Capacitación de choferes, sólo parte de la solución

8 agosto 2017 8:01 pm

La “persecución” que se desencadena cada vez que hay un accidente vial con víctimas fatales en el transporte público manifiesta una visión limitada. El sistema concesionado no funciona en calidad, dignidad, seguridad ni comodidad. Pero tampoco funciona para sus operadores, quienes son víctimas de un sistema bastante irregular en su operación, que no les otorga ningún tipo de garantía laboral y que les obliga a competir, no sólo entre las empresas concesionarias sino entre los propios conductores.

Sistema perverso. El transporte público concesionado de microbuses, autobuses y vans opera a partir de los ingresos generados por el número de pasajeros. Lo hacen sin ningún control ni de los conductores, ni en la forma de operar. No hay información pública del número de pasajeros.

Unidades mal diseñadas. Muchos de los atropellamientos se deben al diseño de las unidades que generan enormes áreas ciegas tanto al frente como a los lados y además no cuentan con barreras laterales para impedir el atropellamiento con las llantas posteriores. En México no hay quien regule las características de diseño, construcción o desempeño vehiculares de las unidades en servicio de transporte público.  Además del deficiente diseño para el conductor y la ausencia total de tecnología para la prevención de accidentes, los vehículos no son accesibles para personas con discapacidad y no cuentan con ningún control en operación (como limitadores de velocidad o revoluciones del motor, tacógrafo o GPS). Además, muchos de estos vehículos son modificados estéticamente y en su funcionamiento, pero pocos reparan en las gravísimas deficiencias de los vehículos y con frecuencia sólo se culpa simplemente al operador.

Controles en operadores. La capacitación de los operadores es básica. Deben conocer la teoría de las reglas del tránsito, dominar los conceptos básicos de los factores de riesgo más importantes para sí mismos, empatizar con los derechos de sus pasajeros, especialmente, de los más vulnerables y comprender perfectamente la operación del servicio que prestan, incluyendo situaciones de emergencia. Deben acreditar pruebas prácticas de conducción para demostrar sus aptitudes. Además estar sujetos a pruebas médicas para confirmar que están dentro de los parámetros adecuados para la conducción profesional. La edad mínima para conducir  debe ser 25 años; antes no tienen ni la madurez ni la experiencia para transportar pasajeros.

Aunque la propuesta de muchos de capacitar a los operadores para evitar atropellamientos a peatones y ciclistas, así como choques, es muy válida, nunca podrá ser suficiente para reducir o prevenir accidentes viales. El problema de los siniestros viales siempre debe abordarse de manera integral.

 

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