Mira, el dinero es algo así como un intermediario para hacer cambio de valores. Yo te encargo alguna tarea y si la haces bien te doy la cantidad de dinero que acordamos. El dinero no es ni malo, ni bueno. Según la formación, la gente lo gana con el sudor de su trabajo o con engaños.  

En una situación de dos personas, el dinero puede fluir claramente, o digamos de una forma más clara: alguien que encarga y otro que realiza el encargo. Aún en temas de alta especialización como: “Te encargo hacer esta aplicación para celular, que haga esto y aquello…” o en actividades cotidianas como “¿Cuánto cuesta el elote con todo?” En las actividades comerciales se puede entender y atender fácilmente cuando alguien de los involucrados comete un acto de injusticia: “La cantidad de dinero que me pagaste por la app no es la acordada”… “Pues la app no hace lo que me habías dicho que haría” o  “¿Podrías ponerle más chile y limón a mi elote?”... “Claro que sí, pero eso ya lo cobramos extra”.... Estas dos actividades comerciales, que son de gran valía e interés en la sociedad, pueden ser una pequeña muestra de cómo funciona el dinero y también de cómo pueden existir malos entendidos en una sencilla relación económica.   

Así que en nuestro pueblo o barrio que tenía alrededor de 100  o 150 integrantes, la situación se hacía poco a poco más compleja.


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Habrá que recordar que en nuestra sociedad hace varios años decidimos hacer un acuerdo para vivir en comunidad, pues cada día era más y más complejo vivir organizadamente, por lo que, entre todos, contratamos a un Gobierno, que pagamos haciendo una vaquita, hoy formalizada como los famosos “impuestos”, cuotas o pagos especiales, para que nos ayude a vivir bien.

Lo contratamos para que los ladrones sean capturados, llevados a juicio y si se comprueba que son malas personas se les sancione. Contratamos al Gobierno para que tengamos seguridad y podamos ir por el pan en la noche con la familia. Lo contratamos también para que nuestras áreas verdes estén cuidadas, limpias, una gran lista de contratos colectivos para miles de objetivos. ¡Es correcto! El lector adivino muy bien; ahora la cantidad de malos entendidos es mayor, “¡Oye yo pago para tener policías y ayer me asaltaron!”. “Pagamos para pavimentación y ayer caí en un hoyo”, “Pago para tener buenos funcionarios públicos, no para que contraten a los amigos del alcalde” Hay muchos que cada quincena reciben un dinero acordado y los patrones dicen que no cumplen con lo acordado en su trabajo y, sin embargo, se les paga.


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¡Menuda situación! Porque son miles de trabajadores y millones de patrones. La creación de sistemas para saber cuánto dinero se gasta, en dónde se gasta ese dinero, cuántas personas se contratan y para qué se contratan, son las herramientas que hoy tenemos como ciudadanos para -qué irónica es la situación- defendernos de las personas que contratamos.

Lejos ha quedado esa relación con el elotero, una relación fácil de entender, donde la buena fe abunda. El Gobierno es tan grande que más le valdría ser transparente, aún antes de que el ciudadano le pida información, para estar a un nivel aceptable en el mundo de los gobiernos.


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Las compras y ventas del Gobierno han sido muchas, ya sean municipales, estatales, nacionales. A todos, tanto al Gobierno (que es el trabajador) como al ciudadano (que es el patrón) se nos facilitaría la vida si supiéramos diario, siempre, a cada minuto, a cada segundo, el camino del dinero y no como hoy que tratamos, como si fueran acertijos o adivinanzas, de encontrar el camino de los recursos, de la información, porque los portales no son claros, son más bien laberintos de Internet, dando oportunidad a la corrupción para esconderse en varios rincones de la administración pública.


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El dinero no es ni bueno ni malo, pero en la administración pública será bueno, siempre que se use con transparencia, si no es así debemos presumir que se usa mal y lo usa gente mala.