Termina la pesadilla de Donald Trump y se abre la posibilidad de reencauzar la relación entre México y los Estados Unidos, de procesar su naturaleza conflictiva a través de los canales institucionales; se trata de una oportunidad dorada para relanzar la alianza que históricamente se ha tenido en rubros tan diversos como el comercio, la migración, la seguridad, el medio ambiente y la cultura, pero bajo parámetros de respeto y beneficio común, elementos ausentes durante el Gobierno que termina. Cierto es que la disparidad de poder entre las dos naciones no se modificará, pero es un alivio saber que el discurso antimexicano estará ausente durante los próximos cuatro años, lo cual no es poco.

Más allá de los estilos y las formas de los gobernantes, la interdependencia se expresa en hechos cotidianos, en dinámicas que obedecen a factores legales y extralegales que se reflejan en el tamaño del intercambio comercial, los cruces fronterizos, las remesas, la influencia cultural, el tráfico de armas y drogas, por citar unos ejemplos, y es ahí, dentro de los márgenes que permiten las leyes donde México goza de enormes franjas para posicionar sus intereses, tal y como lo demuestran numerosos casos de éxito, de personas, productores y empresarios que han hecho de la vecindad con los Estados Unidos una importante fuente de ingresos y prosperidad, valiéndose para ello de la apertura fomentada por el Tratado de Libre Comercio, ahora TMEC.

De acuerdo con el INEGI, la balanza comercial mexicana presentó un superávit de 4 mil 385 millones de dólares en septiembre del año pasado. El valor de las exportaciones de mercancías en ese mes alcanzó 38 mil 547 millones de dólares, de los que 37 mil 070 millones de dólares fueron exportaciones no petroleras y mil 477 millones de dólares de petroleras.

Cinépolis, empresa con sede en Morelia y propiedad de Alejandro Ramírez, contaba hasta 2019 con 258 pantallas en 26 puntos de siete estados del territorio estadounidense. Mientras tanto, trabajos de cineastas como Alejandro González Iñarritu, Alfonso Cuarón, Emmanuel Lubezki y Guillermo del Toro han sido continuamente aclamados por la crítica especializada, lo que se ha traducido en la obtención de numerosos premios Oscar y Globos de Oro.

Pocas bebidas gozan de tanto reconocimiento en los bares y restaurantes estadunidenses como el mezcal y el tequila. Tan sólo los productores oaxaqueños de la primera exportaban en 2019 cerca de 2.4 millones de litros a los Estados Unidos, mientras que, en el caso de la segunda, las ventas fueron del orden de 250 millones de litros en 2020.

Viene febrero, el mes del Súper Tazón y la mejor época para el consumo del aguacate. México abastecía en 2019 el 89% del fruto que se consumía en los Estados Unidos, logrando con ello incrementos sostenidos durante cinco años consecutivos. Lo anterior no es más que el reflejo de la balanza comercial favorable que en materia agropecuaria ha logrado nuestro país con relación a su principal socio comercial.

La importancia de la industria automotriz mexicana se refleja en la producción de 3.4 millones de vehículos que se espera producir para exportación en 2021, la mayoría de los cuales estarán destinados a la Unión Americana.

Las anteriores cifras reflejan la importancia del intercambio comercial con los Estados Unidos, cuyo dinamismo se espera recuperar este año gracias a las medidas anunciadas por el presidente Biden para reactivar a la economía de aquél país, tras el terremoto económico causado por la pandemia en 2020. Continuar con la conquista del mercado norteamericano constituirá una tarea titánica para el sector productivo mexicano, pero éste cuenta con sobrada capacidad para innovar y adaptarse a las nuevas circunstancias. Las oportunidades están ahí, cosa de zambullirse en la ola y nadar conforme a las corrientes y no en contra de ellas.