EL 18 de octubre del presente año se vivió un acontecimiento por demás significativo, y es que no solo fue el primer proceso electoral de este Gobierno, sino además resaltan por lo menos dos fenómenos que salen a la luz de manera fehaciente.

El primero es que al parecer ese día se retrocedió en el tiempo de una manera increíble, prácticamente como si se encapsulara y se viajara hacía el pasado, para así hacer sentir y ver cómo nuestra democracia aún seguía siendo tan incipiente que sin más podían revivirse aquellos tiempos de vandalismo, pandillerismo y “gandallismo” electoral, abusando de la basta necesidad de la gente, así como del temor o miedo por causa de la crisis sanitaria o por la intimidación ejercida por aquellos grupos de presión que volvieron a revivir, al ser utilizados por los virreyes de un sistema que se había pensado rebasado y que hicieron sentir su poder, fuerza e impunidad que los había caracterizado por muchos años.

Me refiero a los gobernadores, que con tal altanería se le pararon enfrente a un presidente que lamentablemente ni cuenta se estaba dando de la actitud ya tomada por éstos. Y así, como hacía mucho no se vivía y sentía una jornada electoral, tuvo que suceder justo en el primer compromiso de un gobierno que juró desarrollar y profundizar los grandes cambios y transformaciones democráticas que se ocupan en el país. El resultado es hoy conocido por todos, pero además, prácticamente cantado desde antes de acabar la jornada electoral; era un hecho, regresaba el triunfo a partir de la derrota democrática.

El segundo fenómeno es la interpretación que cada quién le quiere dar a los resultados. Es evidente que viniendo de los partidos carecerá de objetividad y realismo, ya que el triunfalismo y el derrotismo apapachador están inmensamente llenos de emotividad irracional, pero en términos matemáticos, prácticamente todos los partidos en el estado de Hidalgo ganan o se mantienen a excepción del PAN.

Es claro que el PRI se lleva el crecimiento más significativo, ya que de 15 municipios gobernados prácticamente obtuvo el doble de triunfos, en el caso de Morena llegó a este proceso gobernando 1 municipio y ahora estará gobernando entre 9 y 11; pero en esta entidad se les incluyó a todos, hasta los partidos locales lograron victorias; es decir, a la vieja usanza de aquel “PRIismo” todopoderoso que compartía espacios de representación popular con tal de legitimar lo ilegitimo y así avanzar sin parar ni revisar absolutamente nada.

En el caso de Coahuila fue aún más contundente, y tal vez habría que hacer una alto en el camino y reflexionar sobre este resultado, ya que no descartaría la posibilidad de que por sí mismo se convirtiera en un mensaje político muy claro de un grupo de poder que ha sido constructor y benefactor de un sistema vertical, centralista y corrupto hacia el presidente y sus acciones; y es que acaso las acciones tomadas por el presidente de la república, son tan eficientes y estratégicas, que ni su partido las entiende, y por ende, no acompaña o fortalece; o peor aún, que sus brazos y sus piernas gubernamentales están más preocupadas por mal administrar la función pública e involucrarse en una lamentable cantidad de escándalos, que por cierto, tampoco nadie nos dijo que estos venían incluido en la 4T.

Y es que llevarse carro completo en Coahuila y además hacerles perder el registro a varios de sus competidores electorales (PRD, PT, MC, UNIDOS, PRC y EZ, estos últimos tres siendo partidos locales), así como mandando a una tercera fuerza muy lejana y marginal al Partido Acción Nacional (PAN), no es un hecho irrelevante; es decir, insisto, pareciera un mensaje de cara al proceso más grande y significativo que tendremos en la historia de nuestro país. Ojo, el tricolor no tuvo compasión ni de sus supuestos aliados electorales y socios del encono anti “obradorista”, ¿o también sería otro mensaje para el reacomodo interno que se tendría que construir entre ellos para enfrentar juntos el proceso electoral 2021? Al tiempo, dirían los viejos.

Al final de este lamentable episodio no podemos dejar de mencionar que mientras la algarabía les gana y los envuelve en su emotivo sensacionalismo que no está del todo mal; sin embargo si es carente de objetividad, lo decimos contundentemente: los partidos de seudo izquierda no gobiernan más allá del 20% del estado en Hidalgo; es decir, como hace más de 30 años, la derecha o centro-derecha no sólo les disputa hoy el interés de los más desprotegidos, sino además los mandó a disputar la pírrica representación de la izquierda nacional sin ideología y cargada de pragmatismo unipersonal actual.

Se debe aprender más de las derrotas que de los triunfos y justo eso es lo que pudiese salvar a este Gobierno y a su partido político, que cada vez es más notorio que ni partido es aún, pero más lamentable, ni movimiento fue este pasado domingo 18 de octubre. Parte de las correcciones o reorientaciones que urgen pasan por entender qué clase de sistema político, económico y social es el que se necesita para entrar verdaderamente a un proceso de desarrollo como país, y dejar de ser parte de triunfalismos de papel de los presidentes en turno.

Y es que pareciera que la ruta no debe ser tan difícil de reencontrar ya que, siendo muy claros, 2018 no se ganó por un proyecto de sistema político mexicano diferente y sin igual, es decir ganó el rechazo y hartazgo social de un sistema represor, arcaico, corrupto e impune.

Entonces a partir de esto la corrección es posible más allá de jalones y estirones; es momento de ponerle madurez a la construcción y esto implica entender que en este país nadie votó por un sistema comunista, o sea, se votó en contra del autoritarismo representado por el PRI y sus aliados, que lamentablemente hoy los vemos cada vez mas cerca de este Gobierno y algunos incluso representando partidos sin ideología ni organización, pero eso sí con bastantes millones para operar su cotidianidad y no se diga los procesos electorales, lo cual tampoco nos dijeron que contemplara la 4T.

Defender al equipo es importante y habla bien de uno y su propuesta, pero en todo debe haber límites y es aquí donde al parecer no se quiere ver.  Inmersos en una crisis sanitaria que por más que se diga que ya estamos a punto de salir y que se recupera la economía no es verdad, reconocer y corregir es de sabios y humanos. El subsecretario de salud es como un primer pitcher que se le puso para abrir el gran juego, pero no por eso significa que debe cerrarlo; este muchacho ya se pasó de bases por bolas, y con todo y su gran brazo habrá que descansarlo para continuar en el juego, porque lo que empieza a ponerse en riesgo es la credibilidad y autoridad moral con la que se llegó.

Por otra parte uno de los objetivos por los que habría que luchar incansablemente, como lo han hecho incluso hasta movimientos sociales con lamentables resultados físicos, que no ideológicos y políticos, es el derecho a vivir y ser; eso en una sociedad digna significa acceso a la educación, al trabajo, a la cultura, a la ciencia y por supuesto a la libertad de expresión, todo esto acompañado de un verdadero desarrollo y reconocimiento en materia de derechos humanos.  Hoy no hay nada de esto y lo poco que había se borró. Al final hasta miembros de este gabinete y poder legislativo tienen una historia deleznable; gobernar con sentimientos de odio, revanchismo y venganza jamás nos llevarán a buen puerto.  

Las mayorías construyen con responsabilidad, inclusión y democráticamente para poder vivir con gobernabilidad y así dar paso a una vida digna, justa y equitativa; por ende la construcción, reconocimiento y fortalecimiento de las instituciones es fundamental y no la eliminación y denostación de ellas. Aún hay tiempo.

PD: Mis felicitaciones y agradecimiento a la jefa de Gobierno por la actitud y decisión tomada para enfrentar esta dura etapa de la crisis sanitaria, en este aspecto mis respetos.