Migran de la CDMX tras el sismo del 19S

Los originarios de otros estados que vivían en la CDMX han optado por regresar a sus entidades ante el miedo de un nuevo temblor.

El sismo del 19 de septiembre no sólo dejó secuelas en los afectados directamente, sino también en la población general.

Las personas menores de 30 años vivieron por primera vez un terremoto en la capital del país y, a pesar de que sabían lo ocurrido en 1985, nunca dimensionaron lo que eso se significaba.

Algunos originarios de la Ciudad de México manifestaron afectaciones psicológicas, que en la mayoría de los casos han ido superando; sin embargo, aquellos jóvenes que viven en la capital pero son de otros estados han manifestado un mayor grado de psicosis.

El temor de un nuevo movimiento telúrico de fuertes magnitudes no los deja tranquilos e incluso los ha impulsado a dejar sus trabajos y regresar a sus lugares de origen.

Óscar Saldaña, un joven diseñador gráfico originario de Guadalajara, Jalisco, es uno de estos casos. Él vivió por tres años, de 2015 a 2017, en la CDMX, pero el 19S cambió su vida.

“Me regresé a Guadalajara un mes después del temblor, aunque no fue la razón principal de mi regreso, sí fue el hecho que me impulsó a pensar y reflexionar en que ya era tiempo de volver”, mencionó.

La familia de Óscar fue un factor determinante en el regreso a su lugar de origen, ya que le hicieron ver la conveniencia de volver a Jalisco, en donde los movimientos telúricos son menos frecuentes e intensos.

“Me dijeron, pues mira, ya qué estás haciendo allá, acá está tu familia, no te expongas al peligro, evalúa que puede pasar algo y tú estás lejos”, narró.

El diseñador mencionó que el sismo fue un evento que movió la estabilidad que sentía al vivir en la ciudad y que por ello, pensando y analizando todo lo que había pasado antes y después del temblor, decidió irse. “Pensé: éste fue un aviso”, aseguró Óscar.

Foto: Big_Data/José_Luis_villa

Paulina es otro caso. Originaria de San Luis Potosí, le tocó vivir el sismo en la colonia Del Valle y aseguró que desde ese día no está tranquila.

“Tengo temor de que vuelva a temblar así; cada que suena la alerta me pongo muy nerviosa”, reconoció.

Y no es para menos, su departamento se encuentra rodeado de edificios con daños severos y muy cerca se colapsaron unos departamentos.

“Creo que para los capitalinos es algo, de cierta forma, normal, pero a mí me da miedo, ya no duermo tranquila”, confesó.

Es por ello que Paulina ya está preparando todo para regresar a San Luis Potosí, aunque eso implique dejar su trabajo y proyectos que había iniciado.

Vivir con miedo no es vivir

Las consecuencias psicológicas que un evento como el del 19S deja en las personas dependen de varios factores, explicó Irene Aguado Herrera, catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Entre las vertientes a considerar están: las características subjetivas de cada persona, la experiencia que se haya tenido con este tipo de fenómenos, el grado de afectación que haya sufrido, así como el apoyo social y psicológico que haya recibido en el momento.

“Las alteraciones que pueden manifestarse van desde ansiedad y sobresalto en el momento del episodio, desarrollar una ansiedad crónica que le impida realizar sus actividades cotidianas, formas de pensamiento y comportamientos obsesivos, alteraciones en el sueño o trastornos psicosomáticos”, añadió.

La recuperación depende de la magnitud de la afectación, ya que, aunque no se haya padecido de manera directa, si las afectaciones están presentes durante largo tiempo, como por ejemplo: edificios dañados, servicios afectados o alusión continua en los medios de comunicación, se mantiene presente la vivencia de vulnerabilidad.

“El miedo a los sismos es incapacitante cuando sus efectos paralizan a las personas y les  impiden llevar a cabo una vida funcional y disfrutable en las diversas áreas”, señaló Aguado.

Cuando una persona ha llegado a este estado mental, la especialista recomienda  buscar terapia para superar el miedo.

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