Toibe Shoijet, forjadora de periodistas en la UNAM

La profesora Toibe Shoijet formó con rigor varias generaciones de periodistas en la UNAM por más de 30 años.

La profesora Celia Toibe Shoijet Weltman llegó a México a los cuatro años proveniente de Uman, Ucrania, país que entonces formaba parte de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas. En México ya estaba su padre, un comerciante judío, quien decidió dejar su país por las medidas radicales del sistema soviético el cual había prohibido el pequeño comercio y el libre ejercicio religioso.

La madre, su hermano pequeño y la niña Toibe emprendieron la huida en silencio para reunirse con el Sr. Shoijet. Llegaron a Holanda y de ahí tomaron un barco hacia América. Durante el largo viaje, la niña visitó la primera clase porque era muy simpática y el Capitán y la tripulación se había encariñado con ella.

Cuando la familia llegó a México, contaba la profesora, no había muebles en la casa, sólo un piano el cual seguramente hizo compañía al exiliado mientras llegaba su esposa y sus hijos. La familia Shoijet Weltman se instaló en el antiguo barrio de la Merced, en el centro histórico de la Ciudad de México. Ahí coincidió con otras familias judías migrantes provenientes de Europa del Este como Polonia y la propia Unión Soviética.

Toibe (Paloma en hebreo), estudió en el Colegio Israelita, y sus estudios de bachillerato los cursó en la Preparatoria No.1 de la Universidad Nacional Autónoma de México, San Ildefonso. Durante su estancia en este recinto, ella lo consideró una “época de oro” porque tuvo la oportunidad de tomar clases con Antonio Caso y otros maestros de esa talla.

Dejó truncos sus estudios de Historia cuando formó su propia familia. Se casó con el Ingeniero Hersh Cimet, migrante polaco judío, egresado del Instituto Politécnico Nacional, y tuvieron cinco hijos. Fue una mujer entregada a su familia.

A los 37 años quiso retomar los estudios pero no fue apoyada. No fue sino hasta que cumplió 51 años cuando tomó la decisión de regresar a la escuela. Varias fueron sus razones, una de ellas la fascinación por el conocimiento, la investigación y la reflexión aprendidos en la UNAM durante la preparatoria, y otra la muerte de su hijo mayor en un accidente automovilístico. Cuando sus hijos ya eran personas independientes, en 1976 se inscribió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales para estudiar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación. ¿Por qué esa carrera?, porque reunía periodismo, historia y actualidad.

Entre los primeros obstáculos a los que se enfrentó fue el de su nombre: cuando cursó el bachillerato se registró con su nombre de soltera, y cuando ingresó a Ciencias Políticas lo registró por segunda vez con su nombre de casada, Toibe Cimet. Tuvo que decidir por un nombre y se dejó el de soltera.

Otro obstáculo fue el de retomar una disciplina de estudio sistemática, sin embargo, tomó el ritmo y se convirtió en una alumna destacada. Después estudió la maestría en Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Filosofía y Letras.

A principio de la década de los 80, por invitación de una profesora de la propia Facultad comenzó a dar clases primero como adjunta y después como maestra formal. Impartió Géneros Periódicos y Redacción en la carrera de Ciencias de la Comunicación. Desde entonces se le conoció como una profesora estricta, que dejaba “montañas de tarea”, pero como pocos maestros provocaba el intelecto, la capacidad de análisis y la defensa de las ideas con argumentos.

La profesora sacaba lo mejor de sus alumnos, que argumentaran con rigor, lógica y sobre todo con información.

¿Cómo era una clase? Desde que la maestra cruzaba la puerta del salón, con su potente voz que se escuchaba a varios metros de distancia pedía las noticias del día. El alumno debía ser capaz de explicar la nota con los cinco tópicos (5 W): qué, quien, cuándo, dónde y por qué.  Sus exámenes contenían noticias nacionales, del acontecer internacional, literatura, economía y por supuesto de historia.

En su clase se leían todos los géneros periodísticos en voz alta: nota, crónica, reportaje, entrevista, y a autores como Gunter Wallraff, Ryszard Kapuscinski, Andrés Openheimer, Tom Wolfe, Norman Mailer, Ikram Antaki, Enrique Krauze, y a Carlos Monsiváis, entre otros.

A los alumnos que se quejaban de la disciplina de su clase les aconsejaba: “deja las demás materias y cumple con la mía”. Los asustadizos huían, los valientes se quedaban. Y así, varias generaciones de periodistas y comunicólogos se formaron en su clase.

Como pocos, se preocupaba por la vida personal de los alumnos, y ellos sabían que podía confiar en ella. Muchos alumnos encontraron su primer y hasta el segundo trabajo gracias a ella.

Una característica fue su memoria privilegiada. Se acordaba del nombre de cualquier persona con la que tuviera contacto sin distinción de clase social, lo cual le ganaba simpatía. Recordaba detalles de conversaciones con las personas mostrando un verdadero interés en ellas.

Además de la UNAM, dio clases en el Claustro de Sor Juana y en la Universidad Latinoamericana (ULA), y escribió para el Deportivo Israelita.

Shoijet era genuina, no fingía, tal vez por eso no la invitaban a las juntas de profesores porque criticaba la medianía de las formas de enseñar. Fue la antítesis del “gran personaje académico”: sin doctorados, sin premios por sus investigaciones o viajes al extranjero. Para los maestros como ella no se han creado grados académicos.

La maestra Toibe adoptó este país como suyo porque le dio “el pan” y un lugar dónde vivir en paz. México la recibió como refugiada judía, a cambio, fue una apasionada y admiradora de su cultura, cocina, artesanía y literatura mexicanas. Vestía con orgullo los “huipiles” oaxaqueños y chiapanecos.

La Profesora Celia Toibe Shoijet Waltman, catedrática por más de 30 años, falleció el 4 de septiembre de 2018. Su vocación trascendió las aulas de la UNAM.

Agradezco la colaboración para este texto a Esther y a Micael Cimet.

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