[GALERÍA] Monjas salvan al achoque de la extinción en Michoacán

Desde que se declaró una especia casi extinta en 2011 las mojas del convento junto al lago donde el achoque es endémico decidieron salvarlo.

El achoque, primo del ajolote es una de las 17 especies de salamandras endémicas de México y está en peligro de extinción, su única esperanza parecen ser las monjas de Michoacán.

Debido a sus cualidades curativas y la contaminación de su hábitat, este pequeño animalito que mide de entre 160 a 230 milímetros y tiene un cuerpo robusto con una colita corta, podría desaparecer para siempre.

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En único lugar donde vive este anfibio es el Lago de Pátzcuaro, que tiene 55 kilómetros de costa, y usan los aledaños como balneario, además funge como canal de desechos industriales y de drenaje.

Debido a su habilidad de regenerarse a sí mismo superficial e internamente este animalito lo utilizan para hacer medicamentos que curan enfermedades respiratorias en un remedio casero.

“El jarabe hecho con el achoque se usa para tratar afecciones de las vías respiratorias, tos, gripa y neumonía; para dar vitalidad a adultos mayores, niños ‘éticos’ y personas con anemia; o bien, para problemas asociados con la desnutrición; a las mujeres, parturientas o que acaban de parir, se les da caldo de achójki con atole todos los días para que se ‘alivien’, además de ser reconstituyente para las mujeres en período de lactancia y, finalmente se consume para ‘curar la tristeza’, informó la investigadora Tzintia Velarde Mendoza.

Sus salvadoras

En el monasterio de María Inmaculada de la Salud, que se ubica cerca de el lago, un grupo de monjas que se dedicaba a realizar la famosa cura, decidieron ayudar a salvarlo desde el aviso en 2011 donde se le consideró prácticamente extinto.

«Si no hacíamos algo nosotras se iba a extinguir del medio […] por justicia con la naturaleza empezamos a trabajar en el rescate de la especie«, declaró Sor María del Carmen Pérez.

Las religiosas cuentan con un acuario que tiene una capacidad máxima de 300 achoques, donde debido a su buena crianza lograron superar este número, pero al ser criados en cautiverio no son aptos para una vida en el lago, afirmó Sor Ofelia Morales, que lleva años trabajando en la protección de la especie.

Ante esto las monjas donan un porcentaje a las universidades para continuar criando más de estos anfibios en los acuarios de su monasterio.

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