El pueblito de CDMX que esconde a los últimos vochos

David Martínez
julio 11, 2018

En este pueblo de la delegación Xochimilco los vochitos circulan por senderos en medio de la vegetación. El inconfundible ruido de motor garraspeante que generan recuerda a la Ciudad de México de la década del 80 cuando miles de estos cochecitos andaban por cada avenida, estacionamiento público, banqueta y calles olvidadas, simplemente recuerda a una capital que ya no existe.

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El pueblito al que me refiero se llama San José Obrero, una comunidad en la montaña xochimilca, en el que los pequeños escarabajos de Volkswagen sirven de taxis por ser resistentes, aguantar pendientes resbalosas, soportar caídas en baches del tamaño de chapoteaderos y casi no gastar gasolina.

 

Mi recorrido empieza en la parada a la que aquí conocen como “La Planta”, solo tengo que esperan un poco para ver cómo tímidamente salen los “vochitos” por la calle de Acalotenco veo cómo surge uno en tono azul desgastado por el sol, otro verde, otros más amarillos, otro de un color que no había visto jamás, quizá hasta lo inventaron aquí, en fin, el desfile de escarabajos alemanes en este rincón olvidado de la CDMX es interminable.

Tal vez durante el tiempo que estuve viendo vochos en San José Obrero más de un habitante me vio con extrañeza, será porque los taxistas y demás pobladores están acostumbrados a ver por sus calles estos pequeños vehículos surgidos previo a la Segunda Guerra Mundial. Lo que no sospechan es que allá abajo, en el centro de la Ciudad de México, ya no los vemos con frecuencia casi casi para mí, y estoy seguro que para muchos capitalinos, estos mini vehículos ya casi son de colección, un clásico que prácticamente solo se puede apreciar en exposiciones, puesto que los dejaron de vender en 2003.

Le hago la parada al chofer de uno de estos vochos, descubro que es como subirse a los viejos taxis de los que alguna vez me contó mi mamá que había en la ciudad cuando ella era una adolescente, es decir taxista con camisa desaliñada, asientos de tela desgastados, parabrisas roto y periódico de contenido editorial sangriento en el piso. Me cuenta que en San José Obrero estos vehículos sirven mucho por su tracción trasera que te facilitan subir las pendientes del cerro.

 

También hay coches grandes como Tsuru o Golf, pero el favorito es el ‘vochito’”, dice el chofer mientras sube los empinados caminos que rodean casas en obra negra, otras sin recubrimiento, con frondosas zonas verdes que las enmarcan.

“Son la única forma que hay para subir, allá arriba la gente usa burros para andar por el campo pero para subir, taxis”, detalló la dueña de una pequeña tienda de abarrotes con muchos años de vivir en este pueblo sureño de la CDMX.

Conforme camino veo las casas, observo que en armonía involuntaria suben y bajan los escarabajos llevando gente, sólo ellos. No hay otra forma de transportarse, ni combis, ni mototaxis, ni peseros, solo los Volkswagen sedán, es como si el tiempo en este punto de la ciudad se hubiera detenido indefinidamente.

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