Mercedes tiene 35 años, dos hijas y trabaja como empleada doméstica en cuatro casas. Su esposo es chofer en una empresa pequeña, aquí en la Ciudad de México. Afortunadamente están afiliados al Seguro Social y no han sido contagiados con el SARS-CoV-2.

A Meche, como le dicen sus amigas, le han pagado su sueldo cada semana solo dos de las cuatro casas en las que trabaja. Una de plano le dijo que ya no requerirá sus servicios y una más le dijo que podría trabajar sin problema. Así lo ha hecho por 15 semanas.

La mañana del sábado pasado tocaron a su puerta dos mujeres que también viven en el pueblo de San Bartolo, Álvaro Obregón. Le pidieron su credencial para votar porque estaba anotada en una lista de despensas. Mercedes les dio una copia de su INE; las mujeres no volvieron. Después se enteró de que la vecina de junto tenía muchas bolsas con arroz y aceite en su patio.

El reparto de despensas no es nuevo ni en la CDMX ni en el país; sin embargo, la situación actual ha hecho a los gobernantes más cínicos. Sin vergüenza presumen la entrega de bolsas con alimentos en redes sociales; pareciera que les da orgullo lucrar políticamente con la necesidad de los vecinos.

La jefa de Gobierno ya tiene carta abierta para disponer del presupuesto ante la "emergencia sanitaria". Las adjudicaciones directas no cesan en la Secretaría de Finanzas y en las diferentes alcaldías de la capital. Pero los ojos siguen en la curva y su supuesto declive.


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Las obras públicas, reparación de drenaje, agua potable o alumbrado han tenido que esperar pues los trabajadores de las alcaldías andan repartiendo galletas saladas y latas de atún.

El Covid-19 también relajó, como por arte de magia, las estrictas medidas que pretendía aplicar Claudia Sheinbaum y Layda Sansores en contra de la mafia de inmobiliarias que violan el uso de suelo y construyen edificios sin pagar a cambio las obras de mitigación que por ley deben pagar.

La pandemia nos ha hecho quedarnos en casa a muchas personas, pero muchas más han tenido que seguir trabajando día a día con o sin cubrebocas. El Metro no ha dejado de saturarse a las 3 de la tarde y las calles siguen viendo pasar miles de autos cada mañana. Imposible seguir como otros países lo hicieron, el cierre total... El toque de queda.

En los próximos días abrirán aún más comercios y establecimientos. Por lo pronto en Álvaro Obregón, la estrategia no va de la mano de las necesidades de la gente, sino de las próximas elecciones en Campeche.

Los contagios crecerán como en cualquier ciudad que ya ha experimentado la reapertura y los funcionarios (ya sea por inexperiencia o corrupción) seguirán lavando dinero para convertirlo en "vales" o mantendrán los aterradores números que demuestran un subejercicio por encima de 40% en el gasto de 2019.

A la ciudadanía no le queda de otra más que organizarse y actuar y defender el derecho que todas y todos tenemos al empleo digno, a la vivienda y, como es urgente en la parte alta de la ciudad, el derecho al agua potable.