11-S. Chilenos en México tras 45 años del golpe

Gonzalo Reyes
septiembre 11, 2018

El 11 de septiembre de 1973 cambió la vida de miles de personas en Chile, pues la dictadura militar tomó el control de ese país al derrocar al Gobierno socialista de Salvador Allende, provocando la salida de miles de personas allegadas al régimen caído.

El levantamiento armado fue encabezado por los cuatro comandantes de las fuerzas militares chilenas: José Toribio Merino, de la Marina; Gustavo Leigh Guzmán, de la Fuerza Aérea; Cesar Mendoza, de los Carabineros, y Augusto Pinochet Ugarte, jefe del Ejército, y quien gobernó la nación andina hasta 1990.

Una de las naciones que recibieron a parte de la diáspora chilena fue México, pues nuestro país siempre se ha caracterizado por su vena humanitaria al recibir a todo aquél que es perseguido por razones ideológicas, económicas y políticas.

Un esfuerzo diplomático, encabezado en su momento por el embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, por órdenes del presidente Luis Echeverría Álvarez, fue el que abrió la puerta a un primer grupo de exiliados que se refugió en la sede mexicana en Santiago horas después del golpe.

En los primeros días del golpe el embajador Corbalá logró sacar con vida a 110 chilenos en un viaje en el que iban la viuda del presidente Allende, Hortensia Bussi, dos de sus hijas y diversas personalidades del Gobierno de la Unidad Popular.

Detrás de ellos, miles de chilenos, que eran perseguidos por su ideología o simplemente fueron catalogados como enemigos del Estado, salieron de la nación sudamericana rumbo a territorio mexicano, no sin antes sufrir los estragos de la persecución y la tortura, así como la muerte de familiares y amigos en los campos clandestinos de las fuerzas armadas, que de acuerdo con la organización Memoria Viva fueron un total de mil 168 personas.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Migración, el aumento de chilenos en México entre las décadas de 1970 y 1980 fue exponencial, pues de 845 personas de esa nacionalidad en territorio mexicano se pasó a tres mil 343.

Luego de permanecer por varios años entre nosotros, muchos de los exiliados volvieron a su país en 1990, tras el regreso de la democracia, pero otros decidieron quedarse en nuestro país al sentir que México en su hogar, pues llevan ya 45 años viviendo en él.

La perseverancia dejó atrás al cóndor

En un departamento de la colonia Del Valle vive Inés Enríquez, una mujer ya de más de 70 años que se desempeña como traductora, ella, al igual que muchos de sus compatriotas, dejó su natal Concepción luego de que su familia fuera perseguida por los militares, quienes, incluso, acabaron con la vida de tres de ellos.

“Mi padre fue ministro de Educación con Salvador Allende y fue detenido, torturado y enviado al campo de detención de la Isla  Dawson (en la Antártida chilena) hasta que fue liberado en 1975, cuando nos fuimos a Inglaterra, donde permanecimos hasta venir a México en 1979”, contó.

Narró cómo los militares desaparecieron a sus hermanos Edgardo y Miguel, así como a su primer marido, Bautista van Schouwen, fundadores y miembros del Movimiento  de Izquierda Revolucionaria (MIR), uno de los pocos que combatió el régimen de Pinochet.

Dijo que los primeros días aquí, en el entonces Distrito Federal, se sintió tranquila, aunque un poco fuera de lugar, pues las costumbres mexicanas son un poco diferentes a las de Chile, aunque el idioma facilitaba las cosas.

Al pasar de los años convirtió a México en un hogar, en el que pudo criar a Pablo, hijo de Van Schouwen, y a Valentina, quien llegó a México desde pequeña, y ya son ‘más mexicanos que chilenos’.

“Hemos viajado a Chile luego de la caída de Pinochet, pero la verdad mi país ya no es mi hogar, mis hijos y mis nietos ya son mexicanos, y yo, luego de tanto tiempo, ya hice el trámite de naturalización para quedarme aquí”, expuso.

“Mi trabajo está aquí, mis amigos están aquí. Ya casi no tengo a nadie en Chile y México es mi hogar desde hace tantos años”, agregó.

El legado chileno

En la década de 1970 arribaron a México también miles de personas provenientes de Argentina, Bolivia, Uruguay, Brasil y Perú escapando de las dictaduras de sus países.

El sociólogo Rubén Rosendo señaló que la experiencia del exilio fue muy positiva para México en la parte cultural y el conocimiento, porque grandes intelectuales y científicos chilenos vinieron a compartir su conocimiento y tuvieron un influencia positiva.

“Fueron cientos de personas que, perseguidas por los golpistas, tuvieron que pedir asilo y, debido a la tradición del Gobierno de México de auxiliar a los perseguidos, fueron recibidos dándoles trabajo en universidades e instituciones diversas”, explicó.

Finalmente indicó que, desde un punto de vista psicológico, el exilio es muy pesado para una persona, pues implica dejar su contexto y comenzar de nuevo en una sociedad extraña, algo que, resaltó, ocurre a la inversa si regresas a tu país de origen, a una cultura  que se ha convertido en algo extraño para ti.

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