[GALERÍA] La riqueza entre los escombros de los edificios derrumbados

Foto- José Luis Villa Reyes

La Alberca Olímpica sirve de depósito del cascajo, ahí trabajadores de limpia remueven los escombros encontrando objetos que le son valiosos.

Bajo el rayo del sol y con una sonrisa en el rostro, los trabajadores de limpia en la Benito Juárez coinciden en que los edificios colapsados trajeron una riqueza.

Un reloj, alguna alhaja, son los sueños de cada afanador. Todo está ahí, en el estacionamiento de la Alberca Olímpica, que es usado como almacén temporal de cascajo de los edificios que colapsaron la semana pasada en la delegación.

«Nadie sabe para quién trabaja, yo me encontré unos Ray- Ban en un estuche, nuevecitos, se los regalé ayer a mi hijo, a ver ahorita qué sale», relató a El Big Data Mx con gran entusiasmo un integrante del personal de limpia.

Es bien cierto, la basura de ciertas personas son el tesoro de otras, basta con observar por un momento a estos trabajadores,  quienes remueven la tierra y las piedras en búsqueda de cualquier objeto que se pueda vender o conservar.

A mano limpia, con una barra metálica y hasta con la «mano de chango» del traxcavo, los empleados inspeccionan cada centímetro de los escombros, ellos no necesitan ayuda como los brigadistas que luchan contra los escombros por rescatar a alguien, por el contrario, entre menos gente, mejor.

A su paso dejan lo que consideran basura, libros rotos por la mitad, juguetes aplastados, incluso ropa que se encontraba en buen estado ahora es un vil trapo.

A nadie le importan las fotografías de los viajes a Europa, mucho menos los sobres con las cuentas por pagar de otras personas, ya tienen suficiente con las suyas, de lo contrario no buscarían entre los escombros.

Ninguno de ellos llama la atención, hacen como si no pasara nada, como si no estuvieran ahí, únicamente cuando ven las cámaras de los reporteros se quitan de golpe y  detenidamente  buscan una sombra  donde esperan su regreso a los montones de cascajo.

A momentos comen, compran un pollo rostizado acompañado con queso y un vaso de refresco para tomar ánimos y regresar al campo de batalla.

Todo sirve, incluso las varillas que pronto serán vendidas como fierro viejo, éstas son liberadas del concreto de las trabes con la ayuda de un mazo, no es tarea fácil.

Luego del golpeteo que parece incesante, los trabajadores toman una siesta debajo de los arbustos, antes colocan todos los fierros en un montón.

Aunque la Alberca Olímpica no presta servicio, pues falta un dictamen que avale su correcto funcionamiento, hay algunos espacios abiertos al público como las canchas de fútbol.

Los afanadores pasan desapercibidos, ni los jugadores en las canchas tienen un minuto para ser testigos de esta apropiación, y  así seguirán hasta que el traxcavo vuelva a subir el cascajo a un camión de volteo rumbo al Bordo de Xochiaca.

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