Discriminación racial, constante actual

14 septiembre 2017 2:30 pm

El Ku Klux Klan (KKK) se fundó en el siglo XIX; su objetivo era la manifestación de conductas de xenofobia, homofobia, racismo, antisemitismo, anticomunismo y también anticatolicismo.

La Supremacía Blanca se basa en el etnocentrismo, es decir, una “ideología” que sostiene que la “raza blanca” es superior y es asociada a conductas racistas en contra de las personas afro, mulatas, indígenas y, claro, judías.

El Neonazismo se refiere al movimiento surgido después de la 2ª Guerra Mundial que encuentra asidero en expresiones políticas de grupos violentos que buscan reivindicar el Holocausto y muestran apoyo a las ideas de Adolfo Hitler. ¿Y para qué todo esto?, dirán. La respuesta es sencilla, porque resulta increíble que en nuestra época el color de piel siga marcando diferencias entre las personas, es profundamente inmaduro creer que alguien es mejor o peor por sus características físicas definidas sólo por el lugar en el que nació.

¿Por qué existen el KKK, la Supremacía Blanca y el Neonazismo?

Por la absurda necesidad humana de sentirnos superiores los unos de los otros. Pero, ¿exactamente qué se gana con estas conductas racistas en pleno siglo XXI? Nada, además de parecer perfectos idiotas quienes las practican y quienes las avalan.

Recientemente me sorprendieron dos noticias sucedidas en Estado Unidos:

1.     Hace pocos días un joven de 20 años arrolló a un grupo de personas que protestaban contra la marcha de blancos supremacistas, dejando un saldo de una mujer muerta y 19 personas lesionadas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue duramente criticado por su falta de condena a estos hechos.

2.     Por si lo anterior fuera poco, el presidente estadounidense indultó a Joe Arpaio, ex alguacil antiinmigrante acusado por sus prácticas de detención en la frontera con México. Trump trató de justificarse argumentando que “Joe es un patriota que defendió su frontera”.

Desafortunadamente nuestro país no está exento de estas conductas. Existen hechos como los mensajes violentos en redes sociales y medios de comunicación dirigidos hacia la población judía; la constante invisibilización y maltrato hacia las trabajadoras del hogar; el rechazo hacia las personas tatuadas o a las de piel morena.

Sí, en nuestro país discriminamos, pero para cambiar debemos primero reconocernos como una sociedad racista y clasista, así como dicen por ahí, vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro.

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