Terminó Tokio 2020, unos juegos que serán recordados tanto por su complicado entorno como por los logros ahí obtenidos. Celebradas con retraso de un año, en medio de la pandemia y una de las más graves crisis económicas de los últimos tiempos, las justas buscaron ofrecer una imagen de normalidad que resultó fallida al no contarse con público en los escenarios.

Los juegos recién concluidos también trajeron consigo un cambio generacional tras el retiro de astros como el velocista Usain Bolt o el nadador Michael Phelps, al igual que el protagonismo de las mujeres, quienes brillaron por sus éxitos y su capacidad para traer a la discusión temas que van mucho más allá de lo estrictamente deportivo.

Excluidas de las competencias celebradas durante la Antigüedad Clásica y admitidas masivamente hasta los juegos realizados en Amsterdam 1928, las mujeres se han integrado al movimiento olímpico desmitificando así la supuesta debilidad física que históricamente se ha atribuido, por el contrario, esto contribuido al empoderamiento y ubicación en plano de igualdad frente a los deportistas varones. Muestra de lo anterior es el porcentaje de atletas femeninas que participaron en Japón, el cual alcanzó el 48.8% del total de deportistas, el más alto de que se tenga registro.

Sin embargo, las mujeres fueron nota en Tokio más allá de sus logros en canchas y pistas. El equipo noruego de volibol de playa se resistió a vestir en bikini y optó por pantaloncillos cortos, lo que provocó la imposición de una multa en su contra, la cual se ofreció a pagar de su bolsa la cantante Pink, quien acusó de sexismo a las autoridades deportivas. Por su parte, las integrantes del equipo alemán de gimnasia se negaron a utilizar el bikini corto del uniforme y se decantó por mallas de cuerpo entero, privilegiando así la comodidad por sobre la apariencia. Simone Biles, gimnasta de los Estados Unidos, y gran favorita para hacerse del oro, terminó por retirarse de algunas competencias por considerar que su salud mental se encontraba afectada, lo que trajo a la discusión el tema de la presión a que están expuestos los competidores de élite.

En el caso de la delegación mexicana, Aremi Fuentes obtuvo el bronce en halterofilia, tras lograr un levantamiento total de 245 kilogramos. Gabriela Agúndez y Alejandra Orozco, clavadistas sincronizadas, se colgaron otro bronce en la plataforma de diez metros. La arquera Alejandra Valencia junto con su compañero Luis Álvarez fueron reconocidos con otra medalla de bronce en la prueba mixta. Mención especial merece Alexa Moreno, quien obtuvo un meritorio cuarto lugar en el salto de caballo.

Más allá de los saldos que arroja la justa olímpica recién concluida, lo cierto es que las mujeres deportistas se han posicionado no sólo como competidoras cuyo esfuerzo merece reconocimiento, sino que han traído a la polémica temas que trascienden al plano social, lo que puede contribuir a replantearnos asuntos como la equidad de género, el sexismo, la misoginia y la salud mental, lo que viene a demostrar que, como dice Alberto Lati, el deporte es mucho más que eso.

¡¡Que así sea!!