Big_data/ José_Luis_Villa

La mayoría de las viviendas en la ciudad fueron a través de la autoconstrucción, y eso puede detonar una gran “cohesión” social y urbana”.

Las ciudades están lejos de ofrecer condiciones y oportunidades equitativas a sus habitantes. La población urbana, en su mayoría, está privada o limitada para satisfacer sus más elementales necesidades y derechos.

La formulación de la Carta de la CDMX por el derecho a la ciudad busca: a) Contribuir a la construcción de una ciudad incluyente, habitable, justa, democrática, sustentable y disfrutable; b) Contribuir a impulsar procesos de organización social, fortalecimiento del tejido social y construcción de ciudadanía activa y responsable; c) Contribuir a la construcción de una economía urbana equitativa, incluyente y solidaria que garantice la inserción productiva y el fortalecimiento económico de los sectores populares.

Cuando un enorme porcentaje de la ciudad ha sido construida por sistemas de autoproducción, a veces asistida, a veces ni siquiera eso, las tres premisas anteriores se vislumbran lejanas. Sin embargo, puede haber un gran incentivo y detonador de procesos de mejoramiento urbano que vale la pena explorar.

Así como se construyeron esas viviendas, con el apoyo de la comunidad y logrando crear una gran “cohesión” social y urbana”, de la misma manera debe motivarse a las familias a lograr seguridad estructural y jurídica.

Estos dos elementos por sí solos son detonadores de enormes cambios, pues crean e incentivan el patrimonio familiar, otorgando gran riqueza urbana y social.

Es fundamental lograr el arraigo y orgullo social por la vivienda, el barrio y la comunidad,  quizá sólo haga falta guiar a la población hacia criterios constructivos resilientes y sustentables, operando la muy citada acupuntura urbana; estableciendo un servicio de arquitectura y construcción social con asesoría en habitabilidad,  sanidad; todo ello bajo premisas básicas de estética y tradición local.

Lo anterior seguramente tendrá costos políticos, económicos y sociales inferiores a los que vienen aparejados al no haber seguridad estructural y jurídica en las construcciones, a la vulnerabilidad ante los fenómenos naturales, etcétera. Todo ello lo estamos viviendo día a día y obliga a incurrir en gastos enormes en reconstrucción,  mitigar conflictos y necesidades sociales derivadas de éstos.

Todas las medidas descritas propiciarán que el mercado inmobiliario e hipotecario, así como los indicadores de mejora social crezcan casi geométricamente en una gran cantidad de mexicanos que hoy sobreviven en hacinamiento, inseguridad y falta de espacio para el crecimiento personal.

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