El infierno de los pequeños migrantes

19 diciembre 2016 6:00 am

Secuestros, asaltos, agresiones del crimen organizado, falta de información y maltrato de autoridades son algunas de las vejaciones que padecen niños y adolescentes centroamericanos durante su paso por México hacia los Estados Unidos.

De acuerdo a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la búsqueda del llamado “sueño americano” no es nueva, pero en México tomó relevancia en 2014, cuando se detectó que más de 50 mil menores de Guatemala, Honduras y El Salvador cruzaron la frontera.

Esto alertó a las autoridades estadounidenses, incluso su Presidente, Barack Obama, lo calificó como una crisis humanitaria; mientras que las mexicanas implementaron el Plan de la Frontera Sur.

Con un presupuesto de más de mil millones de pesos, el coordinador de dicho programa, el senador Humberto Mayans Canabal, reconoció que con ello se buscaba proteger y apoyar el tránsito de los migrantes; sin embargo, sólo se incrementaron las detenciones y violaciones de derechos humanos.

En el marco del Día Internacional del Migrante y con base en datos de Pew Research Center, de octubre de 2015 a enero de 2016 fueron detenidos en la frontera sur de Estados Unidos 24 mil 616 familias y 20 mil 455 niños y adolescentes no acompañados.

El Informe sobre la problemática de niñas, niños y adolescentes centroamericanos en contexto de migración internacional, no acompañados en su tránsito por México, de la CNDH, alerta sobre las vejaciones de las que son víctimas los menores en su intención de arribar a Estados Unidos.

Y es que las autoridades mexicanas se han concentrado en capturar a los infantes. En 2015, la frontera de Chiapas registró el mayor número de menores detenidos: 16 mil 758, equivalentes a 43% del total.

A esta entidad le sigue Veracruz, con seis mil 437 (16%), y Tabasco, con tres mil 942, representando 10%; estos tres estados abarcan 69% del total de detenciones a nivel nacional.

De acuerdo al informe de la CNDH, de 2014 a julio de 2016, el Instituto Nacional de Migración (INM) capturó a 40 mil 637 niños.

El 2015 fue el año con más menores de 12 a 17 años capturados durante su paso en el país, con 17 mil 911; sin embargo, hasta julio de este año, el INM detuvo a ocho mil 370.

En cuanto a los infantes de cero a 11 años, en 2015 se capturó a dos mil 457 y en 2016, a 956 menores. Y es que 48.6% de los niños salen de sus naciones de origen debido a la situación de violencia; 22.2%, por la reunificación familiar y 29.2%, por cuestiones económicas.

Edgar Corzo Sosa, quinto visitador de la CNDH, explica que se creó el Programa de Atención a Migrantes para dar seguimiento a las quejas, pero también cuentan con el programa de visitas a estaciones migratorias, albergues y lugares, donde transitan migrantes.

Detalla que de 2010 a mayo de 2016, la comisión recibió 881 quejas de niñas, niños y adolescentes agraviados. De ellas, 840 fueron dirigidas al INM; 34, contra la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y siete, contra el SNDIF.

Asimismo, indica, la CNDH emitió 48 conciliaciones relacionadas con expedientes de agravio contra menores. También lanzó 11 recomendaciones: ocho a la INM –incluida una a la Procuraduría General de la República (PGR)–, dos a la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR) y una al Gobierno de Chihuahua junto con la (PGR).

Algunos especialistas reconocen que la mayoría de los migrantes no denuncian o solicitan asilo por temor a las consecuencias, así que retoman su intento por llegar a la frontera con Estados Unidos.

La única salida

Rosa Pérez es una hondureña de 22 años que a simple vista luce como cualquier joven mexicana de su edad, pero el acento y su mirada tímida le delatan. Ella emigró de San Pedro Sula con sus dos hijas y su esposo José, debido a las amenazas del grupo criminal la Mara 18.

“Decidimos salir porque a mi esposo lo amenazó la Mara 18, y obliga a las personas a trabajar con ellos, más a los adolescentes, vendiendo marihuana o cocaína, matando a sus rivales o de bandera –personas que les vigilan cuando llega la policía–. En Tegucigalpa (Honduras) está más dura la situación, porque han asesinado a muchos que han negado sumarse”, rememora.

Cuenta que padecieron mucho durante su migración por la frontera de Tabasco. En Tenosique, una combi les cobró mil pesos para pasarlos, pero los abandonó en la carretera.

Recuerda que fueron momentos en los que pensó que iban a morir sus hijas, porque la lluvia no paraba en esa noche. Afortunadamente unas personas les dieron un aventón y consiguieron pasar a tierras mexicanas.

Esta familia centroamericana es una de las miles que han cruzado la frontera sur del país. Sin embargo, no todos lo logran; mucho menos si son niños o adolescentes.

El padre Alejandro Solalinde comenta a esta casa editorial que debido a la necesidad que se acentúo en 2014, decidieron abrir más albergues, incluso se reunió a muchas personas del Vaticano y a la embajada norteamericana, pero la única respuesta que hubo fue más policías del INM con Plan de la Frontera Sur para detener a los niños y adolescentes.

“Vemos cómo ilegalmente, y faltando a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, se les detenía en las estaciones migratorias. Por eso tratamos de sacar un oficio de ayuda humanitaria para la protección de los jóvenes migrantes”, explica en una entrevista.

Esfuerzos aislados 

Recuerda que en 2015 llevaron por tierra a 50 jóvenes al albergue Adolescentes en el Camino, ubicado en la delegación Azcapotzalco, pero hubo quienes decidieron irse al Norte.

“Los monitoreamos para hacer un estudio de su situación; platicamos con la procuradora del DIF, quien nos aseguró que podrían ver a los niños y ayudarles con su situación legal en el país. Porque la protección consular de las naciones centroamericanas es terrible y no tenemos respuesta a ninguna gestión”, explica.

Cabe destacar que actualmente el albergue Hermanos en el Camino, creado por Solalinde, ya cuenta con cinco recintos de apoyo a los migrantes: Ixtepec, Chahuites, Toluca, Azcapotzalco –para niños y adolescentes– y Cuautitlán Izcalli.

Solalinde detalla que aproximadamente al año reciben 800 niños y adolescentes que se quedan algunos días y luego migran.

“No hay condiciones ni armonización de las instancias de Gobierno, porque nosotros los ayudamos, pero cuando ellos deciden irse al Norte no podemos retenerlos. Es ahí cuando debería de entrar la concurrencia de las organizaciones nacionales e internacionales y la misma Iglesia, para hacer su acompañamiento y proteger a los niños y adolescentes”, finaliza.

Adolescentes en el Camino

Nicaragüenses, salvadoreños, guatemaltecos y hondureños son las nacionalidades que recibe el albergue Adolescentes en el Camino. Las edades varían, pero sólo reciben a niños y adolescentes de 13 a 21 años de edad.

Paola Núñez, actual coordinadora del albergue, recibe a El Big Data Mx con cordialidad mientras los chicos entran y salen con la confianza de su casa, y explica que hasta el momento el infante más joven que acogieron fue un hondureño de 13 años.

“Arribamos a la capital en julio de 2016. Los chicos llegan canalizados del Albergue de Ixtepec. Nuestro primer grupo estuvo conformado por 48 menores; más de la mitad se fueron al tercer día”, detalla.

Mientras descargan botellas de agua, donadas al albergue, comenta que hace cuatro meses llegó el segundo grupo de 10 menores. Principalmente de Guatemala, Honduras y El Salvador.

“Aquí les brindamos hospedaje, comida, talleres y acompañamiento legal para realizar su trámite de visa humanitaria. En la actualidad, el DIF asumió la responsabilidad que le toca y representa legalmente a los menores”, dice mientras en la cocina preparan los alimentos.

Rememora que la idea de construir un albergue para menores nació de Carlos Moriano y el padre Solalinde ante el incremento de la población de esa edad. Primero lo fundaron en Oaxaca, y en un año observaron que sí funcionó y lograron que 14 infantes obtuvieran el documento de refugio, pero al final faltó apoyo institucional. Por ello decidieron venir a la capital, que maneja una legislación intercultural.

“Antes veíamos que los migrantes se arriesgaban a cruzar México por la violencia en sus países, pero ahora es una migración forzada por la falta de oportunidades, recursos, acceso a la educación, que en conjunto los obliga a dejar sus lugares de origen para ayudar a sus familias y convertirse en un pilar aún siendo niños”, finaliza.

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