Gerardo eligió la calle como su hogar hace 10 años y asegura: “llevo una vida digna”

6 diciembre 2017 11:30 pm

Gerardo Rodríguez lleva casi 10 años viviendo en las calles, estuvo 45 trabajando en empresas ferrocarrileras en Azcapotzalco y tiene dos habitando un espacio afuera de un iglesia localizada entre Belisario Domínguez y el Eje Central Lázaro Cárdenas.

Asegura que vive en esa situación por voluntad propia y lleva una vida digna: le ayuda a los comerciantes de los mercados; se baña a diario y lava su ropa en una fuente; y tiene como meta laborar un año más en la empresa de ferrocarriles para poderse pensionar.

“Hace cuatro años que no tomo, me gustaba mucho tomar”, aceptó, pero ya está bien; ocasionalmente fuma marihuana por que le ayuda a “tranquilizarse”.

También relató para El Big Data que desde hace 20 años no sabe nada de sus hijos; “tomaron por su lado”, sólo visita los domingos a su hermana que vive por la colonia Ignacio Zaragoza, delegación Venustiano Carranza. 

Él decidió irse a vivir a esa zona cerca de la Plaza de Garibaldi por el ambiente; “me gustan los mariachis, el ambiente” de chavo andaba mucho por allá, cuando los músicos cobraban cinco pesos por canción.

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Su rutina diaria es levantarse, lavarse, ir a ayudarle a los comerciantes a poner sus puestos, desayuna y regresa donde está su hogar, ahí se queda y platica con las personas que lo saludan o ya lo conocen.

“Ya ando más tranquilo, que ‘vamos a comprar un pomo’, no la verdad yo lo dejé desde el 31 de diciembre de 2013”, en referencia a lo que le dicen otros jóvenes y personas que viven en la misma situación que él cuando termina su rutina diaria.

“Abrí los ojos, cero alcohol, es lo que más me ha jodido”.

No quiere ir a albergues, anda viendo lo de su pensión y tiene que trabajar un año más para cobrar su derecho.

Por eso aborrece tanto la bebida porque le hizo perder su trabajo, “iba tres o cuatro veces a la semana, las quincenas no me llegaban completas”.

Pero esa no es la razón  por la que optó salirse de su casa; “siempre me gustó la libertad”.

Sin embargo, vivir como eligió tiene sus consecuencias y desventajas; algunas personas lo discriminan, otras le hablan, lo saludan porque saben que es alguien de bien.

Ahora le gusta la tranquilidad, pero antes sí era peleonero cuando se perdía por tomar, pero ya no.

No obstante, “llevársela tranquila” no lo salvó de sufrir agresiones por parte de quienes creen que vida vale menos.

“Una muchacha llegó y me dio dos patadas en la cara”, sólo pudo levantarse y ver a la joven que marcharse después de agredirlo.

En otra ocasión, un policía su pistola y lo amenazaron por fumar marihuana.

Estuvieron hablando, después, llegó otra patrulla y le dijo que lo dejaran en paz “porque no se mete con nadie”.

Con pesar acepta que a veces los funcionarios públicos como doctores lo ayudan y ven “como con lástima”. Cosa que no le gusta.

Al preguntarle sobre si extraña a su familia, refirió:

“A mis sobrinos, como los cargué a los cabrones, sí”.

Se le corta un poco la voz y cambia de tema.

Al final, Gerardo Rodríguez es una buena persona que aconseja a otros jóvenes que viven en la calle no caer en el alcohol.

Esta Navidad y Año Nuevo con sus amigos organizarán alguna cena, humilde y sin brindis para él, pero festejaran.

Entre otras cosas, Gerardo ve con esperanza el porvenir porque quiere trabajar y conseguir un departamento para vivir dignamente como lo viene haciendo.

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