¿Puedes armar un cubo rubik en 26 segundos? ‘Ampel Man’, sí

Como cientos de jóvenes, Esteban Sánchez, de 19 años, aprovecha sus habilidades para ganarse unas monedas en los semáforos de la CDMX.

En 26 segundos hace lo que pocos podría imaginar… malabarear objetos con una mano y con la otra armar un cubo rubik, todo enun semáforo frente a decenas de automovilistas.

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Es Esteban Sánchez, un joven de 19 años a quien se le conoce mejor como Ampel Man, el Hombre Semáforo, que ha encontrado en el crucero de calzada las Bombas y División del Norte, un lugar para ejecutar su arte callejero.

Los automovilistas que están al frente se concentran en él, no pueden dejar de ver lo que hace; antes de que el semáforo cambie de color el show ha terminado con una reverencia y toca el momento de pedir ayuda conductor por conductor para recibir una moneda.

Esteban ejerce un trabajo ampliamente extendido en las calles de la capital, el de “semaforero”, con un horario de miércoles a viernes. La rutina es compleja, aparece el rojo del semáforo, se echan al aire pelotas de colores y se resuelve un cubo desordenado, se pasa auto por auto y se regresa al camellón.

Pararse frente a los automovilistas es una forma de obtener algunos recursos mientras se prepara de forma autodidacta como ingeniero en mecatrónica e informática, las dos verdaderas pasiones del malabarista.

“Soy un ‘semaforero’, no tengo un horario como tal; voy de vez en cuando aproximadamente tres o cuatro horas al día”, comenta sobre su labor en las calles de la capital.

El sobrenombre de Ampel Man se lo dio su actual pareja y es resultado de la combinación de las palabras ampe, que en alemán significa “semáforo”, y man, hombre en inglés.

“En cuanto mi pareja me lo mencionó me gustó y lo adopté, pero ella lo había escuchado en otro lugar. En realidad, me dicen así desde hace un año, luego de que me llamaran por mucho tiempo Malabares, porque nadie recordaba mi nombre”, recordó.

Su historia como malabarista callejero comenzó en 2015, desde entonces aprovecha los segundo que el semáforo otorga para ejecutar con sus acrobáticas manualidades.

Relató que la primera vez que salió a las calles se enfrentó al miedo de ser atropellado y lo recuerda porque aún no terminaba su show cuando los autos ya estaban en movimiento.

“Iba iniciando la preparatoria cuando empezó todo. Yo estudiaba en Prepa 5 y durante una de mis horas libres mis amigos y yo decidimos intentarlo. Elegimos el primer regulador de tránsito de autos, que duraba muy poco, y sin calcular el tiempo con una mano hacía malabares y con la otra armaba el cubo; evidentemente la luz cambió a verde y los coches avanzaron cuando yo aún no terminaba con la mini presentación”, comentó.

Pero en las calles la competencia es feroz, por eso, al acto del malabarismo le agregó el ingrediente del cubo rubik, del que desarrolló en su paso por la secundaria la habilidad para armarlo en segundos.

“Un chico de nuevo ingreso llevaba un cubo, todos lo veíamos. A mí me pareció interesante y comenzamos a hablar; él me enseñó algunos videos y me contaba que muchos aprendían a armarlo por medio de videos. Personalmente me propuse poner cada cara de un color sin ningún tipo de ayuda y lo conseguí luego de dos meses”, aseguró el joven.

Juntar ambas actividades le llevó cerca de un año y fue un reto personal: luego de ver en internet que alguien lo hacía y de escuchar comentarios para desalentarlo, lo intentó una y otra vez hasta conseguirlo.

Trabajar en la calle no asegura recibir dinero y Ampel Man lo sabe. “Un día puede ser muy bueno o malo. Hay días que me puedo llevar 400 pesos y otros 100.”

Luego de cuatro años los limpiaparabrisas, vendedores y otros malabaristas ya son sus amigos pese a que, al principio, le solían decir que no podía pararse ahí porque ese “ya era su semáforo”.

Por decisión propia no presentó examen de admisión en el IPN porque considera que “lo importante es el cocimiento y no el título”, así que asegura que aprenderá lo relacionado a la mecatrónica fuera de una institución educativa.

“Si quiero aprender a reparar teléfonos, voy a donde lo hacen y aprendo poco a poco. Así es como quiero aprender lo que me gusta”, relató.

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En cuanto termina su jornada, cambia en algúna tienda o papelería las monedas y se dirige a casa para apoyar en lo que haga falta; incluso si en el camino encuentra una botella de pet en buen estado la guarda para después llevarla a un centro de reciclaje y tener un ingreso extra para llevarle a sus hermanas, que son quienes cuidan de él.

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