Cuando iniciamos la contingencia por Covid-19, el país vivía un clima de multitudinarias manifestaciones de mujeres organizadas exigiendo seguridad y justicia ante una situación de violencia generalizada, pero de manera exponencial porque 11 mujeres son asesinadas diariamente y que no debemos olvidar.

Esta pandemia confinó a las familias para proteger su salud ante el virus altamente contagioso, pero como siempre, para las mujeres cada acontecimiento y situación se enmarca de manera distinta y desfavorable.

Lo que para muchos ha representado una medida de cuidado y salvar vidas, para muchas otras representa el agudizamiento de la violencia doméstica y el feminicidio por parte de la pareja, pues recordemos que 50% de los casos de feminicidio, son cometidos por la pareja.


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El panorama para las niñas en nuestro país también es desalentador, pues el abuso sexual es una constante, 7 de cada 10 violaciones a niñas son cometidas por familiares (padre, hermano, abuelo, tíos y primos) y 90 % de estas violaciones no se denuncian por reproche social, amenazas y dependencia económica. Con esto se comprueba que el núcleo familiar tampoco es un espacio seguro para la vida  de las mujeres y niñas.

Aunado a esto, el aislamiento llevó a muchas mujeres a hacer el llamado “home-office” que se tradujo a esas dobles y triples jornadas de trabajo no reconocido, ni remunerado, así que, además de cumplir con el trabajo asalariado. están pendientes del funcionamiento de la casa, la educación y tarea de las hijas e hijos en plataformas digitales, el cuidado de las y los adultos mayores y en su caso de las y los enfermos, las mujeres están pendientes de todo y de todos, deteriorando su salud mental.


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La terapeuta Alejandra Buggs Lomelí, directora del Centro de Salud Mental y Género en entrevista para Violeta Radio, explicó que algunas mujeres, tienen más consecuencias en su salud mental porque no pueden salir de casa, viven violencia, tienen triples jornadas laborales, se hacen cargo de niñas y niños, son maestras de hijas e hijos, son mamás y en algunos casos atienden a personas adultas mayores.

Esto en cuanto a las mujeres que tienen trabajo formal, pero es importante recordar que 3 de cada 4 empleos informales son ocupados por mujeres, empleos precarios, mal pagados, sin seguridad social y que justamente ante la pandemia, quedaron sin ingresos (trabajadoras del hogar, comercio ambulante, venta por catálogo, etc). En nuestro país, de las personas en pobreza extrema 60% son mujeres.

Esta pandemia nos demuestra una vez más que la desigualdad y violencia de género está presente en todos los escenarios y siempre de manera desfavorable para las mujeres y niñas.