En su discurso, durante la sesión de instalación de la II Legislatura del Congreso de la CDMX, el presidente de la Mesa de Decanos, el diputado Jorge Gaviño, señaló: "Tenemos la obligación de cumplir, a los que votaron por ustedes y a los que votaron por nosotros, a los que no votaron por ustedes y a los que no votaron por nosotros". Esto, debido a los alarmantes niveles de polarización que vive el país, auspiciados desde el púlpito matutino de Palacio Nacional.

Además, sin proponérselo, Gaviño definió el legado de la 4T con la siguiente reflexión: "Si la polarización política aumenta, si se incrementa la confrontación entre los mexicanos; si crece la rivalidad entre los que piensan distinto; si el timón del país sigue amarrado a pesar de los arrecifes que no solo se avizoran, sino que ya han pegado en el casco del barco; si se desperdicia la oportunidad histórica, en lugar de lograr un cambio sin ruptura, lo que se conseguirá es una ruptura sin cambio".

La represión a los alcaldes y alcaldesas por parte de los granaderos de Sheinbaum pinceló de cuerpo entero al Gobierno capitalino como lo que es, un Gobierno tirano, déspota, soberbio e intolerante, al que carcome la ira y frustración de su fracaso en las urnas en junio. Consumidos por el revanchismo, buscan exterminar la semilla de la alternancia en la CDMX, sembrada en nueve de las 16 alcaldías.

La científica ha pasado del desdén y la indiferencia por otras formas de pensamiento, a su confrontación y descalificación sistemática, al más puro estilo mañanero de su mentor. Odio en vez de concertación política, descalificación apriorística antes que diálogo.

Pero los vergonzantes acontecimientos del 30 de agosto, en los que las alcaldesas y alcaldes de la oposición fueron violentados físicamente, no sólo es culpa de Sheinbaum. Gaviño lo expresó así: "lo que vivimos hace un par de días, donde policías disfrazados de granaderos cercaron al sordo y mudo Congreso, donde alcaldes y alcaldesas electos se manifestaron acompañados de sus huestes".

En efecto, también hubo responsabilidad por la indolencia, la falta de sensibilidad y de profesionalismo de la JUCOPO, la cual, habiendo recibido un oficio de los nueve integrantes de la UNACDMX –mediante el cual pedían cancelar el período extraordinario–, ni siquiera fue capaz de abrirles un espacio de diálogo para escucharles, propiciando así el desencuentro. Ese Congreso "sordo y mudo", que no les quería ni siquiera escuchar, en complicidad con Sheinbaum, refleja lo mediocre que fue su trabajo en estos tres años de la I Legislatura, y lo lejos que estuvo de su llamado histórico.

Desde el 27 de agosto (cuando originalmente se pretendía realizar el periodo extraordinario) la JUCOPO, en plena complicidad con Sheinbaum y el debutante Batres, pretendía arrebatarle facultades a las nueve alcaldías de oposición en materia de publicidad exterior y de policías de proximidad. Así, una vez publicadas la reformas que quitarían facultades a las alcaldías, para que fuese el Gobierno de la Ciudad quien controlase la publicidad exterior, "a la Romo", desde la Regencia; y la que cancelaría programas como "Blindar BJ", la regenta Sheinbuam les recibiera a partir del 2 de septiembre, ya con el atropello democrático acabado y la venganza publicada con tinta, ya seca, en la Gaceta Oficial de la Ciudad.

La farsa de diálogo tendría ya consumados los agravios y la culpa la hubiera tenido el Congreso capitalino, como cómplice de la Regencia. Afortunadamente, los oficios parlamentarios de "Judas Legislativo" no rindieron los frutos de la venganza científica. Para el Gobierno, la sesión debía ser presencial, por lo que tenían que evitar el riesgo de que un bloqueo al recinto legislativo provocase la ausencia de los diputados del PAN-PRI-PRD, y con ello no se pudieran aprobar los nombramientos que se tenían programados para la sesión.

Por esa razón, las movilizaciones de empleados del sector de publicidad exterior y de organizaciones promotoras de vivienda, para el Gobierno eran un riesgo latente de que no hubiera sesión en el Congreso. Por esa razón, la decisión de "bajar" el dictamen de la Ley de Publicidad Exterior no fue concesión, sino un control de riesgos para evitar más manifestaciones ese día.

Sin esas leyes de Sheinbaum no habría habido cerco policiaco de granaderos que tuvieran que sortear los alcaldes para poder dialogar con un congreso que ni los veía ni los oía. Si la JUCOPO hubiera hecho política desde que recibió la carta de los alcaldes, no habría habido necesidad de acudir ese día desesperados a luchar por ser escuchados para salvar sus facultades en materia de policía de proximidad, como finalmente se logró hacer, conjurando la segunda venganza de Sheinbaum.

Gaviño señalo el 1 de septiembre "Para la Jefa de Gobierno y su equipo, ni obstáculos desde el Congreso, ni alfombras rojas. Ni ataques sin sentido, ni callar y obedecer. Lealtad institucional y no subordinación ciega y personal. La tarea es dignificar la política, construir una mejor ciudad con un mejor gobierno". Hago mías sus palabras, en la inteligencia de que NO combatir los abusos de Sheinbaum sería una traición a mis electores; y hago votos por qué ese mismo espíritu anide en todos los legisladores del PAN, PRI y PRD.