Ciudad e infraestructura

8 febrero 2018 2:19 pm

En pleno proceso de reconstrucción en la Ciudad de México, además de poner cuidado en la seguridad de las construcciones, es momento de poner atención a la infraestructura y servicios de nuestra ciudad.

Hemos visto que en algunas zonas nos han “techado” la vía pública con miles de cables; además de los añejos cableados de alimentación eléctrica, de los transformadores y subestaciones aéreas, de alimentadores del sistema de iluminación vial así como el telefónico.

Cada vez en mayor volumen encontramos cableado de fibra óptica, que si bien es un claro indicio de modernización y avance tecnológico, también es cierto que, por sus características técnicas, se requiere de una  cantidad considerable de cables pequeños suministrando el servicio a cada uno de los hogares de la ciudad.

Foto: Publimetro

A ello hay que sumar los cables que, por su fragilidad, resultan dañados por roedores, aves, vehículos de gran tamaño y árboles, entre otros,  que no son retirados por las diversas empresas proveedoras de los servicios relacionados convirtiendo las calles en “basureros de fibra óptica”.

Esto está generando, además de una imagen urbana por demás desagradable, un peligro inminente de protección civil, pues en caso de desalojo de edificios no resulta fácil definir los sitios seguros de reunión, pues todo el espacio público resulta “enmarañado”.

Es el momento de revisar el Reglamento de Construcción para la Ciudad de México y posiblemente rehacerlo integralmente para eliminar toda la maraña legal que hoy existe y propiciar situaciones como la que describo anteriormente.

Sucede lo mismo con los temas de agua potable, drenaje, alcantarillado, cableado subterráneo y líneas de gas natural, parecería que nadie regula estos trabajos y sus consecuencias en la infraestructura urbana.

Es común encontrar “cicatrices” en los pavimentos y banquetas que complican la movilidad, poniendo en riesgo a quienes nos atrevemos a caminar y rodar en bicicleta por la ciudad con tropezones que son verdaderas trampas mortales.

No perdamos la oportunidad de reconstruir nuestra ciudad haciendo que sea más amable, eficiente, bella y ordenada, cuidando este tipo de detalles, que deberán normarse con la atención que merecen.

Existe la posibilidad de reconstruir no sólo los edificios colapsados y dañados de la ciudad, también es el momento, que ya se marcaba antes de septiembre, de renovar el marco jurídico y normativo para transparentar y mejorar la Ciudad de México.

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