Huachicoleros, la respuesta a una demanda

El robo de combustible se convirtió en una opción no sólo de negocio para miles de familias, sino también para quien no puede pagar los altos precios de las gasolinas.

El robo de gasolina de los ductos de  Petróleos Mexicanos (Pemex) a manos de los llamadoshuachicolerosgenera pérdidas anuales que ascienden a los 35 mil millones de pesos, de acuerdo con datos de la propia empresa del Estado.

Esa cantidad supera  la “inversión histórica” de 20 mil millones de pesos que Pemex destinó en 2017 para el mantenimiento y operación de sus seis refinerías; y son 13 veces el dinero que se invierte en la entrega de desayunos escolares en el estado de Puebla, una de las entidades que, hasta hace unos años, contaba con más tomas clandestinas.

La ordeña de combustible comenzó hace más de 15 años; sin embargo, en ese entonces se hacía de forma clandestina, era un tema desconocido para el grueso de la población, pero a partir de 2015 los grupos de huachicoleros comenzaron a operar de forma evidente

Los lugares clave son los estados de Puebla, Veracruz y Tlaxcala, además de Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León,  Hidalgo y  Guanajuato.

De acuerdo con Pemex se ordeñan mil 175 de los 2 mil 827 pozos dispersos en 98 municipios del país, así como las 150 estaciones de recolección y los 52 centros de transferencia.

El robo de gasolina creció a la par de los aumentos constantes de los combustibles, convirtiéndose en un negocio redituable y jugoso que permanece en constante disputa por el crimen organizado.

En 2017 se detectaron 10 mil 363 tomas clandestinas, 50% más que el año anterior.

Es por ello que este tema se convertirá en todo un reto para el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien se comprometió a desaparecer a los huachicoleros e incluso incluyó este delito como causa para la extinción de dominio.

Se convirtieron en una opción

Los incrementos a los precios de la gasolina de los últimos años tuvieron un gran impacto en los consumidores, por lo que la venta de combustible robado se volvió la opción más viable, ya que su precio estaba muy  por debajo de los oficiales.

Al menos en el pueblo de Palmarito Tochapan, ubicado en el municipio de Quecholac, Puebla, en  abril de 2017, el litro de gasolina costaba tres pesos si se compraba en el ducto, mientras que el precio en la gasolinera era de 16 pesos por litro.

Este precio era para el consumidor que acudía directamente al ducto para abastecerse de combustible, pero para obtenerlo debía de hacer una fila de al menos una hora.

Los huachicoleros despachaban a pipas de 10 y 20 mil litros. Debido a que la presión de la gasolina era fuerte y constante, los piperos debían maniobrar a toda prisa para llevar combustible a los municipios de Amozoc, Guadalupe Enríquez y Jesús Nazareno.   

Los ductos de Pemex pasan justo en los patios de los vecinos de Palmarito, la mayoría de los lotes son de mil y dos mil  500 metros cuadrados, sólo basta cavar para encontrar el tubo, cambiar una de las conexiones con ayuda de una llave e instalar un tubo con forma de “Y”.

Antes de realizar toda esta maniobra, los habitantes deben excavar una zanja de al menos un kilómetro de longitud donde entierran una manguera para despachar en un lugar distinto al de la conexión.

Esto es con dos propósitos; el primero, que las autoridades no ubiquen el punto exacto de la extracción de gasolina; y en segundo lugar, se trata de alejar el punto de extracción de las viviendas en caso de un incendio.

De este modo la gasolina sigue su curso por el ducto y al mismo tiempo brinda la materia prima a los huachicoleros, quienes trabajan las 24 horas.

Esto propició que la mayoría de personas vendieran gasolina en sus domicilios, incluso los habitantes almacenan gasolina en bidones al interior de sus casas.

También hay personas que revenden esta gasolina; compran el litro a un precio muy por debajo del oficial y lo venden en otro estado ganándole hasta el doble, y el combustible sigue siendo más económico que en la gasolinera.

“Una persona que se dedicaba a la reventa de combustible en Palmarito podía guardar hasta cinco mil litros en su patio, los cuales revendía en menos de dos días a cinco pesos por litro”, cuenta a El Big Data un ex huachicolero de la zona.

Familias enteras se dedican a este negocio, los niños son usados para atraer clientes, todos ellos se paran en las esquinas para anunciar la venta del líquido; los jóvenes se encargan de vaciar la gasolina en garrafones de 20 litros y luego llenar los tanques de los automóviles.

Los adultos son los encargados de trasladar las pipas con gasolina a los pueblos aledaños, las cuales venden en mínimo 10 pesos por litro, todo depende de la lejanía del lugar y las “mordidas” que hay que pagar a los Policías federales en la carretera.

La vida en esa zona poblana conocida como Triángulo Rojo cambió para centenas de campesinos que vivían en extrema pobreza, quienes encontraron en la venta de combustible una opción para levantar una casa y comprar uno o dos vehículos.

Para los líderes huachicoleros la vida cambió radicalmente, pues se compraron ranchos, propiedades,  incluso financian fiestas patronales con obsequios para los pobladores.

El 3 de mayo de 2017, el Ejército realizó un operativo en Palmarito, asesinaron a seis personas y dieron un trato cruel a otras 12.

Los militares tomaron la mayoría de los puntos donde se extraía combustible.

Para localizarlos, los militares llevaron a cabo un trabajo de inteligencia, pues primero identificaron todos los ductos perforados con ayuda de binoculares que perciben el calor de la gasolina.

Ubicaron a los líderes, así como las casas donde se vendía combustible, pero no se tomaron represalias contra todos, pues se trataba de un pueblo entero.

El operativo después se extendió a otras zonas de Puebla.

Actualmente Acatzingo, Palmar de Bravo, Quecholac, Tecamachalco y Tepeaca, municipios pertenecientes al Triángulo Rojo, siguen siendo un territorio caracterizado por el robo y traslado de combustible ordeñado ilegalmente de los ductos de Pemex.

Para el economista Sergio Durán, el hurto de combustible aumentó al mismo tiempo que los “gasolinazos”, esto se origina por una mala administración financiera y al mismo tiempo crea un nuevo mercado para los grupos criminales.

“La gasolina sube porque el precio del petróleo subió y México compra una gran parte del petróleo para después refinarlo como gasolina, la segunda causa es la depreciación del peso contra el dólar, a lo que se suman las insuficiencias de Pemex.

“Lo peor es que se fortalece a los grupos delictivos, quienes difícilmente cambiarán su estilo de vida como lo propone el presidente López Obrador”, dijo.

La disputa de los cárteles por el huachicol

Los líderes de huachicoleros en Puebla y Veracruz son vinculados por el Gobierno federal  a la organización criminal de Los Zetas, quienes tuvieron que enfrentarse en diversas ocasiones al Cártel Jalisco Nueva Generación por la ruta de distribución de combustible que abastecía dichos estados y la Ciudad de México.

Y no es para menos, pues en dichas entidades transita el poliducto Minatitlán- México, uno de los más importantes de Pemex.

Este poliducto sale de la refinería Lázaro Cárdenas, en Minatitlán, Veracruz, y a lo largo de 597 kilómetros cruza dicha entidad, además de los estados de Puebla, Tlaxcala y el Estado de México para llegar a la Ciudad de México.

Por este poliducto fluyen principalmente la gasolina y el diésel que abastece el centro y el sur del país.

Puebla es la joya de la corona para los huachicoleros; se estima que durante la administración de José Antonio Gali se llevó a cabo el robo más grande combustible.

A lo largo de 131 kilómetros, en los municipios de Quecholac, Palmar de Bravo, Tepeaca, Tecamachalco, Acajete, Amozoc y Acatzingo las comunidades viven literalmente pegadas al tubo de combustible, por lo que son contratadas para extraerlo.

El líder de los huachicoleros en Puebla es Antonio Martínez Fuentes, El Toñín, quien actualmente se encuentra prófugo.

La gente lo conoce como el benefactor de Palmarito, pues año con año realizaba fiestas donde regalaba electrodomésticos, además de que entregó a la comunidad unidades médicas móviles donde se hacen mastografías y análisis gratuitos.

La última vez que se le vio en público fue antes del festejo del Día de las Madres en 2017, pues acudió a una reunión ejidal para cancelar la celebración debido a la interrupción del Ejército.

Mientras tanto, el estado de Veracruz es comandado por Roberto de los Santos de Jesús, quien se hace llamar El Bukanas. Fue albañil en el puerto de Veracruz y luego policía municipal en Acultzingo, en la montañosa región de Maltrata.

En 2007 fue reclutado por Los Zetas como entrenador de sicarios; finalmente incursionó en la ordeña de combustible, justo por la refinería de Minatitlán, actualmente se encuentra prófugo.

La disputa por el combustible en el país está presente en al menos 25 entidades. Tamaulipas es territorio de Los Zetas y el Cártel del Golfo; Coahuila y Durango mantiene una disputa entre Los Zetas y el Cártel de Sinaloa.

La Familia Michoacana opera en Michoacán, Guanajuato y parte del Edomex. Mientras que Hidalgo, Puebla, Veracruz y Tlaxcala es disputada por Los Zetas y el Cártel Jalisco Nueva Generación.

El plan del Gobierno federal

El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, diseña un plan para acabar con los huachicoleros que extraen la gasolina de los ductos, así como los huachicoleros “de cuello blanco”, quienes obtienen 500 mil millones de pesos anuales de la compra de gasolina en el extranjero.

A decir de Obrador también se debe frenar la ordeña de combustible desde las instalaciones de Pemex, pues se calcula que 80% del robo de combustible se registra al interior de Pemex.

Con él coincidió el secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, quien aseguró que la mejor estrategia para combatir el robo de combustible es de arriba hacia abajo.

“Los huachicoleros mayores están en el sector público y son a los primeros que vamos a combatir, porque si no los combatimos a ellos, la detención del eslabón final no detiene el problema.

“Tenemos que cortar de tajo y para cortar de tajo ahora, no está en la raíz, está en las alturas del Gobierno”, dijo.

Parte del plan de AMLO es la modernización de las seis refinerías que existen actualmente así como la creación de dos más. Con ello se estima que en los próximos tres años se dejará de comprar gasolina en el extranjero.

El problema es que este plan puede tomar a la administración federal al menos tres años, tiempo en el que la demanda de combustible más barato seguirá, y mientras haya demanda, la oferta seguirá.

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