La UNAM desaparece misteriosamente 7 obras de arte valuadas en 7 mil 550 dólares

Pese a que la UNAM reconoció la desaparición de las obras de la pintora Llaneza Arias, se negó a pagar su costo y sólo ofreció 15 mil pesos “por los daños”.

Entre septiembre y octubre de 2016, la artista mexicana Llaneza Arias expuso su serie “Suspiros” en el Museo Universitario de Ciencias y Arte (MUCA) de Ciudad Universitaria.

Su obra permaneció abierta al público una semana, pero cuando llegó la hora de recoger los 16 cuadros que había prestado, los organizadores sólo le entregaron nueve sin mayor explicación.

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A más de dos años y aún con el prestigio que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tiene en el montaje de exposiciones, no hay respuesta, por lo que Arias denunció a la máxima casa de estudios, y a los organizadores de la exposición, por el delito de robo de obra de arte.

De acuerdo con un perito experto, las siete obras perdidas tienen un costo de siete mil 550 dólares (unos 143 mil 400 pesos mexicanos).

Arias había armado la exposición con 16 batiks, una serie de lienzos teñidos con una técnica tradicional que había conocido durante un viaje a Indonesia.

“Me quedé muy frustrada, muy enojada, yo sólo quería exponer lo que había logrado allá, en ese viaje que me cambió la vida. Fue muy triste que se perdiera la obra”, cuenta a El Big Data desde Barcelona, España, donde reside.

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CRÓNICA DE LAS OBRAS PERDIDAS

La historia comenzó hace más de cuatro años, cuando David Vázquez Licona, entonces subdirector de Formación Artística y Cultural de la Dirección General de Atención a la Comunidad (DGACO), invitó a la artista a exponer en la Facultad de Derecho.

En esa ocasión todo salió bien y años después, el funcionario volvió a contactar a Arias, esta vez quería que expusiera en el MUCA, como parte del 6º Festival de las Culturas del Mundo en la UNAM.

“Yo tenía confianza porque ya había expuesto con ellos”, comenta la artista. A la inauguración acudieron funcionarios universitarios y representantes de la Embajada de Indonesia; ella se encargó de llevar al grupo Indra Sawra, de música tradicional, y a los pocos días tuvo que viajar Barcelona para hacer una residencia artística.

El convenio “de palabra” fue que, aún cuando ella ya no estaría en la Ciudad de México para recibir su obra, una vez terminada la exposición, los organizadores se encargarían de entregarla en la Embajada de Indonesia, quienes se la enviarían a España para exponerla y tratar de venderla allá.

La exposición, asegura la artista, se desmontó el 5 de octubre por la tarde, con la supervisión de la dirección de la Facultad de Arquitectura, a quien pertenece la administración del espacio, y Fernando Escobedo, encargado del montaje.

“Todo parecía que estaba muy bien, perfecto, pero el problema surgió al devolver las obras; ellos quedaron de devolverlas en una fecha y las devolvieron semanas después y en lugar de 16 obras, me devolvieron sólo nueve, faltaban siete”, narra Arias.

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Omar Nava Pineda, asistente de David Vázquez, fue el encargado de devolverlas a la Embajada de Indonesia.

DISCULPE LAS MOLESTIAS

Desde la Embajada de Indonesia contactaron a Llaneza Arias para informarle que no estaba completa su obra; ella pidió ponerse al teléfono con Omar Nava Pineda,

“Le pregunte dónde estaban mis obras y él no sabía dónde estaban Prometió regresar a la UNAM y buscarlas, pero la búsqueda tardó mucho tiempo, yo les escribía correos y correos, llamaba por teléfono y no me respondía ni uno ni otro”, detalla.

Fue hasta el 8 de noviembre que un correo desde la UNAM cayó en su bandeja de entrada. A nombre de Vázquez Licona se le informaba que “los batiks faltantes se encuentran extraviados. Durante estos días se ha dado seguimiento a lo acontecido; sin embargo, aún no han sido localizados. En virtud de lo anterior solicitamos a usted su comprensión ante la ocurrencia de dicho evento”, se lee en el correo, cuya copia posee El Big Data.  

Desde ese momento, Arias logró establecer dos juntas vía telefónica que de nada sirvieron. Ninguno de los funcionarios asumió la responsabilidad y ella acabó aceptando que sus obras ya no aparecerían por lo que decidió exigir el pago de las obras extraviadas.

Ellos por su parte, pidieron un avalúo que sustentará el precio de las obras. Arias contrató entonces al perito Rafael Matos Moctezuma, quien basándose en el precio que las obras de Arias han alcanzado en México y otros países, tasó las siete obras perdidas en 7 mil 550 dólares (unos 143 mil 400 pesos mexicanos).

“Obviamente no me quisieron hacer el pago y en una conversación posterior, el señor David trató de hablar conmigo y me dijo que para no hacer más largo el asunto, me ofrecía 15 mil pesos para subsanar todo. Al ver que no me iban a responder decidí denunciar el robo”, explica.

Hasta el momento, Arias ha hecho cinco denuncias en contra de la UNAM y de los funcionarios responsables. La primera fue presentada en la Embajada de México en España el 11 de octubre de 2017 a través de la Agregaduría Legal de la PGR en Madrid; la segunda, con número C.I. TLP-1/UI-3/C/D/0546/04-2018, fue turnada a una agencia de Tlalpan el 15 de diciembre del 2017; una tercera denuncia fue remitida el 6 de abril de 2018 a la fiscalía de Coyoacán.

La artista también presentó una queja ante la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, así como una avenencia en Indautor, presentada el 19 de diciembre de 2017.

“NO CONOZCO EL CASO”

De la Subdirección de Formación Artística y Cultural de la Dirección General de Atención a la Comunidad (DGACO), David Vázquez Licona salió en 2017, ahora se desempeña como Subdirector de Seguimiento y Evaluación de Proyectos de Investigación en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

A su lugar en la UNAM llegó Ana Cecilia Martorell Nieto, quien afirma desconocer el caso de las obras extraviadas.

“No conozco el caso en absoluto, se me hace extraño, a menos que hayan ido directo con la dirección, pero a mí no me hablaron ni me mandaron correo, yo desconozco como ha estado todo. Esta es una subdirección de integración comunitaria, de hecho, cuando llegué el año pasado tenía otro nombre, es la misma en la que estaba el señor Vázquez, pero tenía otras funciones”, dice Martorell a El Big Data.

La funcionaria agrega que, desde su llegada a la oficina, ya no le ha tocado organizar exposiciones en el MUCA, “de hecho cuando llegamos, cuando entramos aquí casi se lo llevaron todo, si tenemos archivos y podríamos investigar, pero yo desconozco de qué se trata”, agrega.

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TAMPOCO EL MUCA

En el cartel promocional de “Suspiros” aparece la fecha de exposición de la obra de Llaneza Arias e inmediatamente después la sede; se lee que estará expuesta en el Museo Universitario de Ciencias y Arte, MUCA.

De hecho, tanto en el afiche como en el programa del Festival de las Culturas del Mundo, aparecen los logotipos del museo, pero Germán Rostan Robledo, jefe de Museografía del espacio, dice que el museo tuvo nada que ver con la exposición.

“La exposición no fue en el MUCA, fue en el vestíbulo de la Facultad de Arquitectura que conecta con el MUCA, es un espacio como de tránsito, donde la Facultad de Arquitectura monta exposiciones”, dice en entrevista.

El funcionario se refiere a un pequeño espacio desde el que se puede ingresar al museo y que incluso tiene su misma apariencia.

Rostan dice que ellos conocen bien el asunto de las obras extraviadas porque en varias ocasiones les han solicitado información, pero dice que esa pequeña área no pertenece al MUCA sino a la Facultad de Arquitectura y, por lo tanto, el museo no autoriza lo que ahí se expone.

“El MUCA no necesita autorizar, se han hecho colaboraciones, el MUCA ha colaborado en exposiciones en esa zona, pero en el caso de esta exposición no. Ese espacio depende de la Facultad de Arquitectura, a ella le solicitaron el uso de esa exposición”, enfatiza.

El museógrafo agrega que en esa área existen dos cámaras de vigilancia, pero en todo caso, podrían aportar muy poco sobre el paradero de las obras extraviadas, él dice que tiene entendido que las obras se desmontaron completas y que se perdieron una vez que ya no estaban en el lugar.

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