En este pueblo de Milpa Alta, la delincuencia se roba ¡hasta los nopales!

Foto: José Luis Villa

Ante asaltos y narcomenudeo, los vecinos implementan medidas comunitarias. Ahora, acusan intimidación de las propias autoridades.

Por: Paola Ramos

Para los vecinos del pueblo originario de San Agustín Ohtenco, en la alcaldía Milpa Alta, la inseguridad y la violencia son insoportables. Únicamente se comparan con el desinterés de las autoridades.

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La actividad criminal se ha cebado con los residentes de esta comunidad, particularmente con 54 familias de las calles La Pradera y el callejón Las Flores, que encontraron en la organización una trinchera viable para hacer frente a la delincuencia.

Durante meses, los residentes de esta zona hicieron peticiones a la alcaldía que encabeza José Octavio Rivero (Por la CDMX al Frente) para que implementaran mecanismos contra la inseguridad: no obtuvieron respuesta.

Tras una serie de asaltos ocurridos en septiembre de 2018, las familias comenzaron a organizarse y posteriormente pidieron audiencias ante el gobierno del Rivero.

«Se mandó un oficio pidiendo una cita. Habíamos ido a la alcaldía el 2 de noviembre y dijeron que no había espacio para una reunión. Entonces empezamos en consenso a decir: no tenemos audiencia, ¿qué hacemos? Y empezamos a hacer nuestro cochinito», narra una de las vecinas entrevistadas, quien por seguridad pidió el anonimato.

El resultado de aquel ‘cochinito’ fueron 10 luminarias, que se sumaban a otras acciones para su cuidado común, como el uso de un grupo de Whatsapp para mantenerse al tanto de la situación en la zona, realizar actividades de limpieza de maleza y poda de árboles, convocar reuniones vecinales e incluso confrontar juntos a delincuentes que se han adueñado de la zona, en una especie de autodefensas incipientes.

Foto: José Luis Villa

-No dejan nada-

A plena luz del día los vecinos han sido víctimas de robo a negocios y asaltos. Mientras que por las madrugadas, entre la 1:00 y 4:00 horas, rines de coches, llantas, tanques de gas, baterías y hasta un microbús han sido robados.

Pero no sólo eso: incluso los productos agrícolas que algunos de los habitantes campesinos siembran y cosechan para subsistir son blanco de la delincuencia que los aqueja.

En San Agustín Ohtenco el miedo va poco a poco haciendo suyas las calles y los vecinos, aunque organizados, sólo hablan de sus problemas bajo la condición del anonimato.

«Han querido entrar a las casas, se han brincado, se han llevado llantas de los carros, rines… todo lo que se pueden llevar los señores de madrugada. Empiezan a la 1 am y como a las 4 am ya le paran. Nos agarran dormidos”, relató otro vecino.

“En temporadas altas de nopal hasta los nopales y las cajas se llevan», complementó una más.

La seguridad se ve aún más mermada con la presencia de automóviles en los que, aseguran, se registra narcomenudeo e incluso acoso sexual a las mujeres de la comunidad.

Hartos, los vecinos incluso se han visto forzados a salir en persecución de los delincuentes.

«Ya cuando se trata de agarrar a los rateros se salen, se brincan a la nopalera y se esconden. Se van. De noche no se ve: en las avenidas principales es donde huyen, corren. Por el lado donde pueden salir», platican.

Además de las medidas que ya tomaron, los vecinos determinaron construir una reja para impedir el paso de coches en los que presuntamente se comenten delitos durante las madrugadas.

Foto: José Luis Villa

-No los oyen, pero los reprimen-

De acuerdo con la legislación vigente, los capitalinos no pueden colocar rejas o plumas que obstruyan el libre tránsito en vía pública de la ciudad; sin embargo, los vecinos del pueblo de San Agustín Ohtenco, sostienen, no han tenido otra opción.

Tras su instalación han detectado la presencia de elementos de seguridad y denunciado actos de intimidación por parte de autoridades de la alcaldía Milpa Alta, sostuvieron.

Apenas la madrugada del 13 de mayo, más de 100 elementos policiacos acudieron al punto a hacer acto de presencia y, aunque no se registraron enfrentamientos, los vecinos aseguran que se trata de una forma de hostigamiento.

«Es un acto de intimidación para los vecinos, pero pues nosotros no estamos actuando mal: ¿de qué manera nos vamos a defender de la delincuencia si el alcalde no hace caso de nuestras peticiones?», dijo una vecina.

«Ahorita ya nos organizamos, ya no esperamos nada de la autoridad, teniendo nuestra reja, la vamos a cerrar y a abrir. Ellos nos dicen que no hagamos, pero ya no tenemos ninguna seguridad con las autoridades», dijo otro.

En próximas fechas, los colonos planean levantar una valla en un terreno baldío para impedir el paso de personas que pudieran cometer delitos, además de instalar cámaras de seguridad y alarmas en sus hogares.

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