Mancera está listo para librar la carrera de su vida

5 abril 2017 7:20 pm

Mucho se ha polemizado sobre las aspiraciones del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, a la candidatura a la Presidencia de la República.

Seguramente para algunos santurrones de la política, el que Mancera hable de esa aspiración carecerá de objetividad por ser el primer mandatario capitalino.

Reza el refrán: “Nadie es profeta en su tierra”. Las decisiones poco populares, pero responsables, que asumió Miguel Ángel Mancera por nuestra CDMX, al tiempo, lograrán el reconocimiento de propios y extraños.

Mancera es el candidato más votado de todos los tiempos en la vida democrática moderna del país.

El porcentaje de sufragios que obtuvo no lo ha alcanzado nadie más. Muchos estamos convencidos de que nuevamente será un magnífico y competitivo candidato.

Siempre he sostenido que la política es la fotografía de un momento y que, como las imágenes, puede cambiar en cualquier instante. Lo importante es tener claro un objetivo y esperar los tiempos precisos para hacer lo necesario.

Así como Mancera cuenta con grandes críticos de su actuación, he tenido la oportunidad de ser testigo de la gran cantidad de seguidores. En cualquier tipo de evento o encuentro en otros estados, hay muestras de gran simpatía.

Los que estamos convencidos de que encabeza un proyecto políticamente viable, tomamos la decisión de asumir como propio el proyecto de Miguel Ángel Mancera a la Presidencia.

La ciudadanía verá opción en quienes den soluciones, pero fuera de cálculos políticos tradicionales. La gente de a pie quiere participar, pero no ve alternativas.

La persona que se toma tiempo para ir a la urna desea aportar, mas no encuentra espacio. Decidir juntos, ciudadanía y Gobierno, ha sido complicado, pero se ha logrado en la capital de la nación. Los habitantes necesitan quien los inspire, quien los mueva, un dirigente creíble.

El proyecto democrático de la CDMX no sólo de la metrópoli, sino del país. Hoy quien encabeza ese plan es Mancera; consolidó todo lo alcanzado en los sexenios anteriores, construyó y escaló. Hoy, el proyecto capitalino se exporta al extranjero; ya no sólo replicamos modelos, nos copian. La CDMX es ejemplo para el país y ahora la Constitución local es una nueva muestra.

Las impugnaciones a la Carta Magna capitalina es el reflejo de que la federación regatea los derechos ya ganados. Hoy, la Constitución de la urbe no es piso, sino techo.

No obstante, siempre es preferible ser calificado oscuro, pero nunca gris.

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