Los asientos infantiles, un sistema inhumano

13 diciembre 2017 7:24 pm

Desde hace poco más de un año soy papá. En carne propia estoy viviendo la pesadilla que es llevar a un bebé en un asiento infantil. Me he dado cuenta del poquísimo entendimiento que tenía con respecto al uso de los asientos infantiles que tanto he promovido.

He caído en cuenta que amarrar -literalmente- a un bebé o a un niño es una privación de la libertad que fomentamos porque no hemos inventado otra forma de protegerlos en los vehículos.

Ver el desgarrador llanto de un bebé que no puede estar pegado a los brazos de mamá o pretender alcanzar una leche materna es inhumano. Es infame, cruel y antinatural.

Se estima que en México mueren unos mil 200 niños en accidentes viales, y menos de una cuarta parte de los niños y bebés del país viajan en un asiento infantil.

En tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que el uso adecuado de asientos podría evitar tres de cada cuatro muertes de niños en un siniestros de tránsito.

Los asientos infantiles de calidad –porque también los hay muy corrientes– que se venden en el mercado y “correctamente” utilizados protegen la cabeza, el cuello y la columna vertebral de los más pequeños gracias a la incorporación de materiales y tecnologías “de punta”.

He entrecomillado dos conceptos que me parece aún no han sido adaptados a la necesidad real de los pequeños. Decir que un asiento está “correctamente” utilizado implica una serie de esfuerzos y sacrificios para papás e hijos que casi parecen tortura.

Los papás deben adquirir un asiento adecuado para el peso y estatura del niño, luego instalarlo como se debe, y siempre colocar al niño en él y enganchar bien los broches y ajustar bien las correas.

Son muchas variables y, por las estadísticas, estoy convencido de que realmente no funcionan como debieran.

Claro que debemos salvar las vidas, pero nos ha fascinado tanto eso de viajar a velocidades que nos destruyen, que no hemos reparado en lograr sistemas que sean tan seguros como veloces. Más lo primero que lo segundo.

En los Estados Unidos más de 80% de los niños y bebés viajan con el asiento infantil mal instalado, lo que me hace pensar que realmente están lejos de ser productos adecuadamente diseñados.

Ya estoy ideando otras maneras de retener a un niño pequeño que no le impidan estar en contacto con su madre cuando ella viaje de pasajera. Algo bueno tendrá que salir.

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