La contingencia sanitaria y la crisis económica a la que nos ha arrastrado la pandemia a todos los mexicanos nos tiene a la orilla del barranco. Por una u otra razón las familias se han visto en la necesidad de apretar la barriga y exprimir los ahorros.

A pesar del gris panorama, en este país de muchas realidades, hay una aún peor: la desigualdad.

Para muchos capitalinos el famoso “home office” les salvó y fueron capaces de mantener su empleo, pero para otros miles, ha sido imposible quedarse en casa para cuidarse y cuidar de los suyos.

Es evidente que a la pandemia no la controla ni López-Gatell; el Gobierno federal no ha escatimado en recursos, informes, conferencias y compras para atender los miles de casos positivos que aparecen cada día. Esta semana el vocero de la Secretaría de Salud lo dejó muy claro: existe una corresponsabilidad en el incremento del número de casos.

El Gobierno tiene la obligación de informar y garantizar el derecho a la salud, pero de ninguna manera debe ser escolta de cada uno de los ciudadanos para vigilar que usen cubrebocas, lentes o procuren la sana distancia.

En cada uno de nosotros recae la responsabilidad de cuidarnos, evitar contagios y promover acciones ciudadanas que alivien un poco las carencias por las que muchas familias están atravesando.


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En Cuajimalpa ha surgido un grupo de vecinos que organizados forman el Colectivo Cuajimalpa. Vecinos cuidando vecinos, realizando acopio de víveres y entregándolos a las familias más vulnerables han avanzado por varias colonias de la alcaldía.

Cuando los Gobiernos locales se han visto rebasados por inexperiencia, falta de conocimiento o nula vocación de servicio, los ciudadanos debemos meter el hombro. Ya lo hemos demostrado desde el sismo de 1985, las inundaciones y el último terremoto que afectó a miles de edificios de esta ciudad hace casi tres años.

El poder ciudadano ha sido minimizado por partidos políticos y autoridades de cualquier nivel, es hora de demostrar una vez más que no solo podemos alzar la voz cuando un presupuesto es mal utilizado o cuando los alcaldes utilizan recursos públicos para promover su deteriorada imagen.

Sabemos manifestarnos de muchas formas, hoy lo urgente es que nuestra organización sirva a quien más lo necesita. Ya vendrá la hora en que nos midamos una vez más en las urnas, mientras tanto, caminemos juntos colonias y pueblos abrazando con la mirada, entreguemos un poco de lo que tenemos y comprometámonos a seguir unidos y más fuertes.