Sin los signos de interrogación, así nos inundaron de propaganda, los vimos en todos los noticieros, creación de órganos "constituyentes", y simulaciones del Gobierno federal, local y de los propios partidos políticos durante prácticamente un año. Especialmente Morena. La propia Irma Eréndira Sandoval y Alejandro Encinas a la cabeza. El actor que siempre se ausentó Damián Alcazar, políticos actuales como Clara Brugada, Bernardo Batiz y Bertha Luján.

La agenda política nacional y de la Ciudad de México (entonces DF) se volcó sobre la justificación de un documento jurídico y político que no cambió absolutamente nada la vida de la capital del país. Es más, de principio a fin ha sido el fracaso del siglo XXI. De todos los actores, promoventes y sus ahora ejecutores. La Constitución de la CDMX no resolvió ningún problema real de la ciudad, no garantizó resolver los problemas materiales de los ciudadanos y mucho menos lograr seguridad y servicios públicos eficientes.

Evidentemente Enrique Peña Nieto quiso ayudar a su amigo Miguel Ángel Mancera y monto todo un show para que él fuera el gran ganador. De inicio, cuando un legislador local lo propuso como constituyente evidenció la burla. Luego, la elección de constituyentes que Morena ganó, y al final una discusión insulsa con una norma muy al estilo de los políticos de hoy. Rimbombante, supuestamente horizontal, plural, modelo de vanguardia y cuantos calificativos se les ocurran. Sin embargo, en la realidad, lo que al ciudadano le atañe resultó ser una norma de oropel. Inaplicable. Inexplicable e Inútil.

Para muestra, lo siguiente. ¿En dónde quedó la ciudad garantista? ¿El desarrollo sustentable, la ciudad educadora, del conocimiento, incluyente, habitable, segura, con bienestar social, distributiva, el buen Gobierno, la buena administración y distribución de poderes?

La respuesta es sencilla. Quedó sólo en la imaginación de unos cuantos políticos ineficaces. El Covid-19 los volvió a desnudar. 


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Lo más triste es que parece que ahora nos van a humillar. De facto ya inició el proceso de renovación de los órganos de representación y la pandemia se ha convertido en un elemento más de la elección. Ya no es un asunto de salvar vidas humanas, sino de como manipular la emergencia para llegar en mejor condición. La nueva Constitución, olvidada (a menos de dos años de su aprobación) y pisoteada.

Mejor ejemplo que el de la familia Batres, sólo se puede comparar con los Bejarano. Hoy, completamente apoyados por Claudia Sheinbaum. Es la iniciativa para garantizar el Derecho a la vivienda (por cierto esta obligación le corresponde al Gobierno) ante la pandemia de Covid-19, presentada por Valentina Batres y Martha Ávila.

En su desesperación por el ya manifiesto rechazo de los ciudadanos de la alcaldía Álvaro Obregón hacia Morena, la campechana Layda Sansores y a la familia Batres (que de nuevo insisten en apoderarse de la demarcación), terminan presentando una iniciativa que no sólo se burla de la Constitución de la ciudad y de los principios de libre mercado, además es un ataque directo a la propiedad privada, cuyo concepto es pilar de la democracia. 

Su propuesta limita la propiedad (modifica de facto el artículo 27 de la Constitución federal), impide el acto de comercio y promueve a sus grupos de invasores pretendiendo hacerlos pasar,  como en 1985, por un estado de emergencia. La realidad es que Valentina Batres Guadarrama pensó ser la versión femenina de Robin Hood, apoyada por Eduardo Santillán, tan necesitados de reflectores, y terminó convirtiéndose en una verdadera preocupación para la capital del país, en un afán por frenar la caída de su partido en esta alcaldía, según las últimas encuestas, con notorios errores pretenden  favorecer a Morena, y los colocan abajo del PAN, quien sin mover un dedo están capitalizando el concierto de ineptitudes, corrupción e ineficacia de sus gobernantes locales.

¿Para eso sirvió la nueva Constitución de la Ciudad de México? 

Para que el voluntarismo, la tranza, y el uso clientelar de la pobreza como instrumento de unos cuantos estén por encima de las normas que como principio tienen generalidad, abstracción, proporcionalidad y sobre todo justicia. 

Lamentable que la Constitución de la Ciudad de México, sirvió para nada, únicamente para decir........¡Hola CDMX!