Tuvimos al menos dos meses para prepararnos frente a la pandemia, era sólo cuestión de tiempo para que el virus llegara al país, pero el Gobierno de la ciudad decidió esperar.

El virus llegó al país por la Ciudad de México. Desde el 28 de febrero que se reportó el primer caso de Covid-19 en la capital, empezó el trágico juego de las sumas.

A la fecha se han acumulado el mayor número de casos confirmados, de hospitalizaciones, de defunciones, y de malas decisiones por parte del Gobierno de la ciudad.

La primera y sin duda la que más daño ha hecho, es la tibieza con la que se actuó ante la amenaza. No es noticia que la jefa de Gobierno está atada a las órdenes del presidente, y en este caso, desde el inicio se sujetó a una estrategia federal dictada desde Palacio Nacional que se negó a reconocer la gravedad del problema.


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La sumisión a la voluntad presidencial nos hizo adoptar muy tarde las medidas de aislamiento.

Con 17 contagios confirmados y sin las precauciones debidas, la Jefa de Gobierno permitió la celebración del Vive Latino, 15 días después ya rozábamos los 200 casos confirmados mientras que el Subsecretario de Salud federal, Dr. Hugo López-Gatell apuntaba que a partir del 13 de marzo se habían acelerado los contagios en el país.

Pero ahí no pararon las irresponsabilidades. Las clases se suspendieron hasta el 23 de marzo, así como las actividades no esenciales de la ciudad, mientras que en otras entidades como Jalisco tomaron estas determinaciones con 10 días de anticipación y apenas dos casos confirmados.

Las consecuencias son evidentes, la Ciudad de México no sólo es la número uno a nivel nacional en la cifra de contagios y casos activos, sino que también a nivel internacional acumula más defunciones que países enteros como Argentina, Chile y Colombia, por mencionar sólo algunos ejemplos.


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Aunado a la pandemia, la crisis económica que trae aparejada se ha sentido aún más en nuestra ciudad.

A principio del mes de abril las autoridades federales reportaron que la Ciudad de México se encontraba entre las seis entidades más afectadas por la pérdida de empleos; en tres semanas se perdieron cerca de 46 mil plazas formales, así como una cantidad considerable de trabajos informales y de continuar esta tendencia, a estas alturas podríamos haber perdido más de 100 mil empleos formales y un número aún mayor de informales.

Ante todo esto, desde inicios del mes de abril, un grupo plural de ciudadanos planteamos tres propuestas concretas, viables y responsables para atender la emergencia:

1) desplegar una serie de apoyos para personal del sector salud

2) ampliar el programa de seguro de desempleo hasta 300 mil beneficiarios

3) aplicar un paquete de medidas fiscales en apoyo a MPYMES.

A estas propuestas, sumamos la del Ingreso Vital, a través de transferencias directas para personas en grave riesgo alimentario o de salud y que no cuentan con otros apoyos sociales.


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El Gobierno de la ciudad, en cambio, optó por la salida fácil. Decidió aplicar los mismos programas de siempre, con ajustes menores al presupuesto y sin ninguna consideración por las problemáticas reales que nos trajo la pandemia. En las medidas adoptadas es evidente la falta de planeación, el sesgo electorero y lo más peligroso, la falta de voluntad para proteger a la ciudad y a sus habitantes.

Por ejemplo, se brindó hospedaje para apenas 15% del personal médico, en hoteles de paso y expuestos a la inseguridad. Se "amplió" el seguro de desempleo con apoyos que no alcanzan ni para cubrir una canasta básica, y se dejó a los trabajadores informales en completo abandono.

De los 2 mil millones que se destinaron a la compra de insumos, sólo tenemos noticias de sobreprecios y adjudicaciones directas opacas. Y del adelanto en las ministraciones de los programas sociales podemos prever una bomba de tiempo que traslada el problema a los últimos meses del año.


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Es claro que las medidas han sido insuficientes, que el Gobierno ha fallado y sus errores han costado vidas, y ahora insisten en un plan para regresar a las actividades en la peor parte de la pandemia, sin hacer pruebas rápidas, sin medidas para mitigar los contagios en el transporte público, sin más explicaciones para el regreso que las órdenes del presidente.